The First World’s bluest corner

The First World’s bluest corner

Translated by Achy Obejas, Aug. 26, 2010

I’m off getting married and honeymooning and all that so, in my absence, some good friends are filling in. Today’s look at the Havana Libre Hotel, the former Havana Hilton, modernism’s stake in the Cuban capital, comes from Orlando Luis Pardo Lazo, who resides on the island. The piece is dedicated to the 10th anniversary of his dad’s passing.

***

On the 13th of August, the first 10 years without my dad.

As a child, I lived on the outskirts of Havana, in a neighborhood called Lawton. I was the classic older parents’ only son, which meant that we hardly ever went downtown to the city. The 70s were going by in Cuba under the Communist Party’s First Congress (it was already clear that Fidel Castro would be an eternal entity) and, in spite of what history now tells us about that “decadent” and “institutionalizing” decade, the truth is that I lived in the domestic paradise of two workers who were as poor as they were in love: María del Carmen and Dionisio Manuel, the best parents in the world. I never thanked them for that dream childhood.

One day in 1978, they decided to take me to see the rest of reality. Wearing our Sunday best, we took various interminable buses and got off in the very heart of El Vedado. It’s the beginning, or the culmination, of “La Rampa”: 23rd Avenue and L Street (perhaps L for Luxury). And then it was my father who said it, while my mother held my shoulders, as over-protective then as she continues to be now at 74: “Look up, Landy…”

And, in fact, there it was. A huge mass of concrete. A needle tickling the sky’s proletarian belly. A geometric design (distorted because of my excitement) that, even when I was seven years old, was still the perfect metaphor for modernity: a new world, a new way, a future unknown to us in our little wooden houses in faraway Lawton. It was the building with the bluest aura on the planet, and whose only difference from the Hilton-franchised hotel from the 50s was the signage I read for myself on its snowy peak: Habana Libre.

We went in. The doors opened by themselves. A carpeted pasture (I had to ask what a carpet was called) caressed our orthopedic-style shoes. The lobby’s ceiling rose into a dome kilometers above our heads. The light was kind, and thus not even vaguely “national.” The voices of the Cubans there were also kind (no exaggerated hand gestures, no ghetto shouting). We breathed the tidy peace of that always necessary atmospheric phenomenon called air conditioning. The bathrooms were bigger than my house. My father bought a newspaper in English, also called Granma, and promised me to teach me that exotic First World argot.

In 1978, I was happy all of a sudden in a hotel inherited by socialist realism. From 1978 on, I became less happy, displaced in my own country as it chased an unreal capitalism that that first contact had left in my memory. Architecture is, first and foremost, ideology.

When my father, on that tedious Sunday on August 13, 2000, I wanted to leave him alone for a bit at that ugly funeral home in Luyanó (an old Popular Socialist Party headquarter) and visit our hotel one last time. I wanted to cremate him (although that was still impossible in Cuba then) and hurl his ashes down from the Habana Libre’s roof and over the empty sight of an imprisoned Havana. I wanted to leap over the city after my first 29 years of improbable life (Fidel Castro was then my mother’s age now). I was left without ever having said “I’m sorry” to Dionisio Manuel for many things but, beyond my indolence and my hurt, I had failed to give him a grateful embrace for the revelation of that blue on that Cuban corner at 23rd Avenue and L Street (perhaps L for Liberty).

______________________

Orlando Luis Pardo Lazo lives in Havana, Cuba. He’s editor of the irregular zine, The Revolution Evening Post, and the blog, Lunes de Post-Revolución (orlandoluispardolazo.blogspot.com). His books include Collage Karaoke (Letras Cubanas, 2001), Empezar de Cero (Extramuros, 2001), Ipatrías (Unicornio, 2005), Mi nombre es William Saroyan (Abril, 2006) and Boring Home (digitally domestic, 2009). He can be reached at orlandoluispardolazo@gmail.com.

OLPL en Actuall, Julio 2021

2021: inicio del siglo 21 cubano

Orlando Luis Pardo Lazo

El ’11 de júbilo’ el pueblo cubano se levantó para inaugurar el siglo XXI y emanciparse de una revolución retrógrada y una represión insufrible.

Por Tribuna Actuall – 27/07/2021

El pueblo de Cuba se ha rebelado en un ejercicio de emancipación colectiva
El pueblo de Cuba se ha rebelado en un ejercicio de emancipación colectiva

Desde la mañana del domingo 11 de julio, el pueblo cubano tomó masivamente las calles de la Isla. Por sorpresa. Nadie se lo esperaba. Ni siquiera los miles de manifestantes pacíficos que protagonizaron esa jornada histórica. Fue el Día 1 de nuestra emancipación.

Se trató de una protesta espontánea, no coordinada ni sufragada por nadie, dentro o fuera de Cuba. En pocas horas, medio centenar de municipios se habían sumado a esta iniciativa cívica rizomática, sin jerarquías, incluidas las ciudades más densamente habitadas como Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey, Santa Clara, y la capital, La Habana.

La mayoría de los manifestantes eran de las nuevas generaciones. Fueron estos sectores progresistas los que dijeron NO al régimen dictatorial más antiguo de las Américas. Curiosamente, estos trabajadores y estudiantes son los más cansados tras 62 años de comunismo al estilo de Fidel y Raúl Castro, a pesar de ser ellos quienes menos tiempo han tenido que sufrirlo. Son la generación de los años cero, los nacidos alrededor del año 2000, acaso los millennials Made in Marx.

Estos cubanos del futuro gritaron en las calles “libertad”, “no tenemos miedo”, “cambio”, “no más comunismo”, y pidieron la renuncia del presidente Miguel Díaz-Canel, el llamado “el puesto-a-dedo”. Díaz-Canel se supone sea un sucesor no militar al militarismo castrista. Pero es sólo la máscara civil del ejército y la inteligencia cubanos. Él mismo se hace llamar “continuidad” de los Castros. Al igual que Nicolás Maduro con el espectro de Hugo Chávez en la Venezuela totalitaria, Díaz-Canel ha dicho que él gobierna siguiendo los dictados de Fidel Castro, aunque el comandante en jefe esté muerto hace ya un quinquenio.

Para colmo, Díaz-Canel fue designado para su máximo cargo varios años antes de ser electo en unas elecciones sin ningún candidato opositor. En efecto, así lo confesó el general Raúl Castro el 19 de abril de 2018, ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, nuestro órgano legislativo integrado sólo por comunistas, pues el resto de los partidos políticos están prohibidos en Cuba, según la actual constitución. Raúl Castro, supuestamente hoy ya retirado, reconoció en aquel entonces que, desde el año 2013, “un grupo de compañeros del Buró Político teníamos la absoluta certeza de que habíamos dado en el clavo” con la designación a dedo de Díaz-Canel, porque él sería “la solución que hoy se está materializando”.

Así lo señala Raúl Castro:

“Su ascenso a la máxima responsabilidad estatal y gubernamental de la nación no ha sido fruto del azar ni de apresuramientos.” Al contrario, “se aseguró, con intencionalidad y previsión, el tránsito por diferentes responsabilidades partidistas y gubernamentales, de manera que [Díaz-Canel] adquiriera un nivel de preparación integral que, unido a sus cualidades personales, le permitirán asumir con éxito la jefatura de nuestro Estado y Gobierno, y más adelante la máxima responsabilidad en el Partido”.

Es decir, un putsch. La opinión y voluntad del pueblo cubano nunca importan para nuestros gobernantes. Díaz-Canel fue, es, y será el elegido autocráticamente del establishment cubano.

Ninguno de los miles de protestantes fue pagado por ningún gobierno, ONG internacional, ni entidad privada alguna. Sólo una minoría de ellos, de hecho, eran miembros de la oposición más o menos organizada, a pesar del estatus ilegal en Cuba de todo disenso al oficialismo. Estas jornadas no fueron la obra de ningún líder cívico, sino la eclosión de una ciudadanía que por fin ha dejado de estar infantilizada para ganar su mayoría de edad. Quien salió a las calles fue Fuenteovejuna: una nación aburrida de ese fantasma que aún recorre nuestra utopía tupida, el fantasma fósil de Fidel y la “continuidad” criminal de un castrismo sin Castros.

Por lo tanto, estas jornadas populares rebasaron tanto al régimen como a sus críticos. En Cuba ha ocurrido, ni más ni menos, una revolución en cámara rápida y, por desgracia, con una fecha de expiración instantánea. Porque fueron reprimidas al estilo de las peores dictaduras de extrema derecha en Latinoamérica. Pinochet sonrió en su tumba, triunfante ante la posteridad. Somoza aplaudió hasta el delirio, casi inocente. Y Trujillo acaso incluso resucitó, para dirigir en Cuba los comandos antimotines de última tecnología y las tropas de élite llamadas las Avispas Negras.

Golpizas

Con los puños, con palos, o con manoplas de acero. Personas arrastradas sobre el asfalto, sangrando como en los reportajes del extranjero con que la prensa comunista nos bombardeó durante más de medio siglo. Gente apilada como bestias sobre camiones de policía. Disparos a mansalva contra la población indefensa, para dispersarlos de puro pánico. Un ejército uniformado y otro ejército camuflado con ropas de civil, para disimular la represión estatal ordenada al máximo nivel. El objetivo fue sembrar el horror en los cuerpos, antes de que en las mentes calara la esperanza de una sociedad cubana más abierta para todos los cubanos, no exclusivamente para los militantes comunistas.

Si alguno de los cientos de detenidos por la Seguridad del Estado, aparece ahora auto-incriminándose en los medios de prensa, es porque está siendo chantajeado por sus verdugos. O, simplemente, porque trabaja de manera encubierta precisamente para la Seguridad del Estado, un órgano entrenado por la KGB rusa, el cual durante décadas ha infiltrado a todas las instituciones de la Isla, desde las disidentes hasta las religiosas.

Díaz-Canel dijo en la televisión nacional que la crisis era una “guerra en las calles” e invitó al pueblo a “luchar usando cualquier medio” en contra del pueblo. Ofensas, golpizas, vejaciones, delaciones. Vecinos contra vecinos. Militares de alto rango, como el coronel Víctor Álvarez Valles, director de investigaciones del Ministerio del Interior, autorizó a que cualquier “revolucionario” arrestase a cualquier “contrarrevolucionario” en la calle o en su casa, para entregarlo a las autoridades y condenarlo de manera sumaria. Ya han tenido lugar muchos de esos juicios ejemplarizantes, sin las mínimas garantías judiciales.

En la práctica, este horror, que por primera vez está filmado en video, quedará para la historia como el pogromo de un Estado contrarrevolucionario que quiere aniquilar al relevo revolucionario de nuestro país. Cuba no es comunista. Ni los mismos comunistas cubanos son ya comunistas cubanos. Marx es poco menos que un marciano en la Isla, al cual no lo leen ni los propios marxistas. Y, cuando lo leen, no lo entienden porque está desactualizado. Por lo demás, Cuba es el único país del hemisferio occidental que aspira a parecerse, orgullosamente, a nuestra idea de lo que son o debieran ser los Estados Unidos.

En el siglo XXI, nos urge en Cuba una renovación radical y pacífica de nuestro obsoleto sistema socialista. Pero el Partido Comunista intenta irresponsablemente que su salida del poder sea tal y como ocupó ese poder, en la prehistoria del siglo XX: a sangre y fuego, la violencia como la medida de todas las Cubas.

Nadie, en esta Primavera de Cuba, coreó una consigna a favor o en contra del embargo económico de Washington contra el régimen de La Habana. Poner el tema del embargo sobre el tapete ahora, es hacer invisible el clamor de libertad del pueblo cubano, además de ser una burla a las víctimas de la represión. Por más que le duela a los cubanólogos extranjeros, el imperialismo yanqui no es la causa efficiens de todo cuanto ocurre en la mayor de las Antillas. Para esos intelectuales, inocentes o ideologizados, es como si Cuba tuviera que sobrevivir a perpetuidad como un paraíso parásito de los Estados Unidos. Es una visión vil y vejatoria para nuestra dignidad humana. Es, por supuesto, discriminatoria, al suponer que los cubanos queremos fast-food y Coca-Cola antes que derechos. Los cubanos no somos menos que cualquier nación democrática del Primer Mundo: nuestro objetivo, desde la Colonia, siempre ha sido habitar una vida en la verdad.

Valga recordar que desde el 2001, ese “embargo” que los comunistas acusan de “bloqueo genocida”, ha permitido que Cuba importe desde Estados Unidos más de 6 mil millones de dólares en productos agrícolas, alimentos y medicinas, según el U.S.-Cuba Trade and Economic Council de Nueva York. La única condición es que La Habana pague por adelantado y no con crédito financiero. Entre otras razones, porque Cuba se caracteriza por nunca pagar sus deudas. Ni siquiera a la antigua Unión Soviética le pagaban.

Para colmo, en pleno pico de la pandemia de Covid-19, el gobierno cubano se niega perversamente a vacunar a nuestra población. En más de una ocasión, Cuba ha rechazado las vacunas internacionales que se le han ofrecido gratis, como donaciones de ONGs o incluso de gobiernos, incluida la administración de Joe Biden. En consecuencia, las cifras de contagios son espantosas. Y se multiplican los testimonios tétricos desde los hospitales de un sistema de salud pública en ruinas. Al respecto, otra vez son los ciudadanos quienes se filman a sí mismos y comparten su voz en las redes sociales, sin necesidad de ningún corresponsal de la prensa extranjera o antigubernamental. Si en 1961, con la Campaña de Alfabetización, la Revolución supuestamente nos enseñó a leer y escribir, ahora, en 2021, los cubanos por fin descubrimos que el decálogo de la palabra d-e-m-o-c-r-a-c-i-a no es demoníaco, sino delicioso. Y la represión de una r-e-v-o-l-u-c-i-ó-n retrógrada no nos va a hacer olvidar la magnetizante música de la libertad.

Este periodismo ciudadano masivo, que deja en ridículo cualquier esfuerzo individual anterior, es posible gracias a que, a partir del 2019, en Cuba los ciudadanos pueden contratar un servicio de internet con el monopolio estatal de las telecomunicaciones. Antes de esa fecha, los cubanos sufríamos un apartheid informático. En las protestas, junto a la canción de “Patria y Vida”, que le replica al slogan oficial de “Patria o Muerte”, se oye a los manifestantes felices de que sus transmisiones en directo alcancen un número récord de viewsshares, y likes. En este sentido, el 11 de julio ocurrió en Cuba una selfie-insubordinación. Nuestra ciudadanía virtual, en la Isla y en la Diáspora, este “11 de júbilo” curó sus heridas antiguas y se hizo una sola nación. Por eso el régimen enseguida cortó el servicio nacional de internet, al menos durante tres días.

Durante ese apagón digital, peor que los constantes cortes de electricidad en la Cuba contemporánea, los militares hirieron, encarcelaron, mataron. Sólo ahora comenzamos a ver lo que algunos alcanzaron a filmar de manera clandestina. Una vez más, el mundo libre está a punto de descubrir el impagable precio de la utopía totalitaria. El comunismo no sobrevive a la alegría de la comunión. Por eso son sociedades condenadas a la atrocidad.

Si amas a Cuba y a los cubanos, por favor, no nos abandones en esta hora definitiva. El imperialismo y el embargo, y todas esas reliquias de la Guerra Fría, no tienen nada que decir o decidir ahora, cuando recién está renaciendo en nuestra Isla una ilusión irreversible: ser contemporáneos, inaugurar un siglo XXI de libertades con un tercio de siglo de retraso.

Orlando Luis Pardo Lazo, Escritor y fotógrafo cubano. PhD en Literatura Comparada en Washington University de Saint Louis

The New York Times, April 2013

Blogging a Bridge From Havana

By David Gonzalez. Apr. 3, 2013.

Havana is a city of flags, says Orlando Luis Pardo Lazo, a Cuban blogger whose photographs show them dangling from telephone wires, draped over headstones and reflected in windows and puddles. The tricolor standard is everywhere.

So, too, is Cuban state security.

They hauled him in one day in 2009 for questioning over a flag photo he never even published. Somehow, he said, they got their hands on a composition of his in which a nude appeared in the same frame as the remnants of a flag. They put him on warning, he said, saying he was at grave risk of committing a crime.

“They said I could get as much as four years for desecrating a national symbol,” he recalled. “I was being incriminated for a photograph that I hadn’t even circulated. I thought what I did in my own house was mine, but he was telling me it was defamatory. He said ‘If they found out in Miami, they’ll stone you. They’re counterrevolutionaries, but they love the flag.’ It was strange.”

He can relate to strange: he is a writer who relishes wordplay and a photographer who captures everyday abstractions and details along Havana’s streets. He is among the island’s small group of independent bloggers who have used the Internet to express themselves and confound both authorities and outsiders.

“He is giving us the poetics of the city that is not touristy, nostalgic or exotic,” said Ana M. Dopico, a professor at New York University who recently participated in a New York conference with Mr. Pardo Lazo and Yoani Sanchez, the island’s best-known blogger. “He is giving people a way to read the politics of daily occurrences, like he does in a picture of a man being arrested on the Malecón. He juxtaposes the eternal beauty of the city and the real political urgencies of the moment.”

Mr. Pardo Lazo’s route to photography — and the dissident blogosphere — was circuitous. Originally trained as a molecular biochemist, he worked in pharmaceutical research for five years before he “got bored” and decided to pursue writing. He had published four well-received books of short stories and started contributing columns to a friend’s blog.

“I had total independence,” he said. “That’s when the problems started.”

One piece — “La Muerte del Caballo,” or “The Horse’s Death” — started it, he said. It was his rumination on the sight of a dead horse that had fallen near a banner of Fidel Castro. But there is also a double meaning, since “Caballo” is also a popular reference to Castro.

After that, “Boring Home,” a fifth book that he was set to publish, never did. Friends of his relayed “Sicilian messages” — word from officials — that he would never publish again. Instead, he took to blogging, which led to him to posting photos online, too. He had long been shooting with an old Russian film camera and for a while worked as a photographer for movies and television. By 2009, he had set up two of his own blogs.

Cubans on the island have limited Internet access, but that’s not the case overseas. On his photo blog, “Boring Home Utopics,” Mr. Pardo Lazo has fielded “commissions” from Cubans living overseas who were aching to see old neighborhoods, parks and in one couple’s case, a church where they had been married before going into exile. Mr. Pardo Lazo said he did more than 40 of these assignments, each time trying to conjure the emotions that had been felt there decades earlier.

“I tried to feel in myself their feelings and what they had once seen there,” he said. “Here was a chance to capture that. But those letters broke my heart.”

“Here are the stones thrown at me when they left,” the old man said.

Mr. Pardo Lazo now sees his blog as a bridge, one built image by image, step by step. His images are often abstract, and there are only a few with people. In some cases, the vastness of the sea overwhelms the crowds that line the streets or plazas. Some have a sly humor, others an abstract beauty. Birds flit freely through the skies, while rafters bounce on a horizonless sea. He hopes the pictures start a conversation, especially when a reader sees something that he missed.

“I have my own interpretation but I don’t write it,” he said. “It can be read in different ways. Little by little, you create a new reader who understands the codes of silence, of nostalgia for Cuba. I’d like to get away from the black-and-white pictures of Cuba. I’m interested in art, not pamphleteering.”

Still, he and other independent bloggers have not escaped the scorn of Raul Castro’s government and its supporters. When he organized the country’s first independent photo festival, a pro-government blog accused him of wanting to present an image of the country that would make it ripe for a foreign intervention. The same blog ridiculed his and Ms. Sanchez’s participation in recent academic conferences in the United States, saying they had no academic credentials.

While the current generation of bloggers has mostly escaped the fate that befell independent journalists who were tried and given long sentences in 2003 (but since pardoned), their work brings routine harassment with short-term detentions. Mr. Pardo Lazo said that before Pope Benedict XVI’s visit in March 2012, his cellphone was cut off and he was brought in to a police station for several days.

“Raul has found ways to repress and harass these people without leaving an illegal mark or any legal trace,” said Ted Henken, a Baruch College professor who has written about the Cuban blogosphere. “His policy is a constant wave of arrests and detentions often without any charges to prevent people from attending events or to terrorize people and have them re-evaluate the costs of being involved in this.”

Mr. Pardo Lazo resists any easy categorization. Rangy and longhaired, wrapped in an overcoat with a flowing scarf, he looks more like a hippie than a dissident. Like with his pictures, read into him what you will.

“Those pictures are like a probe,” he said. “You put it out there and the exiles know what it is, even if they don’t know what I’m saying. The politicians think it’s more of the same about dissidence and that the city is falling apart. Fine. But I’m beyond that. Maybe it’s just about the light and the shadow.”


Follow @dgbxny and @nytimesphoto on Twitter. Lens is also on Facebook.