Contra el castrismo habría que hacer causa común

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Contra el castrismo habría que hacer causa común

El lenguaje soez languidece ante las obscenidades del socialismo insular

Frank CalzónOrlando Luis Pardo Lazo | 09/04/2021

Los tiempos han cambiado y, lo que parecía imposible hace unos años, de pronto acontece en Cuba delante de nuestros ojos. El Hombre Nuevo y la Mujer Nueva de la Cuba actual ya no quieren ser como el Che Guevara. Se niegan a gritar “Comandante en Jefe, ¡ordene!” Y, en lugar de la consigna castrista de “Patria o Muerte”, han retado al régimen con el verso más bello de “Patria y Vida”, conmoviendo a miles de miles mientras corean que ya son “sesenta años trancado el dominó” y que, por eso mismo, ya es más que suficiente: “ya se acabó”.

El régimen, que no tiene soluciones al hambre creado por las carencias del Acopio oficial, y por los guajiros encarcelados por vender sus productos a otros cubanos; ese régimen, con su fanfarronería de cinco vacunas simultáneas, tal como años antes anunciaron una vacuna antisida que no pasó de la fase propagandística; ese régimen ahora tampoco encuentra respuesta para los planteamientos del Movimiento San Isidro, ni para el creciente apoyo dentro de la Isla que se han ganado los activistas de la UNPACU ahora en huelga de hambre, demandando el cese del acoso y la represión.

El contexto internacional es particularmente desfavorable hoy para el gobierno de Miguel Díaz-Canel, que se declara continuidad designada a dedo del castrismo. Por ejemplo, la vicepresidenta del Parlamento Europeo, la diplomática checa Dita Charanzová, y varios de sus colegas en ese alto organismo legislativo, demandaron la renuncia de Alberto Navarro, embajador de la UE en La Habana, debido a una carta donde este diplomático se inmiscuye en temas bilaterales entre Cuba y Estados Unidos, y que varios eurodiputados calificaron como un posicionamiento político a favor de “un régimen que no respeta ni defiende los derechos humanos, ni la pluralidad democrática”. Llamado a contar a Bruselas, el embajador Navarro se retractó, y ahora ha solicitado ser asignado a otro país. Adicionalmente, Dita Charanzová, en un vídeo distribuido ampliamente, también expresó su preocupación por los huelguistas de la UNPACU y les envió un mensaje de solidaridad, para que sientan que no están solos en su lucha por la democracia, sino que pueden contar con el apoyo de muchos europeos.

Por su parte, en Washington, donde la nueva administración revisa la política norteamericana hacia Cuba, el Informe sobre los Derechos Humanos alrededor del mundo, que acaba de publicar el Departamento de Estado, incluye un capítulo sobre Cuba donde se denuncia al régimen de La Habana. Antony Blinken, el nuevo secretario de Estado, ha insistido en que los derechos humanos serán la piedra angular de la diplomacia del presidente Joe Biden. Blinken denunció ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas no sólo a Cuba, sino a China, Irán, Siria y otras dictaduras y gobiernos despóticos.

Aunque parece mentira, algunos han salido a denostar a los integrantes del Movimiento San Isidro y la UNPACU. Objetan, como perfeccionistas de la Real Academia, el lenguaje ríspido de los jóvenes en sus manifestaciones públicas, cuyo léxico, por cierto, es el mismo que hoy por hoy emplean a diario millones de cubanos.

En esto, como en tantas cosas, vale la pena leer lo que escribió el Apóstol de la independencia cubana José Martí, cuando tuvo que responder a críticas puristas de otros compatriotas, en la introducción del libro Los poetas de la guerra:

“Su literatura no estaba en lo que escribían, sino en lo que hacían. Rimaban mal a veces, pero sólo pedantes y bribones se lo echarán en cara: porque morían bien. Las rimas eran allí hombres: dos que caían juntos eran sublime dístico. El acento, cáustico o arrebatado, estaba en los cascos de la caballería”.

No perdamos esa perspectiva, compatriotas de buen corazón, de cara a la causa común que los cubanos tenemos que hacer ahora ante el enemigo totalitario que se tambalea. Pero, son estos pataleos de ahorcado al que la historia nunca absolverá, en definitiva, precisamente los que convierten al castrismo en una fiera fundamentalista herida, más peligrosa que nunca para la estabilidad democrática de las Américas, así como para la integridad física de los activistas de derechos humanos en la Isla.

El lenguaje soez languidece ante las obscenidades del socialismo insular. A los academicistas les asiste el derecho a quejarse, pero se trata de un quejido no tanto a favor de la decencia, sino de la dictadura que divide y destruye. La gramática estricta podrá estar de su lado, tal vez, pero no la moral martiana. Que el toque a la carga del corneta, esta vez ya no sea en la manigua sino desde el activismo pacífico, no quiere decir que los cubanos no sigamos en guerra, hasta recuperar nuestra soberanía nacional, secuestrada durante seis décadas por un sistema que soñó ser la utopía sólo para despertar muy pronto como pesadilla.

© cubaencuentro.com

Erie in memoriam

La HabanaHomenajeLiteratura

Una analogía del reino de los cielos

En esta suerte de recital colectivo, un pintor, cinco escritores, un cineasta y un teatrista escriben sobre lugares y barrios de nuestra capital, a modo de homenaje por sus 500 años

Carlos Espinosa Domínguez, Aranjuez

10/05/2019

Tras visitar la Isla en 1930, Federico García Lorca le escribió a su familia en una carta: “Habana es una maravilla, tanto la vieja como la moderna. Es una mezcla de Málaga y Cádiz, pero mucho más animada y relajada por el trópico. El ritmo de la ciudad es acariciador, suave, sensualísimo, y lleno de un encanto que es absolutamente español, pero de lo más característico y más profundo de nuestra civilización. Y después agregó: “Yo naturalmente me encuentro como en casa. Ya vosotros sabéis lo que a mí me gusta Málaga, y esto es mucho más rico y variado”.

Opiniones similares a la del poeta y dramaturgo español dejaron los numerosos extranjeros que visitaron nuestra capital. Se referían, naturalmente, a La Habana de otros tiempos. La de hoy, que se apresta a celebrar los quinientos años de su fundación, no recibiría palabras tan enaltecedoras. La indiferencia, el abandono, la indolencia urbanística han convertido la ciudad en lo más parecido a la de un país tercermundista acabado de salir de una guerra. En sus calles acribilladas de baches, en sus edificios ruinosos y apuntalados, en los escombros y escombros despojados de romanticismo y prestigio, cuesta reconocer a otrora “París de las Antillas”, y sobre la cual Thomas Merton expresó que, si se sabe vivir en ella, es “una analogía del reino de los cielos”. La Habana es hoy, como ha comentado el escritor argentino Martín Caparrós, “una ciudad —que parece— detenida en el tiempo. Una ciudad donde aquellos que prometieron un gran cambio detienen todo tiempo —en nombre de aquellos cambios que siguen prometiendo”.

Pero no quiero caer en un memorial de agravios ni en un canto fúnebre. He preferido imitar al poeta Orlando González Esteva, quien compiló el libro Concierta en La Habana animado por el ejemplo de un violoncelista de Sarajevo durante la guerra de los Balcanes. En la introducción, recuerda que, al descubrir los estragos causados por una bomba que cayó en su vecindario, el músico sacó su traje de etiqueta, empuñó su instrumento, salió a la calle, se sentó en un boquete aún humeante y comenzó a tocar. En mi caso, oficiaré simplemente como organizador de una suerte de recital a La Habana. Quienes se encargarán de homenajearla son un pintor (Ramón Alejandro), cinco escritores (Norge Espinosa Mendoza, Abilio Estévez, Lilliam Moro, Orlando Luis Pardo Lazo, Juana Rosa Pita), un cineasta (Fernando Pérez) y un teatrista (Alberto Sarraín). La premisa fue que cada uno escogiese un barrio, una calle o un lugar de nuestra capital y redactase un texto breve.

Orlando Luis Pardo Lazo:

500 palabras sobre el Erie de Lawton, en E entre 11 y 12

Erie no es uno de los Grandes Lagos, por supuesto. Ni siquiera hubiera llegado a ser uno de los Lagos Enanos. En La Habana ya todo es sequía, como corresponde al destino bíblico de nuestra babilónica capital. El desierto, compañeras y compañeros, es lo que sigue al diluvio de la Revolución. Ya casi rebasado el primer cuarto de siglo del XXI, no hay oasis que contenga en casa al horror.

Erie es, como todos los habaneros de La Habana conocen, un cine de barrio. Lujosa y delicadamente de barrio.

Con alfombras rojas y olor pulcro a Primer Mundo. Con carteleras y tickets de entrada que parecían haber sido impresos todavía en el capitalismo cubano. Con acomodadoras milenarias, emperifolladas con joyas que juro tenían que ser auténticas. Tendrían que haber sido auténticas.

Y con la sala a oscuras más luminosa del planeta en pleno, donde rebotaba la vida de un mundo ancho y ajeno por donde los fiñes de Lawton ya estábamos condenados a deambular. Pero aún no lo sabíamos.

Nadie nos había dicho nada. Tampoco el Erie nos dijo, en ninguna de sus películas importadas. No por miedo, sino por compasión. Gracias, Erie. Tu silencio pospuso durante un siglo nuestros suicidios.

Mi padre me llevaba allí, mi madre casi nunca. Después, con las primeras hormonas, comencé a ir solo. Solo con la esperanza de rozar unos labios que dentro de aquella nave umbría nunca rozaron los míos.

Hoy por hoy, extraviado en un exilio en 3D de alta resolución y rodeado por un sonido sofocantemente surround, sé que en el mejor rincón del alma aún atesoro tiernamente la causa perdida de besar en el cine Erie a aquel, aquella, mi eterno primer amor.

No tengo mucho más que decir.

Crecí, y el Erie se encogió como un cadáver exquisito cuya hidratación descuidamos. Los hijos del Erie nos olvidamos del Erie. No le perdonamos el hecho de haber sido una ventana estrictamente enclavada en Cuba, cuando nosotros no pensábamos en otra cosa que no fuera escaparnos de Lawton, La Habana, Cuba, la Revolución.

Así que el cine Erie fue quien pagó las culpas por nuestra cobardía de no haberle puesto una sola bomba a La Habana, a Cuba, a la Revolución. Ningún país se merece una paz paradisiaca tan perversamente prolongada.

Así que nos fuimos sin decirle ni adiós al Erie. Huimos del naufragio dejándole como legado, en sus bañitos tan lustrosos donde casi se podía comer, un mojón flotando como todo legado. Perdónanos, Erie, porque sabíamos muy bien que la estábamos cagando.

Lo dejamos atrás con una mueca. Negamos a nuestro cinecittà no tres, sino tres millones de veces antes del amanecer. Y aquí estamos todos ahora, las mejores mentes de mi generación, un tercio táctico de la población en fuga, una quinta columna balcanizada, a la espera de aquel mismo amanecer por el cual sacrificamos las mejores mañanas de matinés.

Dije que no tenía mucho más que decir, pero sigo diciendo y diciendo. El que Erie último, Erie mejor.

Erie de las eras imaginarias

Orlando Luis Pardo Lazo  

SUNDAY, NOVEMBER 4, 2018

Hay una imagen de infancia que aún me cautiva. Es decir, una imagen de infancia ante la que ya para siempre estaré cautivo. Está en la calle E, entre 11 y 12, para los que saben de Lawton: Calle E con E de Erie, supongo (quiero suponer).

En efecto, justo en ese tramito de la calle E, una cuadra antes del matadero y la línea del tren (las líneas del tren, porque eran muchas a la altura del crucero llamado, creo, José Martí), estaba el Erie.

No es necesario especificar que el Erie era un cine. Los que alguna vez fuimos de Lawton sabemos eso y mucho más: sabemos, por ejemplo, que el Erie no era un cine, sino El Cine.

Ah, nuestro coliseo revolucionario de pantalla titánica y ventiladores de aspas (no tenía aire acondicionado, ni falta que le hacía tampoco). Ah, nuestra sala no a oscuras, sino de infinita luminosidad (es el último de los brillos que se nos va a apagar en nuestra alma exiliada). Ah, nuestro mundo de miniatura donde imaginarnos cómo iba a ser la vida cuando creciéramos en el mundo de la realidad y por fin fuéramos libres de nuestros padres (no lo sabíamos entonces, no podíamos saberlo entonces porque habitábamos en un estado de exquisita inmortalidad, pero lo que nos hacía ilusión de futuro no podría ser otra cosa que la muerte de nuestros papás, los mismos que puntualmente nos llevaban al cine Erie).

Por cierto, mi padre era el único habitante del barrio que conocía la palabra “erie” antes de que el Erie existiera (si es que alguna vez no existió: de hecho, ahora es cuando ya el cine no existe).

Por eso desde que tuve cinco o seis años en Cuba yo supe de los Grandes Lagos, al norte del Norte. Y me los imaginaba con el mismo color azul con que, por algún motivo, se proyectaban las películas capitalistas en aquel local (las películas rusas, por el contrario, que por entonces se llamarían soviéticas para siempre, tenían otra tonalidad sobre el telón, más gris, más ríspida, más irrecordable).

El capitalismo cubano, como los Grandes Lagos de Norteamérica, nació azul dentro de mis cabeza desquiciada y llena de poesía política en aquella década decadente de los años setenta de nuestra islita. Y cuando por fin pude ver a los Estados Unidos y Europa, resultó entonces que el gris ríspido e irrecordable de la Unión Soviética ya lo había contaminado todo: el capitalismo del siglo XXI es así, tristísimo, un tótem cinéfilo del totalitarismo cubano.

He buscado al cine Erie en Google Maps. Es facilito, me bastan con un par de clics. Me conozco Lawton como la palma de mi mano. Me conozco La Habana como el lenguaje con que late por latir mi corazón de cubano. Y me he pasado las horas de las horas allí, en su azotea a dos aguas de cinc. Hoy desaparecida. No importa. Igual me paso los años de los años sobre ese techo hecho trizas, a la espera de que algún resplandor en mi laptop de pronto me avise que ya está a punto de parto la próxima proyección.

Para mayores de 16, Para mayores de 12, Para todas las edades. A estas alturas de la historia a los cubanos ya nos da exactamente lo mismo: se trata de la prehistoria y punto final. Esta es la Edad en que los cubanos hemos perdido hasta nuestra edad.

Ah, Erie, tus patadas de kong-fu y tus bailarinas norteamericanas sudando a chorro bajo los vapores de un acero inoxidable (siglos después, la ciudad resultó ser Pittsburgh, en Pennsylvania, donde viví varios meses apenas salí de Lawton, La Habana).

Ah, Erie, la patria en una pantalla: te debo un gesto de gratitud. Gracias a tu inercia infantil el año pasado alcancé a mojar mi frente en las aguas heladas del Lago Erie, en una esquina sin Cuba del mundo real, aunque, por supuesto, ya era demasiado tarde para alegrarme. Recuerdo que lo trasmití por Facebook, cuando yo todavía tenía un Facebook con miles de amigos y seguidores, aunque, por supuesto, ya era demasiado tarde para alegrarlos.

Ah, Erie, cajón de sastre de una imaginación infantil que por culpa de nosotros mismos se nos fue quedando sin cuerda: perdónanos, linterna mágica de cuarenta centavos por ilusión, de que ya se nos haya hecho demasiado tarde para alegrarnos.

¿Un controvertido personaje?

Literatura

Había una vez ¿un controvertido personaje?

CUBAENCUENTRO entrevista al escritor Orlando Luis Pardo Lazo.

Dariela Aquique, La Habana | 08/06/2012

En un reciente texto publicado por HavanaTimes.org se hacía referencia a la variopinta blogosfera de la Isla. Se hablaba de la fragmentación y de las diferencias de grupos. Parecía que estuviese constituida por feudos y señoríos. El superobjetivo del comentario era convocar a eliminar estas fronteras: si al menos aquellos con intenciones comunes estuvieran abiertos al diálogo y la colaboración, no estaría tan acentuada la segmentación. Como dice el refrán, fuerzas divididas no lograrán jamás victoria alguna en esta cruzada por que se operen cambios definitivos en la sociedad cubana.

Sin embargo, hay cierto personaje muy “controvertido”. Y que conste que no es mi definición, sino que me he apropiado de la adjetivación que muchas veces ha sido usada para definirlo, entre otras muchas, por cierto, muy domésticas y sanchopancescas. Creo que es el único bloguero que no se circunscribe a conjuntos o tendencias. Anda siempre de aquí para allá con su cámara y sus verdades a cuesta, intentando hacer algo por Cuba, ahora que lo necesita. Orlando Luis Pardo Lazo es mi entrevistado.

¿Es Orlando Luis Pardo Lazo díscolo por naturaleza?

Orlando Luis Pardo Lazo (OLPL): Más que díscolo, discóbolo: un profesional de la provocación. (De niño era tímido y cobarde, por si esa información contribuye en algo a mi perfil de facebookológico)

¿Cómo un licenciado en Bioquímica deviene escritor, editor, bloguero y fotógrafo, o sea, todo un artista?

OLPL: Es fácil. Cualquiera podría imitarme. Escribes desde el Preuniversitario o acaso antes. Te gradúas con Diploma de Oro en la Universidad gratuita de La Habana. Trabajas cinco años como biólogo molecular en una división de vacunas humanas (dengue, hepatitis, HIV, meningo) mediante técnicas de ADN recombinante y fondos del Consejo de Estado. Te haces expulsar por la Seguridad del centro después de un registro donde me robaron hasta información privada. Y te quedas entonces sonámbulo bajo el sol, socialipsista a ras del socialismo del siglo XXI. Boqueando barbaridades. Con ganas de vengarte, de ser mejor que todos tus contemporáneos, tecleando al límite para poner en crisis los conceptos de policía política y de la sociedad paralítica, ansioso por tener un estilo único (un estilete), por sobrevivir (sobremorir) al establishment, por protagonizar el post-proceso cubano. Si esa ira es arte, lo lamento. No era mi intención.

Lunes de post-Revolución y Boring Home Utopics son tus blogs. ¿Cómo y por qué empezaste a hacerlos?

OLPL: Mis primeras columnas aparecían en un blog en bancarrota del narrador cubano Jorge Alberto Aguiar Díaz (JAAD), que se llama Fogonero Emergente. Luego en septiembre de 2008 fundé mi propia patria virtual: Lunes de Post-Revolución, para no contar con más nadie que yo, para hacerme intolerable, ininstrumentalizable, intoolerable. Para ser tierno y soez, mezquino y misericordioso, onanista y onírico, diletante y delictivo, vomitivo y vital. Para quitarme el tufillo intelectual de ser un autor y recuperar el brillo inverosímil de la libertad, para ser un e-vangelio e-fímero, para que me ames y morir sin envejecer. Boring Home Utopics es el silencio sensacional de los píxeles: desde su irrupción en abril 2009 pretende recuperar la visualidad perdida de mi ciudad por el exilio cubano, así que es un blog xenofílico y habaneccéntrico. Ambos espacios me dan visibilidad (eso me protege moralmente de la cárcel), entrenan mi lengua y ejercitan mi espíritu de ángel beligerante. La literatura es praxis, no concepto. Y yo he escrito como un desquiciado cientos de columnas (a veces las re-escribo sin saberlo, pues olvido lo ya publicado). Me temo que he devenido una (buena) suerte de Fidel textual: lo que a mí me falta de demagogia, lo compenso con delirio. Creo que empecé a bloguear por pura competencia retórica con el Premier: veremos quién crea más Cuba al final, a quién se la creerán mejor.

¿Cuál es la génesis de Boring Home, ganadora del Premio de Novelas de Gaveta “Franz Kafka”?

OLPL: Ah, mi pobrecito libro de cuentos Boring Home, tan magistral y tan mudo. Ya estaba listo para ser publicado por la editorial estatal (disculpa la redundancia) Letras Cubanas y lanzarse en la Feria Internacional del Libro de La Habana (febrero de 2009). Pero Iroel Sánchez (ex presidente del Instituto Cubano del Libro) y Abel Prieto (ex ministro de Cultura) me montaron una máquina de muerte civil por postear lo impensable en mi página de internet (ahora ya ninguno de los dos conserva su alto cargo y sin embargo yo sigo siendo yo). Me denigraron por e-mail. Me delataron ante la Seguridad del Estado (tuve una entrevista en una estación policial donde se me impuso un Acta de Advertencia que no firmé). Coaccionaron a mis amigos y antologadores. Difundieron rumores falsos de que había eyaculado sobre la bandera cubana y que por eso había caído preso. Aterraron a mi madre con llamadas telefónicas anónimas (no te lo perdono, teniente coronel). Pero no tuvieron los timbales teóricos de expulsarme de la UNEAC: no querían un caso Pardo paródico del caso Padilla. Entonces un grupo de creadores free-lance fuimos a las afueras de la Feria oficial y lanzamos Boring Home, a pesar del operativo policial y la brigada de respuesta rápida de un team deportivo de artes marciales. Fue un maremágnum mediático. Las editoriales en Cuba tienen que dejar de comportarse como clínicas de corrección conductual. La moraleja es: escritor cubano que permita la censura contra una obra cualquiera, es en realidad el peor cómplice de esa censura. Luego mi libro, sin ser una novela, ganó el Premio de Novelas de Gaveta “Franz Kafka” en Praga y fue publicado por la editorial Garamond, gracias a la ONG Libros Prohibidos, que combate la censura en el mundo. He aquí la ruta del dinero: digan lo que digan los bibliotecarios independientes en Cuba y sus agentes infiltrados, cobré 0.00 USD del monto de miles que estaba comprometido en las Bases del concurso como derecho de autor. Sigo sin ser solvente. Necesito un mecenazgo más mercenazgo.

¿El escritor interactúa con la realidad cubana o se aliena para crear sus narraciones?

OLPL: Lo real es el texto. Ahí ocurren todas las violencias viles y todas las emociones sublimes (rima, lo siento, es un efecto colateral). La realidad es un relato de la realidad, entre otras cosas. Nunca Cuba cristalizó más real que en las páginas imposibles de Paradiso, por ejemplo. Nunca fue menos legible que en la prosa perfecta de nuestra Constitución. “Alienación” es uno de esos despotismos de los que está lleno el Manifiesto Comunista, ese pasquín pre-vanguardista. El escritor crea la realidad, la encarna en cada cortocircuito de sentido. Para eso hay que tener grandeza de visiones por venir y dejar la quejita nostalgicosa del paraíso proletario perdido. No interactúa ni interpreta, incide y perpetra.

Imagino que tras ser calificado de ciberdisidente, sean nulas las probabilidades reales de que tus libros sean editados en Cuba.

OLPL: Imaginas mal. Es exactamente al revés. El único escritor que tiene probabilidades de que sus libros sean editados en Cuba soy yo. Ya verás.

Naciste en el 1971, yo nací en el 70. Siempre he dicho que nuestra generación, por ser una generación intermedia, ha sido la más estafada con aquella promesa del futuro mejor, que nunca llegó, y aquí casi se nos ha ido la vida. ¿Qué opinas al respecto?

OLPL: Esa frustración es solo un complot ensayístico del clan Fornet-Arango-Padura. Hay que pensar menos y protagonizar más. Ser limpiamente libres, si es que queremos contar con una biografía no vaciada de vida, no viciada. Hay que pasarse de la raya, como pedía Salman Rushdie tras ser condenado a muerte por un matón metafísico. Hay que devenir otros. Hay que ser absolutamente revolucionarios, como pedía con otras palabras un Rimbaud rizomático (y Rambo también, por cierto). Mi generación es imaginaria. Los muertos me entienden mejor. También los gatos (y una gata muerta con quien murió mi inocencia de ser inmortal). Y también, por supuesto, las vírgenes, que ya no son congénitas de mi generación.

¿Por qué hacer fotos, casi como una obsesión?

OLPL: Por pornofilia. Porque todo es tremendo. Y triste. E intenso. O al menos para no dejar de intentar que lo sea.

Más de una vez, ciertas frases no muy gentiles han sido usadas en la red de redes por algunos —por ejemplo, Eduardo del Llano, o más recientemente Iroel Sánchez— para referirse a ti. ¿Qué piensas de estos tonos?

OLPL: ¿”Gentiles” en su acepción religiosa? Nunca lo hubiera pensado de no ser por ti. Hay tonos de timbre en los móviles mucho peores, la verdad.

A Orlando Luis se le ve lo mismo en los encuentros de Estado de Sats, que con sus colegas de Voces Cubanas, que en un espacio del Observatorio Crítico, que intentando entrar a la cinemateca de Cuba, donde… no sé, no pudiste entrar, intercambiar con los blogueros del Havatimes. ¿Es eso lo que quizás te haya hecho ganar la fama de controvertido?

OLP: Ojalá no tuviera fama por eso. Ojalá todos fueran al espacio de todos. Es tan trivial que casi da pena no haber culminado ya nuestra tardía transición. La historia no nos absolverá por este miedo que va mutando en mediocridad. Que lo introvertido no roce la imbecilidad, por favor… ¡Mírense a la cara, cubanos, qué carajo! ¡Conózcanse y verán que el lobo era de guata, un cuentecito infantil para que nunca desobedezcamos a Papá! No compliquen las cosas. No acaten el término de “controvertido” (suena a patología) y acaben de meterse de cabeza en lo controversial. Los invito, el mismo día en que se publique esta línea (si se publica), a un retiro de madrugada en el falolito de la Plaza de la Revolución (4:44 am, para plagiar el filme La vida es silbar). Los invito a apagar cada día un minuto más la luz (no por ahorro, sino para rescatar cierto espíritu de resistencia). Estamos solos. Date cuenta, cariño. Descansen, armas. Porten, palabras. Por alguna parte habrá que empezar a reforestar nuestro voCUBAlario.

¿Qué crees del momento que vive Cuba hoy?

OLPL: Instante, detente, eres tan hermoso…

¿Y del futuro?

OLPL: El futuro pertenece por entero al futuro, dicen los demonios de Porno Para Ricardo.

Con el perdón de mis anteriores entrevistados, si hubiera un premio a la mejor entrevista, esta fuera la ganadora, no por notorias sus preguntas, sino por la sagacidad de las respuestas de un personaje sublimemente controversial y nada subliminalmente controvertido.