El Kentubano, 2021

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‘Plantados’: una película para el futuro

BY LDFUENTES · APRIL 13, 2021

OLPL

Por Orlando Luis Pardo Lazo, diariodecuba.com

(El Kentubano, edición 140, Abril 2021)

Ni una palabra sobre su argumento. Eso es lo menos importante ahora. Búsquenla, véanla, distribúyanla. En definitiva, una película, para llegar a ser película y no otra mercancía en el mercado, nunca se trata de contar esto o aquello, y mucho menos de entretener a su audiencia, sino de mostrar algo intrínsecamente humano que permanecía invisible antes de la película. De ahí la magia inextinguible del séptimo o septuagésimo arte.

Las casi dos horas del filme Plantados, dirigido por Lilo Vilaplana, y con guion de Ángel Santiesteban, Juan Manuel Cao y el propio Lilo Vilaplana, vuelan con edición de expreso ante el azoro de nuestra mirada ignorante. Porque, en tanto cubanos, cargamos con esa culpa: no hemos sabido nada de nada respecto al castrismo. Sin querer, hemos invisibilizado a sus víctimas. Léase, nos hemos hecho invisibles a nosotros mismos.

La mayoría de los cubanos, nacidos y crecidos en el Primer Territorio Libre de América, en la cuna de la utopía latinoamericana y tercermundista, hemos criticado más o menos tardíamente a la dictadura castrista, pero la desconocemos en su esencia maléfica. Sabemos de un muerto por aquí o por allá. Leímos algún testimonio por allá o por aquí. Pero incluso aquellos que, como yo, fuimos violentados en Cuba por ejercer el periodismo independiente, no podemos concebir del todo el cubanicidio del Estado totalitario en contra del pueblo y la nación cubanas. Apenas si lo intuimos por escrito, mientras que nuestro prójimo debió experimentarlo en cuerpo y cadáver propio.

Por supuesto, la revolución cubana fue un crimen cometido a la cara del mundo. Pero, como corresponde cuando de izquierdas y socialismos se trata, el mundo estaba demasiado ocupado en criticar al imperialismo yanqui. Muchas veces, desde dentro del imperialismo yanqui, desde sus mansiones y prensa y universidades. Y también desde el corazón del Congreso del Tío Sam. Con Cuba no te metas. La mala será siempre la democracia representativa. La buena era la democracia popular, tan directa como una bala en el directo apuntando a tu sien.

Más de una generación de cubanos, como la mía, que fuimos niños felices en pleno fascismo de la fidelidad en la Isla, todavía no nos damos cuenta de nada. Lo sabemos todo, pero estamos como en negación. Acusamos al régimen revolucionario, sí, pero como si fueran unos ancianitos malvados, que se merecen unos buenos memes en internet, no como lo que han sido, son y serán los Castros y sus cómplices: los enterradores de una sociedad desarrollada que ya jamás podremos recuperar. La caída de Cuba es incurable. La Revolución más verde que las palmas resultó desde el día uno una traición internacional de lesa cubanidad.

Cuba: "Callarme y no denunciar a la dictadura sería traicionar a mi país"

Lilo Vilaplana

A estas alturas de la historia, para una hipotética reconciliación entre cubanos, que no ocurrirá en Cuba sino en la diáspora, tendremos que contárselo todo a nuestros hijos y nietos. Con lujo luctuoso de detalles. Arrodillados de vergüenza, y gritando de ganas de hacer una guerra a muerte, que de todas formas ya se perdió hace décadas. Para ver si al menos así, bañados pero no dañados por nuestras lágrimas de desaparecidos, los cubanitos y las cubanitas del futuro no vivirán biografías tan fósiles como las nuestras. Como la mía. Para ver si por fin la sed solar de justicia, y no la venganza vil de una revancha, los hace a ellos y ellas mejores seres humanos. Es decir, los hace plantarse en el futuro de cara al pasado: plantados del porvenir, iluminados por la moral plantada del ayer. No por gusto la etimología de religión es esa, religar las almas que no alcanzaron a ser contemporáneas, hacerlas una, pero únicas, ante el Bien.

Plantados will be shown in Miami theaters starting March 26. | Miami Herald

De esto trata en secreto la película Plantados de Lilo Vilaplana, más allá de las anécdotas del martirologio, que son miles y mil veces conmovedoras en esta obra magna del exilio cubano. Plantados resucita de cara a la posteridad a los hombres y mujeres que, como un faro sin falla en contra de nuestro horror histórico, son el reservorio humanista del alma cubana que vendrá. La semilla de significado en un nuevo siglo que avanza a ciegas y sin sentido, dejándonos atrás junto a las estadísticas de lo atroz.

Ayer la vi. Plantados corriendo en mi estudio de alquiler. Un archivo de pago que el Festival de Cine de Miami me autorizó a ejecutar en mi antigua laptop mercenaria de La Habana, un modelo obsoleto de la tecnología, pero no de la nostalgia por una vida en la verdad y la esperanza.

Con Plantados, fui niño de nuevo ante la barbarie que estaba ocurriendo impunemente a escasos kilómetros de mi casa de los años 70, en Lawton. Y sé que nadie quedará al margen con esta ficción testimonial, que revela el precio de la justicia social en nuestro hemisferio: un precio impagable que implicó la erradicación del individuo y la entronización de la masa.

Los expertos de la izquierda intelectual del Primer Mundo dirán enseguida que es otro panfleto de traumatizados y resentidos. Y, una vez más, harán de nuestra tragedia terminal una tontería de privilegiados ingratos, si se compara con los tiros de la policía norteamericana en las calles de la confederación. Pero nosotros, los sobremurientes, los ignorantes iluminados por esta épica de plantes que reconocemos aun cuando nunca la conocimos en Cuba, temblaremos de pasión por los que gimieron sin quejarse en las cárceles del paraíso proletario. Titanes de una ética a prueba de tiranos y tiranías. Y entonces, al pie del cementerio rebosante de patria y vida, juraremos lavar con nuestra memoria el crimen.

No habrá olvido, no habrá olvido, no habrá olvido. Que nadie lo olvide.

CRONOLOGÍA DEL VÉRTIGO Y EL NAUFRAGIO

Cronología del vértigo y el naufragio

Orlando Luis Pardo Lazo

Entre cuarteles y cuarterías, entre tramas y traumas, entre bibliotecas y burdeles, entre demonios y demoliciones, entre arpas y arpías, entre traiciones y tiburones, desde su jergón lunático y desde su lúgubre jerga, trastabillando a ras de la locura con tal de arañar un poco de lucidez, cuerdo de remate, sin más coraje que todo el miedo del mundo, sin más herencia que la soledad suya y del resto, suicidándose a diario en el duro oficio de sobrevivir: a la vuelta de una década regresa ahora la palabra de Luis Marimón (La Habana, Cuba, 1951 – Las Vegas, EUA, 1995), poeta de todas las barbaries que en la historia han sido, incluidas las de esa entrañable y sangrienta ciudad llamada Matanzas (“ninguna ha tenido nombre más perverso”), donde él amó y odió y fue libre y preso y parió y mató y finalmente huyó para quedarse siempre, convertido en mito y meta de nosotros, sus lectores sobremurientes a lo largo y estrecho de ésta y de cualquier otra geografía.

“Cronología del vértigo y del naufragio” (Ediciones Unión, 2007) es el objeto libro portador del milagro. Cincuenta poemas de ocho libros, en su mayoría inéditos. Y aún así se trata, por supuesto, apenas de una mirada al sesgo, casi al azar, al azoro de un poeta que se privó de su siglo XX literárido local. No le interesaba gran cosa, aunque lo conocía al dedillo (su genialidad nunca fue la de un improvisado). Antes bien, le daban un poco de risa todos nuestros grandes ismos y grupos y manifiestos. Sospecho que Luis Marimón sabía de los años cero que después habitaríamos sin él, al borde mismo de una literatura posnacional. Sospecho que él no tenía prisa y por eso vivió a tope de velocidad. Sospecho que él sospechaba ser un inmortal y decidió darse el lujo de escribir desde y para la memoria de los muertos: el mejor signo vital de cualquier creador.

Al margen de todo canon o contracanon y ausente de honor de las antologías (f)iniseculares cubanas, esta lonja de los vértigos y naufragios de Luis Marimón se publica por fin ahora. Sea ésta, pues, su eufórica victoria. Y también su más auténtico y remoto exilio a pesar de él, que dejó escrito “no permitiré el exilio ni la lejanía” mientras la existencia se le iba destejiendo irónicamente al revés: el inxilio y la cercanía tampoco nunca nos lo permitieron a él.

Como antologadores o acaso médiums de Luis Marimón, su hija Yanira y yo devoramos los mil y un paquetes de papel cebolla donde el propio poeta tecleaba sus textos y, llegado el caso, los usaba después como materia prima para liar cigarrillos: el humo ingrávido como destino y desatino de su mejor escritura. Entre Yanira y yo resucitamos de texto en texto la bocanada deliciosa y amarga de su lectura: sus exorcismos rabiosos y sus excelsas cartas de amor junto a la boca diabólica de un manantial angélico de La Marina, su barrido barrio de Matanzas, Cuba y América.

Así, Yanira Marimón y yo tanteamos a ciegas los retazos de esta biografía cubana literalmente a matarse. Más allá de taxidermias y provincianismos arcaicos, la patria política de Luis Marimón rechina en cada esquina de su poética, que es una y es múltiple. La nota de contracubierta de Alfredo Zaldívar parece leerlo también así, entre el largo aliento y el fulgor breve, como bibliotecario del infierno o como bufón del rey: claro, oscuro, clásico, caballeresco, desenfadado, desfachatado, impecable, desaliñado, elitista, libresco, culterano, marginal, cotidiano, soez, mínimal, trascendentalista, lúdico, inmediato, atávico, entre otros rayos peculiares que distinguen a los poetas de estirpe.

No sé. Si escribir es autodestruirse, entonces Luis Marimón escribió: única manera de autoconstruirse, incluso con parches de nada y con jirones del caos, significados de una “perfecta y asombrosa tristeza”, “árida música que llega desde lo alto como una lluvia venenosa, finísima”, “sus leves osaturas grabadas como símbolos” aún por descifrar entre “las cornamentas del uro y las garras del tigre”. Poesía sustantiva a pesar de su propia sobreadjetivación. Barroco barrueco. Relatos y fábulas: personajes sacados de un realismo visceral, clínico más que lírico. Animalia y floresta, cientificismos del cuerpo en primer plano, con el foco apuntando dolorosamente al corazón: ese “pan caliente y rojo” de “un niño idiota que arranca cerezas doradas”.

No sé. Sospecho que desde hacía eones Cuba se merecía una furibundia en versos así: la entrañable y terrible y desastrosa y magnífica y benevolente y cruel y jamás correcta poesía de Luis Marimón. Que es nuestra poesía ahora: la de sus hijos Yanira y Javier Marimón. Y la mía. Y que es la de nadie y que, de no tomar precauciones, podría ser la tuya también. Luis Marimón contamina.

In These Times, Febrero 2021

Cuban Dissidents Log On

Orlando Luis Pardo Lazo

In a neighborhood of Old Havana, whose name I do not care to remember, a blogger lived for some time. After years of exclusion, defamation and violent, arbitrary arrests, he escaped from the Island of Utopia to the citadel of capitalism on March 5, 2013.

It was me, one of the founders of Cuban digital dissidence. A text-based (more than an action-based) movement, we were freelance journalists who hoped to democratize the ancien revolution, that living fossil from the Cold War.

I wrote in the December 2009 special In These Times issue, “Inside Cuba, Voices from the Island”: Though their work generates controversies and awards worldwide, Cuban bloggers are largely unknown here. With Internet access in Cuba restricted to the very few, the nation’s bloggers function as a kind of guerrilla underground. They work as independent agents whose existence heralds a civic re-activation that will modulate the Revolution’s Realpolitik—or is that Raúlpolitik?

In just the past two years, when least expected, that 2009 assessment has become obsolete: Cubans are now allowed to pay in hard currency for slow (and closely monitored) internet access. But that access was enough for younger generations to speak up, challenging the guardians of the old orthodoxy, aware that the world is now their witness in real time.

An action-based (more than a text-based) collective then began to organize in a neighborhood of Old Havana, the name of which I do want to recall: San Isidro. Despite the attacks of the official press (owned by the Communist Party) and the recent accusations that they are “mercenaries” of Donald Trump promoting a sort of “soft coup,” the group Movimiento San Isidro (MSI) has expanded its cultural influence to beyond just the eight members listed on its website to promote freedom of expression in Cuba, among other things.

Of course, these activists will not topple Castro’s military model. No American citizen, regardless of their personal views on U.S.-Cuba policy, should imagine that MSI intellectuals will do (with a couple of mobile phone recharges from abroad) what Pentagon hawks couldn’t (with billions of dollars).

But in 2020, in response to the Cuban government’s authoritarian approach to Covid-19, many Cubans joined MSI’s provocative campaigns. The campaigns were aimed at the heart of Cuba’s drama, which is not the affairs of its northern neighbor but the frustration with a fundamentally conservative single-party regime.

Susan Sontag once dismissed Communism as “Fascism with a human face.” In 2009, like a Don Quixote who dreamed the Plaza de la Revolución was his windmill, I wrote: The State has not yet passed specific laws against a phenomenon as new as blogging, although the habit of accusing critical voices of being “capitalism’s use­ful idiots” or “mercenaries of enemy propaganda” can serve as a brake on free expression. … There are also legal warnings issued for “peligrosidad predelictiva,” or “dangerous inclination toward criminality” that has been used to arrest and harass, but not yet convict.

Today, the Cuban regime’s laws are being manipulated to charge the members of MSI with crimes. On November 11, the rapper Denis Solís was summarily sentenced to eight months in a maximum-security prison for “contempt.” Solís first ran afoul of the state after publishing his 2018 protest song “Sociedad Condenada” (“Condemned Society”) online. This time Solís called a policeman who had entered his house without a warrant a “chicken in uniform,” an encounter he captured on his phone and posted on social media, for which he was incarcerated.

The government’s treatment of Solís helped spur hundreds of peaceful protesters to gather outside the Ministry of Culture in Havana on Nov. 27, 2020, all day long until midnight. The campaign, calling itself 27N, came together to demand respect for independent cultural spaces, as well as to stop all censorship and coercion against Cuban citizens. A delegation of demonstrators was reluctantly received by Vice Minister Fernando Rojas, and promises were made in exchange for clearing the crowd.

The next day, however, that verbal agreement was broken on national television by Rojas himself, who ridiculed MSI and threatened to prosecute its members. The leaders of the Cuban Revolution never respond to the pressure of public opinion. Instead, they demonize dialogue as a sign of weakness. Consequently, the harassment has intensified—including the illegal confinement of MSI members in their homes, who are now detained if they attempt to step outside.

I am proud knowing that what bloggers tried 10 years ago has been taken up by MSI. But I also fear that the new generations might be forced to “commit exile,” as I was. Small “d” democrats have a moral duty to engage. Otherwise, efforts like MSI and 27N―whose desires defy despotism and whose poetry challenges power―will collapse under the repression of the Western Hemisphere’s most undemocratic government.