Los ilustres intelectuales norteamericanos

#SOSCUBA

Los ilustres intelectuales norteamericanos

Orlando Luis Pardo Lazo

Julio 18, 2021

Los ilustres intelectuales norteamericanos, esa fauna analfabeta excepto de culpas de clase y pastillas para la ansiedad, siguen siempre con la misma cantaleta sobre la Cuba de Castro: no se la creen, a pesar de ser ellos mismos unos castristas del coño de su madre. Y tratan de confundirnos en el tiempo y en el espacio, remitiéndonos a los años cincuenta y anclándola a la Casa Blanca.

En efecto, a la primera crítica que los cubanos hagamos de la Revolución en nuestro propio país, allá vuelven a la carga los revolucionariólogos del campo cultural norteamericano. Intolerantes como toda izquierda inmigrante que se respete, lo primero que hacen es matar al mensajero del mal. Es decir, nosotros. Y nos matan usando dos argumentos propagados y pagados por la Seguridad del Estado desde La Habana:

  1. Tesis espacial: quien quiera la caída de la Revolución Cubana, quiere asfixiar al pueblo de la Isla con el bloqueo norteamericano. (No importa que, como ellos mismos te dicen cuando les conviene, el bloqueo no haya funcionado durante 60 años: es un bloqueo que no funciona, asfixiando).
  2. Tesis temporal: quien quiera la caída de la Revolución Cubana, quiere la restauración de Batista a la cabeza de una tercera “era Batistiana”. (No importa que Batista esté muerto hace medio siglo, ni que sus hijos y herederos sean tan socialistoides como su padre: es un Batista batón, que se pasan de mano en mano no para manipularnos, sino para maniatarnos).

Para los ilustres intelectuales norteamericanos, esa flora fascinada con el fascismo fálico de Fidel, contrario al criterio científico de los comunistas cubanos, “la Revolución sí entra por el culo”. Lo cual constituye, por cierto, un plagio del filme Fresa y chocolate. En ese coito del corazón, ya con sus cuerpos cariados por el consumismo capitalista, los ilustres intelectuales norteamericanos se vengan de la Democracia doméstica consumiendo el exotismo de la Utopía. A falta de orgasmos orgánicos en casa, en Cuba se hacen penetrar por la erección de un Estado otro, en un ejercicio binario de transfidelidad. La libertad propia les corta su libido liberal, mientras que la esclavitud como alternativa ajena los excita al punto de la epifanía: fidellatio y comunilingus.

Sin el clímax de la Revolución castrista para entretener sus bodrios biográficos, los ilustres intelectuales norteamericanos no tendrían un sentido de propósito ni de pertenencia, en este planeta donde hasta Marx es una mercancía. Sin el pingón despótico de un totalitarismo tropical, tendrían que aclimatarse a sus climaterios comodificados. Y sus próximas páginas sobre Cuba serían apenas una paja, porque el dildito decadente de la democracia no puede equiparse con el rape-rapport de la Revolución.

En consecuencia, el pueblo emancipado que está en las calles de Cuba ahora mismo, abatido bajo los batones y las balas de los asesinos socialistas, el mismo pueblo que impredeciblemente ha protagonizado un heroísmo inédito desde hace por lo menos un siglo, es visto o invisibilizado desde la ilustre Norteamérica intelectual como más de lo mismo: 1) defensores a sueldo del bloqueo de Washington contra La Habana, 2) votantes virtuales del cadáver de Batista para presidir una transición anacrónica de 2021 a 1958 en la Isla.

No hicimos nada. Mejor nos hubiéramos quedado tranquilitos en Cuba, acariciando a nuestro respectivo Castro interior. Aplaudiendo, bajo nuestras etnográficas máscaras, al violador. Y aún estaríamos siendo representados como la vanguardia de la humanidad, según el evangelio de los ilustres intelectuales norteamericanos, en lugar de encarnar el mojón materialista con que patéticamente ellos pintan a Miami: la capital del bloqueo batistiano. 

Pero los cubanos libres no podemos ponernos ahora a debatir ni cojones con nadie. Ni ilustres, ni intelectuales, ni norteamericanos. Fuck America

El fin de la mentira marxista está verificándose de punta a punta de nuestro archipiélago atroz. Paradójicamente, el peligro hoy está, como nunca antes, noventa millas al norte de la nueva Libertad que ya explota en plena cara de la comemierdad comunista global. Es la hora de cagarnos constitucionalmente en la cultura de la corrección cómplice de los United Socialisms of America. Y convertirnos, con esa fuerza más, en los buenos salvajes de una democracia sin antidemocráticos a donde ni uno solo de los ilustres intelectuales norteamericanos estará invitado. Porque no nos da nuestra gana contrarrevolucionaria.

Como tampoco nunca más Cuba será el imperio de la justicia social. Ni el paraíso de ningún proletario, sino un país repleto de propietarios. Ni las conquistas públicas serán públicas ni un carajo, sino privadas, desde la A del amor hasta la Z del zoológico en que esos ilustres intelectuales norteamericanos nos quisieron convertir. Y, por supuesto, el Estado cubano por fin dejará de ser una supuesta fuente eterna de moral, de derechos, de cultura, y de riquezas, para tener que vivir escondido en un clóset cívico y con el rabo entre las patas. Apaleado por una ciudadanía diestra, diestrísima.

Por suerte, se le viene encima a nuestra Cuba libre, tal como a los ilustres intelectuales norteamericanos les da pánico progresista pensarlo, una restauración antisocial. Seremos no solo la Suiza, sino también el Israel del hemisferio occidental. Un istmo de resistencia radical frente al socialislam latinoamericano. En Cuba, ciudadanos del futuro que se inflamó forever el domingo 11 de julio de 2021, habrá de resucitar el destino manifiesto que en los Estados Unidos fue primero estigmatizado y finalmente traicionado.

En ese escenario de excepción continental, tú y yo secretamente sabemos que los partidos comunistas quedarán abolidos a perpetuidad. No habrá Primera Enmienda para los enemigos de la Primera Enmienda. Los comunistas cubanos pueden reorganizar su PCC en el soviet de Berkeley o en el huraco dejado por las Torres Gemelas en Manhattan, pero no en nuestra Habana sin Plaza de la Revolución. 

Así que hacen muy bien en ponerse históricamente histéricos los ilustres intelectuales norteamericanos. Que pataleen ahora, los pobrecitos perversos que quieren paralizarnos a golpes de bloqueo y de batistato. ¿Qué bloqueo de qué pinga, a la magnífica hora homagna de la desrevolución? ¿Qué Batista de qué cojones, cuando el tuntún-quién-es de la distopía en la Isla ya está a punto de caramelo conservador?

Cubanos que me escuchan, no se me encasquillen ahora en un debate desviacionista con ningún norteamericano de ninguna de las miles de Norteaméricas que nos meten miedo en el mundo. Esos casquillos, como los casquitos con o sin bloqueo de los años cincuenta, pronto han de ser la música milagrosa de una vida vivible en la verdad.

When I Grow Up, I Want To Be A Foreigner: Viewing the Cuban Exile.

OLPL in LASA 2015 CONGRESS in SAN JUAN, PUERTO RICO

1. THE CUBAN STRANGEVOLUTION


Mother died today. Or, maybe, yesterday; I can’t be sure. The telegram from the Home says: YOUR MOTHER PASSED AWAY. FUNERAL TOMORROW. DEEP SYMPATHY. Which leaves the matter doubtful.


As in the beginning of Albert Camus’s novel The Stranger, Mother Revolution may have died today. Or yesterday. The tweets from the Homeland —the last disconnected spot in the hemisphere— are misleading. No funerals for Fidel, despite the successive unsuccessful farewells on-line. Abroad, deep sympathy for socialism all over the US academy and surprisingly also from its supposed archenemy, the State Department. Within, reforms emerge as the new style of repression: the Realpolitik of Raúlpolitik. Soldiers turned into salesmen. Spies into diplomats. Which leaves doubtful the matter of Marxism after the handshake of markets, with the US Chamber of Commerce approaching our Central Committee, for the sake of avoiding chaos in Cuba and converting another Communism into Consumerism.


A hyper-nationalist environment is opening up 25 years too late to the global economy. This process implies an overdose of estrangement. Strangers are reaching out before Cuba changes to commonplace capitalism. Cubans themselves are learning fast profitable practices, copy-and-paste from abroad, driven by the numismatist osmosis from exile to insile. The figure of the foreigner is no longer —as in the 20th-century Cuba— a taboo imposed by the totalitarian State, much less the dramaturgic dilemma repeated from poetry to playwrights and from short-stories to cinema screen —with Strawberry and Chocolate as the transgender example par excellence. After dealing with more than 3 million tourists in 2014 alone, the open code of our closed society is now obvious: wealth and welfare are imported effects in Cuba and do not depend on any endemic effort.


The Sugar Curtain, with its ideological filter of loyalty to the Leader, its secret alliances with dictatorships both from left and right, and the export of violence to every continent as a way to divert subversion out of the Island, is crumbling in Cuba; yet the Castro elite in power keeps total control of a self-transition not to democracy but to dictocracy. A second generation of Castros is knocking at the foreign door of the Oval Office. And their olive green guerrilla uniforms, in an act of transvestism, fit into luxury guayaberas and civil suits cut by the tailors of our post-totalitarian State capitalism.


We, the others, are now approaching you, the other others, in a close encounter of the Cuban kind. The alternative model that used to play the victim —first during the Cold War and then in this unipolar world— is about to join the classic canon of capitals and cops, without quitting the revolutionary —technically, retrovolutionary— rhetorics. Decades of autocratic Asian experience, and billions in geopolitical loans, legitimizes our Caribbean experiment.In consequence, in our popular vocabulary the feared term “foreigner” has mutated into the much more noble “amici” —the plural which welcomes singular citizens from the First Europe—, the colloquial “pepe” —who generously share even our mother tongue, preferably from Spain and Argentine—, the efficient “fula” —a reduction of the visitor to the color of his hard currency—, the astounding “faste” —which in Cuba is the flying metaphor of “fasten your seat belts” before takeoff, and the unique “yuma” —to avoid any derogative reminiscence of the Yankee imperialists.


All these etymological delicacies of our vocubalary are just the first step of a neighboring procedure that doesn’t take foreigners for granted. On the contrary, Cuba is expected to cubanize them right on the spot. And such a hyper-politeness is the secret shortcut to foreignizing ourselves. We are really committed to this conversion from claustrophobic comrades to cosmopolitan colleagues. The New Man of Ernesto Guevara is the New Manager: “Ché” is overpronounced in Cuba today as “check”.


The relief from the scarcities of Castroism points now to JetBlue, MasterCard, Netflix, Airbnb, Amazon, AT&T, US agricultural corporations, Google apps and other external et ceteras. True life is elsewhere, as poet Arthur Rimbaud put it. Given the current circumstances, the POW Rambo —himself a byproduct of the Cold War as well— is reference enough to start our journey back to the future. And, more prone to McDonalds than what Americans are ever willing to accept —as we recognize each other, we will realize how unknown we have been— at least we do agree that fundamental freedoms are to be excluded from this formula of fidelity. The rationale is that, if we Cubans have already waited for over half a century to fully exercise our rights, now we must wait a little longer. Until history freezes over. Till democracy do us part.

2. THE CUBAN DECALOGUE OF THE PERFECT FOREIGNER


The Cuban XXth century ended on Wednesday July 13th, 1989, with the bullets that killed a National Hero —general Arnaldo Ochoa— and a hitman —Tony de la Guardia. Both knew more about the crimes of the Revolution than Fidel himself, and thus they were sentenced to death by him in person. However, the Cuban XXIst century did not start until 25 years of Wednesdays later, on December 17th, 2014, with the simultaneous speeches of president Barack Obama and dictator Raul Castro, each announcing that all the revolutionary riffraff had been just a daydream.


Sovereignty in Castro’s Cuba has always been dependent on the notion of a foreign foe, in a sort of inverted annexationism that legitimates all governmental impunity: “in a besieged plaza, dissent is treason”, it’s the Jesuit quote that —Jesuit-educated himself— Fidel ordered to be painted on the front of dissidents’ houses, like Oswaldo Payá’s, the founding leader of the Christian Liberation Movement, until he was extrajudicially killed in July 2012 and the banner was immediately erased after 15 years in place.


Sovereignty on the Island is also sequestered by the legal imposition of a foreign friend. The first Cuban Constitution after 1959 consecrated in its Article 12 that the Republic was based on “its relations with the Union of Soviet Socialist Republics and other socialist countries in the socialist internationalism”. A redundant line from 1976 that in 1992 had to be similarly erased, after the end of the Soviet empire and the Eastern European satellites behind the Iron Curtain.


How do Cubans love thee, foreigner? Let me count the ways:

1. The foreigner as a goldmine. All transactions lead to abroad. Besides being considered “idoneous” by the authorities, any investment on the Island implies the condition of otherness. This applies to bureaucrats with relatives residing elsewhere, as well as to social activists of the Cuban alternative civil society. Despite their complaints and accusations of “mercenaries” against critical citizens who lead independent projects, the State ministers are not only the main beneficiaries of the solidarity of NGOs worldwide, but they also grab as secretly as possible the donations from other governments, private magnates, and terrorist regimes.  

2. The foreigner as a boarding gate, a springboard to leave Cuba behind. Every visitor is in risk of being used and then discarded as a human raft —a last boat for salvation— as a migratory catalyst or a catapult out of the catacombs of communism to consumerism. We favor freedom of movement, but our people-to-people exchange tends to be one-way. Cubans seem to be making room for over 3 million tourists a year, plus waves of artists, athletes and academics from “that absurd First World” —as Fidel used to describe it— who arrive in a rapture of fascination to document the esthetics and to edulcorate the ethics of our architectonical and anthropological ruins. Cuban hospitality wouldn’t let our guests suffer being crammed in a bus or a barbacoa, so we hitch to their passports, even if later this means breaking a contract or a heart. We dare not sign an on-line petition, but we have web access enough almost to graduate as MFAs in virtual love, typing typos that are taken for tenderness in this genital stampede: a DNA diplomacy that is diminishing the Cuban population within our shores, but it’s both inspiring and inseminating from Sarah Montiel to Madonna, from Camilo Sesto to Luis Miguel.

3. The foreigner as the fast and furious heroes of Fidel. The Cuban people prefer to ignore the details of this horror collection, since knowledge is the ultimate evidence of culpability for our ubiquitous secret police. Yet, the Island has been a safe haven for the spiritual appeasement of a gallery of international ex-convicts and fugitives charged with embezzlement, money laundering, bank robbery, drug trafficking, airplane hijacking, bombing, cop-killing, with violence and justice for all the liberation movements from the Basque Country to Puerto Rico, from the Tupamaros to the Black Liberation Army. Several of these now peaceful warriors and their otherwise innocent families ended up denouncing their treatment by a disenchanted Castro as hostages of the proletarian paradise —that is to say, as common Cubans. Some died of a timely terminal disease —like the American fraudster Robert Vesco. Others committed suicide —including the strange cases of one daughter and the sister of Salvador Allende. Others —as the official propaganda claims— are still the “anonymous heroes and friends” of our underground uncivil archives: in a Revolution rescued by foreigners to foreigners and for the foreigners.

4. The foreigner as the defenestrated. There is the insistent investor who, generation after generation during the Castrozoic Era, trusts and thrusts his money in the black hole of a Revolution in bankruptcy or in bankcorrupt. They seem to search for no benefits at all, according to their own statements on national TV. They seek the development of our people, with the surplus value of a handshake with the Commander in Chief (before it’s too late). Their incomes are almost about humanitarian numismatics, although they are not allowed to pay their own workers directly: the money can go only to the monopolistic State. Until one day their illusion insurance expires. Then some manage to escape —like Chilean Marxist mafia entrepreneur Max Marambio, although his partner Roberto Baudrand died of a heart attack after hours of tortured interrogation by the State Security. Then some accept that it’s never too late to pay a ransom to be kicked out of business without indemnification —like Canadian transportation tycoon Cy Tokmakjian. Yet some are accused of espionage after years of revamping the Cuban economy —like British architect Stephen Purvis. Many externalize their pain by writing a best-seller out of their adverse Castro adventure —like Michel Villand, the expelled owner of the fine pastry chain Pain de Paris. One —Sebastián Martínez Ferraté— was invited to invest in Cuba only to then be captured at Havana airport, and thus punished for a documentary he directed a few years before on prostitution and corruption by students, teachers and the police. Still others still remain there on the Lost Island, foreignly forgotten behind the bars of La Condesa special prison for foreigners. David Pathe, CEO of Sherritt International from Toronto, the biggest foreign investor in Cuba, which has been mining nickel for two decades, summarizes it better than any Cubanologist: “It’s not about commercial outcomes; it’s about who can they trust”.

5. The foreigner as the fool. Poet Allen Ginsberg in the 60s shrieking for sex with Ché Guevara, scandalizing the good revolutionary macho savages, who would get rid of him in the next airplane. Anthropologist Oscar Lewis in the 70s with his raw research confiscated as a CIA plan to impoverish the Cuban way of life under Fidel, plus the bonus track of a sudden death once released to the US. Commander William Morgan —the Americano— condemned by treason to die in front of a friendly firing squad. It’s a long list of foreigners that crosses centuries until reaching the risible of the Spaniard actor Willy Toledo pretending to survive in Cuba with his savings in euros. An ephemeral performance exploited in the media by Patrick Symmes from Harper’s Magazine, when he chronicled his ethno-tourism of being a fake Cuban for a month with just the 15 dollars of our minimum wage. This ridicule could only be surpassed by the USAID contractor Alan Gross, incarcerated 5 years as an internet martyr on the Island, only to be swapped for The Five Castro’s professional spies in the US —and a federal sample in advance of one spy’s faithful sperm.

6. The foreigner as a clown. Specifically, as Clownan O’Brian. Last March 4th he launched his Cuban comedy by TBS. He landed in Havana loaded with make-up, ready for incomprehensible gags in the face of his spontaneous Cuban partners. Laughter has the advantage of being always half way between criticism and complicity. He is the funny US ambassador who will precede the real ones. Behind cameras, his crew paid here and there to obtain filming permits and interviews. He doesn’t learn a thing about Cuba, but at least he exposes himself as the nerd that never asks where is or who was Fidel, since his TBS contract depends on that eloquent silence. Memories of undermemories. As an archeologist in a tropical theme park, his show is a time machine, from an out-of-date despotic iconography in a flash-forward to the Havana downtown that would be, where no Americans will rush to travel as they do now. He proudly shows off the prodigy of a tablet, like a forbidden fruit Made in Apple. He could easily buy the long island of Habananhattan in exchange for a couple of miracle mirrors like this. As fossil aborigines of the last Siouxcialist tribe, we adore his performance in our clowntry with a dose of distrust. It had to be a black kid in the background who reveals a truth that escapes the hermeneutics of subtitles: “Give me that, mister, so we can watch you later at home.” While Big Conan Chief brags, Little Barbarian Indian is begging, but both smile for the selfie. Simultaneously. Like Young President and Old Dictator in the parallel windows of all computers —except in Cuba— last December 17th. No further questions, your Horror.

7. The foreigner as the estranged reporter of Cuban reality. Cuban narratives always fed on such an imported impulse, especially today when the Maximum Narrator is already on mute. We listen and read those foreigners as discoverers of our self. Cuba is better thought from abroad. The Cuban race issue was to be raised only in The New York Times, as later the US embargo was to be first lifted in its pages. The best interviews and documentaries of Fidel Castro have a copyright Made in USA, including two exclusive interviews for Playboy, a magazine that no Cuban can read in Cuba without being accused of being a pornographer. Friendship with any foreigner always had to wait for Fidel to delimit the good guys from the bad ones beyond our waterfront. In a paternalistic State, citizens learn to behave like children never mature enough to interact with a foreigner and resist such a close encounter of the corruptive kind. As pleasure is displaced by duty, responsibility is disciplined into hypocrisy.

8. The foreigner as the ex-self. The circling Cubans who go away but at the end return. Cuban-Americans and Cuban-Europeans are foreigners by default, despite their mandatory passports and entry permits, but the new successful Cuban Cubans from the Island are also perceived as such. Migratory nationals are treated especially like endangered species: they become predators of privileges. And even the local language used to talk to these first-class Cubans is caricatured, as if the round-trip had made them unable to fully understand their own tongue. In the streets of Havana my Canon digital camera was sufficient cause to provoke the transubstantiation of terms, the syntax metamorphosis. They call me “amici”, “yuma”, “pepe”, “fula”, “faste” and overall, “white”. Even if we shared the same skin pigmentation, by calling me “blanco” they explicitly recognized themselves as non-whites. If I dared to let them know that I was as Cuban as they were, they immediately insisted: “yes, man, but you’re Cuban where from?” This xenophillia protects them from their own failure of movement and it’s very risky to contradict. Only once I confessed that I had never traveled beyond the Malecón. My interlocutor felt humiliated by my difference and replied with his most virulent Cuban argot and gesticulation. In Cuba, to look like a source of sustainability without being one is a crime against Cubanity. We Cubans from Cuba must resemble Cubans from Cuba. Revolution is essentially about revolving around the same.

9. The foreigner as Fidel. Unaware of what’s been going on during 18 months of secret diplomacy, he now incarnates not the unknown but the unknowable. No last-minute biography by Jon Lee Anderson will be able to redeem Fidel. No obituary note already requested from Anthony de Palma by The New York Times or El Nuevo Granma will bring Fidel closer to the Cubans to come. As Fidel will not leave a decent corpse for his mausoleum, his ashes will be spread throughout Cuban geography —including Miami— maybe as a malefice to abort any deviation of his legacy of loss. Fidel has forced more Cubans into a state of foreignness forever than all the rest of Cuban statesmen combined. In part, because a country of foreigners is much more governable than a country with its sovereignty restored to individuals. In part, to fulfill the prediction of the Independence Apostle José Martí that “Cuba reunites us on foreign soil”.

10. As in Camus’s Strangervolution, Mother Homeland might not deserve anymore the look that used to link us to her.


“We put the lid on, but I was told to unscrew it when you came, so that you could see her.”
While he was going up to the coffin I told him not to trouble.
“Eh? What’s that?” he exclaimed. “You don’t want me to …?”
“No,” I said.
He put back the screwdriver in his pocket and stared at me. I realized then that I shouldn’t have said, “No,” and it made me rather embarrassed. After eying me for some moments he asked:
“Why not?” But he didn’t sound reproachful; he simply wanted to know.
“Well, really I couldn’t say,” I answered.
He began twiddling his white mustache; then, without looking at me, said gently:
“I understand.”

Inversiones, ¿para qué?

November 30, 2014

Inversiones, ¿Para Qué?

Orlando Luis Pardo Lazo

En la Cuba de los 70s el historiador Manuel Moreno Fraginals provocó al poeta José Lezama Lima con sus nociones científicas de moda, presumiendo sobre las leyes objetivas de la transición colonia/seudo-república/revolución, desde el trapiche de los esclavos hasta las cortadoras de caña de los eslavos, las hoy ya olvidadas KTP soviéticas. Exhalando el contrapunteo asmático de su tabaco, Lezama Lima replicó a Moreno Fraginals no sin ironía marxista de católico a conveniencia: ah, ¿pero cuándo contaremos con una historia cualitativa?

¿Carecemos los cubanos de esas miradas que, al margen del rigor académico y la erudición autoral impliquen también una ética? ¿Es concebible una economía cualitativa, que escape de comparar porcientos y profits, y tendencias que siempre dan la razón al expositor? ¿Es impensable una política cualitativa, que rebase lo pedestre de nuestra praxis patria? ¿Y una sociología cualitativa, sin determinismos ideológicos ni fundadores infalibles? En fin, la antropología de un cubano con cualidades: multi-dimensional, subjetivo, liberado de los consensos que nos han impuesto a ritmo de conga.

No por gusto la pregunta del Maestro no obtuvo entonces respuesta del Profesor. Hoy, a ras de las reformas raulistas, en un escenario cambiante a capricho, que esconde el control de un clan mientras se inventa una imagen de legitimidad, ¿Moreno Fraginals presumiría de las leyes objetivas de la transición del comunismo al capital? ¿Y Lezama Lima le replicaría con un: ah, ¿y contaremos en Cuba con un capitalismo cualitativo? La poesía pregunta imposibles que la historia conoce, pero no le conviene contestar.

CANTIDAD V. CALIDAD

Los cubanólogos, por vocación o encargo, discuten hoy sus tesis sobre la Isla. Apuestan por los cambios cuantitativos desde el poder, obviando consultar la voluntad del pueblo cubano. Para muchos la Revolución es víctima y no victimaria y, como tal, le asiste su derecho a no desaparecer. De hecho, sobre todo en la academia norteamericana, el anti-castrismo prácticamente constituye harassment intelectual.

Asimismo, a los cubanos no nos quedaría otra que colaborar con el gobierno en la construcción de un capitalismo bajo control que ya es irreversible, sin dejar de ser “irrevocable” el carácter socialista de nuestra Constitución. En esta transición de tramoya, de memoria corta donde el horror fue a lo sumo un error, la libertad es un lastre con riesgo de terminar en debacle. Y esta astuta amenaza de muerte nos obliga a una lealtad como sustituta post-socialista de la legalidad.

No se manda un país como si fuera un campamento, le dijo otro poeta a otro general. Pero los uniformados de verde-oliva, ahora con traje y corbata de segunda generación, convirtieron en campamento al país, para no contradecir aquella sentencia a Máximo Gómez de José Martí. El ciudadano sobra, el soldado salva: el desinterés del uno se somete a la disciplina del otro. Al 2018 lo anuncian como el nuevo 1958. Tras 60 años de poder inconsulto, la biología por fin anuncia un calendario sin Castros. Después de esperar lo mucho, los cubanos podemos esperar lo poco, acostumbrados a una cuestión de familia entre una sexóloga parlamentaria y un coronel — como Putin — del Ministerio del Interior. Encargada de la reproducción la una y de la represión el otro; del placer ella y del poder él; la académica y el castrense, la diplomacia y el descaro; la mascarada y la maldad.

La lógica invertida de invertir en semejante Cuba es que, detrás de la plusvalía, se precipita el pluripartidismo: los vouchers propiciando las votaciones; la barbarie borrada a golpes de banco; del Ché a la chequera. “Lobos con pieles de cordero”, podría llamarlos el laico Lenier González, como antes a los disidentes sin Dios, porque la nave de la nación zozobra entre un frente de acción económica afuera y otro de resistencia pacífica al interior.

Acaso para evitar tales sospechas, los empresarios extranjeros no ostentan de sus ganancias a costa del mercado cautivo insular. Invierten casi con ánimos humanitarios, aunque a la postre se le decomisen sus bienes y no pocos terminen deportados, presos, o muertos de infarto durante los interrogatorios con los órganos de Seguridad. En el caso de los exiliados cubanos, ni siquiera se les invita en plenitud de derechos para residir en su propio país. Y esa ilusión de invertir en la Isla, como nostalgia o labor-terapia, la justifican con que el dinero dinamiza a las dictaduras mucho más que la dinamita. Si no pudimos vivir en democracia, al menos tendremos una dictacracia. Empresas de partido único y oposición de oropel. Como quien va a trazar un garabato norcoreano y le sale un exquisito caligrama chino. O como en aquellos animados de infancia, donde un Tirano es vencido por un antílope dorado, que lo ahoga lanzándole monedas, convertidas en barro cuando el rajá se sacia y grita: ¡ya basta!

LA ECONOMÍA

Cuando oigo hablar de economía, echo mano a mi pistola.

Paradojas primermundistas. La posible candidata demócrata a la Casa Blanca le susurra al Presidente Obama en el último de sus hard choices: levante el embargo a Cuba, porque afecta nuestra agenda amplia latinoamericana. Y el de la Cámara de Comercio viaja a un país presidido por un general que durante décadas denigró las cámaras de comercio, y le dijo: yes, you can.

La economía es demasiado importante para dejarla en manos de los economistas.

Directivos del goliat Google aterrizan en el reino en ruinas de David, y los reciben en un búnker de la censura digital, la Universidad de Ciencias Informáticas, cuna de la Operación Verdad, donde se desprestigia a los cubanos convencidos de que todavía es posible una vida en la verdad. ¿Cómo googlear a un gobierno que, como el perro del hortelano, ni nos conecta ni deja que nos conecte otro?

Dentro de la economía, todo.

El presidente de una organización continental que desde 2009 le implora a Cuba su re-inserción, va a La Habana y no se atreve a preguntar la causa de ese desprecio. Lo acompaña un Secretario General que se pela sin interpelar a las autoridades por las decenas de detenciones ilegales durante su visita.

Fuera de la economía, nada.

Ex brigadieres del ejército y agencias de inteligencia, embajadores ante la OTAN, la OEA, y la Oficina de Intereses en La Habana (en su momento lapidados por la propaganda castrista como torturadores, golpistas, agentes de la guerra sucia anti-cubana, y un extremista etcétera). Halcones esta vez con plumas de cordero, que suscriben no un ultimátum no a su archienemigo del hemisferio, sino al Presidente que tendió su mano al Caribe y ha recibido a cambio un puño cerrado, incluido el contrabando de armas, el secuestro de un rehén estadounidense para canjearlo por talibanes cubanos, lo pactos con los enemigos de la democracia y el mercado, y los atentados de Estado contra nuestros Premios Andrei Sajarov a la Libertad de Pensamiento: Laura Pollán y Oswaldo Payá.

Economía o muerte, venderemos.

Contrario a la estampida de los cubanos en la novela Todos se van de Wendy Guerra, a Cuba todos vienen, todos invierten a la primera oportunidad. Nadie quiere perder su porción de pastel despótico ya a punto de transición.

LAS INVERSIONES

Las inversiones son urgentes para el despegue material de un país, pero no debiera invertirse a cualquier precio político, so pena de caer en economicismos que nos dejan igual de dependientes del exterior y no menos vulnerables a la impunidad interior. La soberanía en esas condiciones es un chiste.

El capital foráneo no ha traído democratización a la Isla, pero impedir invertir tampoco ha sido fuente de libertad política. Siendo su contraparte, las inversiones son a su vez como el embargo comercial de Estados Unidos a Cuba: no han influido en el bloqueo ciudadano del castrismo contra los cubanos. Oswaldo Payá creía en una redención de la persona humana que trascendiera tanto al Estado como al mercado. Y esa simple visión ética se hizo cualitativamente impracticable para un poder a perpetuidad, así cuente con la complicidad de la mayoría de la nación. Porque si un pueblo elige a un líder y un partido únicos, ese líder y ese partido únicos están entonces en el deber moral de relativizar esa ceguera cuantitativa, no de entronizarse en ella. Junto al anglicismo de una “oposición leal”, los cubanos merecemos un gobierno leal al pueblo que se retire, de acuerdo con una ley lógica, incluso por encima de la voluntad popular.

Por ahora, a la iniciativa privada en Cuba no le asisten sus derechos de asociación, propiedad, participación, expresión, ni de medios de producción. Los cuentapropistas cubanos exhiben su inverosimilitud hasta en Washington DC, pero en la Plaza de la Revolución sólo pueden marchar en masa con sus pancartas de propaganda. No se les invita a invertir en Cuba y por eso sus licencias son prebendas coyunturales. Cuando acumulan liquidez, según tiende a invertirse nuestra pirámide poblacional, escapan sin armar escándalo, pues es preferible un país de paso: el post-totalitarismo como post-trampolín. Ese plebiscito con los pies es imparable, con inversión o sanción, con insolidaridad o injerencia. De tanto exportar guerrillas y guerras, aprendimos a pelear nuestros pesos de costas afuera, dejándonos explotar por los taxesantes que disfrutar de la Seguridad del Estado (o padecerla, si es con mayúsculas).

Al inicio de la Revolución, desde ese paternalismo de ir mintiendo sobre la marcha, Fidel Castro aplicó a rajatabla su ritornelo de “elecciones, ¿para qué?”, “armas, ¿para qué?”, “amnistía, ¿para qué?”, entre otros “¿para qué?” que vaciaron todo sentido previo de nuestra nacionalidad. La Revolución no sólo se instauró por decreto como fuente de derecho, sino como criterio de la razón. Todo sobraba entonces: el dinero, para empezar. A ese mismo octogenario filantrópico, pues, debiéramos provocarlo en público antes que la senilidad se anticipe a sus cenizas: “inversiones, ¿para qué?”

Y acaso él replicaría con una parodia de aquel plagio suyo del fascismo europeo: invertid en Cuba, no importa, la historia los confiscará.

About Orlando Luis Pardo Lazo

Orlando Luis Pardo Lazo, writer, photographer, blogger, social activist from Havana. In 2014 he compiled the narrative anthology Cuba in Splinters (O/R Books, New York). His digital photo- book Abandoned Havana has been recently published by Restless Books (New York, 2014).