Ni en dioses, reyes ni tribunos

Castrismo: ni en dioses, reyes ni tribunos

El legado del castrismo es precisamente constituir un callejón sin salida para unos protagonistas que se iniciaron matando a mediados del siglo pasado

Orlando Luis Pardo LazoORLANDO LUIS PARDO LAZO

VIERNES, 15 DE NOVIEMBRE, 2019

Castrismo: ni en dioses, reyes ni tribunos. (foto tomada de Internet)

MIAMI, Estados Unidos.- En marzo de 2016, en el Gran Teatro de La Habana, el presidente norteamericano democráticamente electo y reelecto Barack Obama se paró junto al dictador cubano, el general Raúl Castro, y lo tentó tres veces en público con las ventajas de la democracia:

―Usted no necesita temer a las voces diferentes del pueblo cubano, ni a su capacidad de hablar y de reunirse y de votar por sus líderes.

―Sí, yo creo que los votantes deben ser capaces de elegir a sus gobiernos en elecciones libres y democráticas.

―Y creo que los derechos humanos son universales.

En todos y cada uno de los casos, con aplausos monitoreados nerviosamente por los agentes secretos de la Seguridad del Estado.

Ahora, en noviembre de 2019, ya con Obama casi olvidado en el convulso escenario global, es el Rey de España Felipe VI el que viaja hasta Cuba para tentar dinásticamente a los revolucionarios profesionales que llevan 60 años de poder inconsulto. En este caso, con palabras casi plagiadas del ex premier norteamericano:

―Es necesaria la existencia de instituciones que representen a toda la realidad diversa y plural que existe de los ciudadanos.

―Y que estos puedan expresar por sí mismos sus preferencias y encontrar, en esas instituciones, el adecuado respeto a la integralidad de sus derechos incluyendo, entre ellos, la capacidad de expresar libremente sus ideas, la libertad de asociación o de reunión.

―Es en democracia como mejor se representan y se defienden los derechos humanos, la libertad y la dignidad de las personas, y los intereses de nuestros ciudadanos.

Aplausos, aplausos, aplausos. Apañados, apañados, apañados.

Completada la catarsis cubana para las cámaras, por supuesto, ninguno de esos dos jerarcas se creen su propio cuento de venir a engañar a los duchos gobernantes de la tiranía local, vendiéndoles desganadamente un modelo de democracia en el cual dichos duchos gobernantes (y muy probablemente sus cómplices familiares), bien saben que terminarán siendo juzgados y sentenciados en apenas un pestañazo, cuando no linchados en vendettas de élite mafiosa o por el propio pueblo desbocado.

No nos llamemos a engaño, porque de todas formas ya habitamos en el irreversible reino de la desilusión. La supuesta salida reconciliatoria, en un fenómeno de larga data despótica como la Revolución Cubana del castrismo, con violaciones violentas de sobra para integrar un tribunal eterno por crímenes de lesa humanidad, no es más que un espejismo que aterra por igual a sus víctimas y victimarios, sean ateos o entonen sus aleluyas, así en la Isla como en el Exilio. A partir de cierta masa crítica, la mierda amasada masivamente deviene miseria del alma: lo atroz justifica lo amoral.

El castrismo, compañeros y compañeras, en pleno siglo XXI ya no tiene afuera. Su legado límite es precisamente ése, constituir un callejón sin salida para unos protagonistas que se iniciaron matando a mediados del siglo pasado, y hoy no tienen otra alternativa existencial que no sea terminar muertos o matando. Y, alrededor del generalato genocida, un pueblo unido que jamás será vencido en nuestra impía incapacidad de pedirnos perdón entre nosotros mismos.

No se trata de un llamado al pesimismo patrio o a la parálisis cívica. Pero, como les solté en una ocasión a los funcionarios de la más histórica de las fundaciones cubano-americanas: prefiero la decepción antes que la demagogia.

Porque no hay nada más contraproducente para un compromiso con los cambios radicales que la certeza estéril, la convicción coja de todo convicto en que su día ya viene llegando, la espera sin esperanzas que durante décadas ha descoyuntado (de hecho, desaparecido) a la ciudadanía cubana.

El castrismo fue, también, eso: un exceso de confianza entre los verdugos de verde olivo y los descoloridos cubanos.

Silvio está muy viejo ya

Silvio está muy viejo ya

La nueva vileza de Silvio sólo garantiza su más pronto olvido como ser humano. Sus canciones hace rato que están en riesgo de irse

Orlando Luis Pardo LazoORLANDO LUIS PARDO LAZO

DOMINGO, 5 DE ABRIL, 2020

Silvio Rodríguez; cubano; Cuba; Venezuela
Silvio Rodríguez (Foto de archivo/AP)

ESTADOS UNIDOS.- No se puede llegar a los setenta años de edad y no tener un mínimo sentido del ridículo personal. A menos, claro, que tu nombre sea Silvio Rodríguez y encima hayas sido tú el autor de la canción “Ojalá”.

Silvio, sin apellidos, tal como quedará en el corazón de los que amamos su música descalabrada a guitarrazo limpio y con afinación a oreja tapada, está ahora demandando en España ―demandando judicialmente, con abogados carísimos y todo, en plena pandemia del coronavirus a nivel global― al joven cubano Yotuel Romero de la banda Orishas.

El crimen de Yotuel y los Orishas es haberle hecho un emocionante homenaje a la canción “Ojalá”, apropiándose de su estribillo ―con el debido crédito a Silvio Rodríguez y sin buscar ninguna ganancia material― en la canción “Ojalá pase”, el reciente tema que Yotuel y su pareja Beatriz Luengo interpretan para todos los cubanos en YouTube.

Si algo se repite en la historia de Cuba, antes y después de la tan tardía abolición de la esclavitud en octubre de 1886, es esto: a los blancos con dinero ―y para nadie es un secreto que Silvio Rodríguez es millonario, merecidamente, gracias a su obra monumental―, a esa blancocracia siempre pegada como una lapa al Estado supremacista, a esa, en fin, mayoralia machorra, lo único que la aterra en su sed de belleza y poder es la idea de un negro liberto con éxito fuera del barracón.

Por eso no habrá perdón de la patria para Yotuel Romero. Esto se le hubiera podido dejar pasar incluso a Willy Chirino, sin necesidad de un necio editorial en la prensa oficial castrista, o a lo sumo con una sonrisita salvífica de ángel para un final en el blog Segunda Cita del propio Silvio Rodríguez. Hasta ahí. Pero esto es imperdonable dada la piel de pronto apátrida del orisha Yotuel. Y, por sus declaraciones al respecto, uno se da cuenta enseguida que justo así lo siente Yotuel como un grillete en carne propia: una bofetada del apartheid llamado Revolución que hasta ayer lo acogía a él en su ghetto.

La nueva vileza de Silvio sólo garantiza su más pronto olvido como ser humano. Sus canciones hace rato que están en riesgo de irse quedando apócrifas aún en vida de su cantautor.

En este sentido, bien que se extraña a un metafórico Mark David Chapman cubano. Por su propio bien de cara a la posteridad, Silvio hubiera necesitado de un lector imbécil que le disparase cuatro proyectiles en una acera cualquiera del mundo libre, preferiblemente durante esos conciertos a estadio repleto en el Santiago de Chile de los ochenta, donde la masa foránea coreaba a capela “Ojalá” y él no los mandaba a callar groseramente, como hacía en Cuba a cada rato, porque los aplausos del patio violaban las leyes de la polirritmia.

A ras del primer cuarto del siglo XXI, es más que lastimoso ver al fantasma de un Silvio ya sin fantasma.

El mal mayor

El mal mayor

La respuesta a un artículo publicado en CubaNet sobre Rosa María PayáOrlando Luis Pardo LazoORLANDO LUIS PARDO LAZO

JUEVES, 13 DE JULIO, 2017

Rosa María Payá, líder de la iniciativa Cuba Decide (havanaleaks.com)

SAN LUIS, Misuri.- El escritor cubano Ángel Santiesteban, uno de los 100 Héroes Mundiales de la Información, elegidos por Reporteros Sin Fronteras y la Agencia Francesa de Prensa en 2015, aún cumple en Cuba una condena a cinco años (los últimos dos de manera extrapenal). Por este motivo, el régimen le impide salir de la Isla, y lo somete a múltiples violaciones de sus derechos en tanto ciudadano, incluida la censura en que ha caído sobre su obra, en medio de la apatía del campo literario cubano, que hoy tendría que tildarse de infame antes que intelectual.

En su más reciente colaboración para CubaNet, titulada: “¿La dictadura la estará presentando como una posible candidata?”, Ángel Santiesteban se pregunta en público, con todo su derecho y también con toda intención, si Rosa María Payá no será la candidata del castrismo para perpetuarse, si la hija del mártir Oswaldo Payá no será la carnada con que la dictadura engaña al mundo, implementando el cambio fraude de una falsa transición. Un cambio fraude y una falsa transición que, por cierto, Oswaldo Payá denunció de manera tal que eso le costó la vida el 22 de julio de 2012, cuando la Seguridad del Estado cubana lo ultimó en un doble atentado en Cuba junto a Harold Cepero, si bien para Santiesteban se trata todavía de “misteriosos acontecimientos que llevaron a su padre hasta la muerte”.

La duda, asumo que cartesiana antes que castrista, acosa a Ángel Santiesteban porque “en una de las últimas emisiones del noticiero nacional de televisión, y en su emisión de la noche, el régimen dedicó un ataque a una mujer totalmente desconocida para los cubanos de a pie, es decir para casi todos”, “presentada como una enemiga de la revolución, una mujer que pasaba su vida viajando, de un lado a otro, y con el dinero que le pagan los enemigos de la revolución cubana y de su pueblo”.

Dado que el régimen cubano ha roto su “tradicional secretismo” para montar un “orquestado alboroto” de “publicidad gratuita hacia la destacada disidente”, Santiesteban concluye que “creo ver un poco más allá de ese descrédito que le dedicaron a la luchadora política,” pues “resulta pecado subestimar a la dictadura”.

Según Santiesteban, “ellos, quienes tanto se cuidan, ¿estaban otorgando a la población cubana otra alternativa política? ¿Nos mostraban otra opción?” Es decir, “el cansancio y el miedo del dictador y de su familia”, a estas alturas de la historia, “han comenzado a jugar, a manipular en el ámbito político” y “de alguna manera demuestran, al menos a mí, que son dinosaurios en el siglo XXI en fase de enmascaramiento”. Y esa máscara para encubrir al neocastrismo, esa elección alevosa “de entre toda la oposición”, ese “mal menor” que es “sin dudas la mejor opción” y “el menos nocivo de los caminos, al menos para ellos”, para Santiesteban lleva el nombre de Rosa María Payá.

Dado que Rosa María Payá tiene “formación católica, es decir, pacífica”, los dictadores de Cuba “suponen que podrán manipularla”, tal como están “usando a la iglesia, y al diabólico Jaime Ortega, quien siempre estuvo, está, y estará, a favor de los Castro”. El cardenal Jaime Ortega, pues, sería para Santiesteban una especie de Juan Bautista, mientras que Rosa María Payá llegaría por fin a su Totalitarismo Prometido, investida por Santiesteban como la profeta perversa de una Castrocracia a perpetuidad.

La herramienta cívica de la iniciativa ciudadana Cuba Decide, la cual lidera Rosa María Payá (un plebiscito para que por primera vez desde 1959 sean los cubanos los que decidan entre la dictadura y la democracia), es para Ángel Santiesteban paradójicamente la herramienta con que el castrismo se salvará, dado “el crédito que otorgaría al régimen un plebiscito”, “el respiro que les daría en estos momentos de agonía”, pues “un plebiscito puede ser el último pataleo para conseguir la permanencia en el poder, aunque sea negociando”. Los Castros “luego manipularían al pueblo, ejercerían fraude en las urnas, y se quedarían con el poder, dejando a un lado a la hija de Payá”.

Así, Santiesteban parece muy convencido y muy convincente de que el pueblo cubano, puesto a elegir en libertad y bajo supervisión internacional, elegirá su propia esclavitud bajo los Castros de segunda y tercera generación. El cardenal Jaime Ortega es un Juan Bautista desechable y Rosa María Payá es su Cristo de ocasión, eso ya lo sabemos en este evangelio según Ángel Santiesteban. Mientras que el pueblo cubano caería entonces en la tentación de traicionarse a sí mismo: según Santiesteban, no tendríamos más opción que jugar a ser Judas.

Bueno, sí. Nos quedan algunas otras opciones en el propio artículo de Santiesteban en CubaNet, pero de esas el castrismo no se atreve a hablar en el noticiero nacional de televisión. Por ejemplo: José Daniel Ferrer, líder de Unión Nacional Patriótica de Cuba; Berta Soler y su esposo Ángel Moya, líderes de las Damas de Blanco; Antonio Rodiles y su esposa Ailer González, líderes del Foro por los Derechos y Libertades; entre “otros líderes” como “Guillermo Fariñas, Jorge Luis Antúnez, Cuesta Morúa, y, por supuesto, Yoani Sánchez”.

En cualquier caso, esta Lista de Santiesteban incluiría a gente que sí son “de la línea dura y no quieren dialogar con los Castro”. Guerreros y no dialogueros, demócratas de acción y no de activismo, los que “exigen su retiro” (a Raúl Castro) y “elecciones libres” de manera inmediata, casi que por un milagro.

Santiesteban parece sugerir, pues, que Rosa María Payá hace campaña electoral para la reelección de Raúl Castro y que ella está en contra de toda votación pluripartidista en Cuba. Santiesteban parece asumir, pues, que Rosa María Payá es miembro de un movimiento confesional cristiano en lugar de uno laico y civil, emancipador de la cultura del miedo y de la simulación, para que alguna vez los cubanos por fin vivamos en la verdad. Santiesteban parece ignorar, pues, que Rosa María Payá ha recibido varias amenazas de muerte contra su persona y su familia, tanto dentro y fuera de Cuba, y que el castrismo hoy está en condiciones perfectas de impunidad para hacerlas cumplir (una vez más).

Santiesteban se hace el santo y es su derecho. Nuestro héroe mundial de la información sabe muy bien lo que hace. O lo que le han hecho hacer, en esa Cuba corroída de castrismo por los cuatro costados. Pobre Ángel, viejo amigo entre la amargura y el amarillismo, fungiendo de fiscal contra las nuevas generaciones de cubanos y cubanas. Lo siento un poco como un ángel caído en desgracia, en medio de la maldad que nos ciega a todos los cubanos en cualquier parte, al punto de convertir a las víctimas en verdugos al por mayor. Y Ángel Santiesteban, como yo, lo ha sido muchas veces a lo largo de su brillante carrera como escritor: víctima y verdugo. Y eso merece, sin ironías de ningún tipo, toda nuestra inmediata autocompasión.

Pero, por favor, de ahí a esterilizar las esperanzas de libertad en una Cuba sin Castros, va un buen trecho. Y la iniciativa Cuba Decide de Rosa María Payá, que tanta repercusión y preocupación le está trayendo día a día a la dictadura castrista, también merece una buena cuota de amabilidad y, ¿por qué no?, de amor. El mal mayor, amigo Ángel Santiesteban, sería redundantemente ése: dejar nuestra esperanza en las manos enemigas de un mal mayor.