Traducción de OLPL

NOTICIAS DE MIAMI

Estamos Conectados

Vanessa Garcia

Traducción del inglés: Orlando Luis Pardo Lazo

julio 22, 2021

Estamos conectados

Vanessa Garcia

Anoche tuve un sueño.

Yo estaba parada frente a Luis Manuel Otero Alcántara, uno de los líderes del Movimiento San Isidro, ese grupo de artistas y ciudadanos en la isla que ha sido una de las chispas del motor de arranque de este momento de la historia de Cuba. Un momento en que el pueblo cubano comienza a recuperar su voz. Y cuando han salido valerosamente a las calles, a pesar de los pesares, arriesgando sus vidas con tal de romper las cadenas de una dictadura de 62 años. Luis Manuel se encuentra actualmente desaparecido. Desaparecido por el Estado.

En mi sueño, sin embargo, yo aún estoy cara a cara con él, los dos parados sobre el agua, a varios pies de distancia. De mi pecho a su pecho, sale una raíz retorcida que nos conecta, corazón a corazón. Espinosa por partes, manchada de sangre. Y por partes, apenas floreciendo con botoncitos de color naranja flamboyán. En otras partes, es de metal. Pero esas partes brillan con una luz que intenta curar lo oxidado. Ambos, Luis Manuel y yo, nos miramos cara a cara y yo siento entonces que mi corazón, halado desde su raíz, va a salírseme del pecho. Pero no se sale, sino que se aferra con más fuerza, vibrando dentro de mí. Conectándonos.

“Estamos conecta´os”, así termina Luis Manuel muchos de sus videos en las redes sociales, hablándole a la gente de nuestra isla. Y yo siento esa conexión también fuera de la isla, en nuestra diáspora.

Todos estamos conectados

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Foto por Vanessa Barcelo

Junto a este intensísimo sueño, recién hemos despertado de una pesadilla en la que Cuba es ese sitio al cual va la gente a divertirse a pleno sol, mientras que, de puertas adentro, una dictadura doblega brutalmente a un pueblo puesto de rodillas.

Es una pesadilla en la que nadie oye nuestras voces, a uno y otro lado del mar. Ni las voces de dentro de Cuba, ni las Casandras de la diáspora.

Somos descendientes de hombres y mujeres que se lanzaron al mar. Algunos de esos cuerpos se hundieron hasta el fondo brutal del océano, mientras intentaban escapar en balsas improvisadas con neumáticos y retazos de lona.

Somos descendientes de gente que vitoreaba “el año que viene en Cuba”, hasta que la frase les laceró la garganta. Hasta que perdieron toda esperanza. Y ahora llevamos esas voces dentro de nosotros y las proyectamos a nuestro mundo.

Somos los que huyeron en 1959, en 1961, en 1974, en 1980, en 1994, en 2014, y ayer.

Somos los que hemos tenido que ver a los estudiantes norteamericanos usando al Che y a Fidel en sus T-shirts. Imágenes que, para nosotros, equivalen a la daga de un capirote blanco junto a una cruz de fuego.

Le hemos enviado recursos a cada una de nuestras familias. Las hemos alimentado cuando el gobierno los dejó sin comida. Nunca le aplicamos ningún embargo a nuestro pueblo, únicamente a su gobierno.

El régimen cubano engordó a costa de acuerdos con empresas foráneas, mientras nuestro pueblo sufría hambruna. El régimen cubano ha culpado al embargo estadounidense, cuando ellos mismos constituyen el bloqueo. Tal como les contesta en una canción el rapero cubano David D´Omni: “El bloqueo aquí eres tú, que no quieres dar la luz”.

Lo que hemos sabido durante generaciones, el mundo por fin lo sabe ahora. O más bien, apenas comienza a saberlo. Porque hay muchas historias que contar, muchas historias que deberán ver la luz.

Hay mucho por hacer. Este es sólo el comienzo.

El pasado sábado 17 de julio, Willy Chirino se dirigió al pueblo cubanoamericano frente a la Torre de la Libertad y citó a José Martí, nuestro poeta patriota: “Cuando de la libertad se trata, todo al fuego, hasta el arte, para alimentar la hoguera”.

No importa cómo se sienta esa raíz que crepita entre nosotros y nuestro pueblo en este momento, ni cuánto nos duela. Precisamente por lo mucho que duele, es que no podemos dejarla extinguir. Tenemos que mantener vivo su fuego.

Somos una cadena humana parada sobre el agua. No podemos soltarnos o nos hundiremos hasta el fondo del mar, sin llegar a ver jamás las raíces que nos conectan y resuenan en un renacer glorioso.

No hay tiempo para volvernos los unos contra los otros en este momento. No importa quién votó por quién en las pasadas elecciones. No importa si tenemos diferencias de opinión. Tenemos que unir todas las fuerzas en nuestra causa común: derribar la tiranía de Cuba, de una vez y para siempre. Es hora de que el pueblo de Cuba recupere su voz. Han sufrido para lograrlo. Los han asesinado en las calles, masacrados por su propio gobierno para lograrlo. Nuestro trabajo es amplificar sus mensajes y luchar junto a ellos en esta causa. Y educar al mundo para que entre en acción de manera pacífica.

El régimen está haciendo sus jugadas. Es un juego muy viejo que ya conocemos de sobra. Esta vez lo jugaremos mucho mejor que ellos, mostrándole al mundo las cartas del régimen, las barajas que esconden, el dominó que ellos mismos han trancado.

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Foto por Glenda Padro Castañeda

De pronto me asalta un nuevo sueño. Un sueño en el que todos —tantas generaciones, todas tan desgarradas— estamos de pie y nos damos un abrazo sobre la tierra firme de una Cuba libre.

Sí, estamos conectados.

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We are all Connected

By Vanessa Garcia

Last night I woke up from a dream.

In the dream I was standing in front of Luis Manuel Otero Alcántara, one of the leaders of the San Isidro Movement – the movement of artists and Cuban citizens on the island, which has been one of the sparks in the engine that gave rise to this moment in Cuban history. This moment when the Cuban people have begun to take back their voice. When they have bravely taken to the street, despite all odds, risking their lives in order to break the shackles of a 62 year-old dictatorship. Luis Manuel is currently missing, disappeared by the State.

In my dream, however, I was face to face with him, and we were standing on water, several feet apart. From my chest to his there was a twisted root connecting us, heart to heart. It was thorny in places, touched with blood. In other spots, it was beginning to bloom with tiny orange Flamboyant buds. In other sections it was metal, but those parts glowed with a light that was trying to heal the rust. And we, Luis Manuel and I, were looking face to face at each other and I felt as though my heart, which was being tugged by its very root, was going to come out of my chest. But it didn’t come out of my chest, it gripped harder, vibrated inside me. It connected us.  

Estamos conectados,” is how Luis Manuel ends many of his social media videos, speaking to the people on the island. And I feel that connection outside the island too in our Diaspora.

We are all connected. 

Alongside this powerful dream I had, we have also all awoken from a nightmare in which Cuba was a place people went to for fun in the sun while a dictatorship brutally pushed its people to their knees behind closed doors. 

A nightmare in which no one heard our voices on this side of the ocean or the other. Not the voices inside Cuba; not the Cassandras of the Diaspora.

We are the children of men and women who threw themselves to the sea. Some whose bodies sunk to the bottom of raging oceans as they tried to cross in makeshift rafts of rubber; shards of canvas. 

We are the children of people who cheered: “Next year in Cuba,” until the phrase scraped their throats raw. Until they lost the hope. We carry their voice within us and we project it to the world now.

We are the people who fled in 1959, 1961, 1974, 1980, 1994, 2014, and yesterday. 

We are the people that have had to watch American students wear Che and Fidel on their chests, their images, to us, equal to the dagger of a white pointed hat alongside a cross on fire. 

We have sent our family money directly, we have fed our people when the government starved it. We have never embargoed the people, we have only embargoed the government. 

The Cuban regime made itself fat on deals with foreign companies as the Cuban people starved. The Cuban regime has blamed the American embargo, when it is the regime itself that has been the blockade. As the Cuban rapper, David D Omni, sings to the regime: “el bloqueo aquí eres tu que no quieres dar la luz,” the blockade here is you, who does not want to give the light. 

What we have known for generations, the world knows now – or is, rather, only beginning to know. There are many stories to tell, to carry toward the light. 

There is work to do. This is only the beginning. 

This past Saturday, July 17th, Willy Chirino spoke to the Cuban-American people in front of the freedom tower and quoted Jose Martí, our patriot poet. He said: “When we’re talking about freedom, everything must go to the fire, even the arts, in order to feed the flame.” 

No matter what that vibrating root between us and our people feels like right now, how much it hurts – because of how much it hurts – we cannot let go. We must keep the flame alive. 

We are a chain of people standing on water and we cannot let go of each other or we will sink to the bottom of the sea, without ever seeing our connective roots blare their glorious bloom. 

There is not a single second in which we can turn against each other right now. It doesn’t matter who voted for who in the last election. It doesn’t matter if we have small differences of opinion. We must all join forces under our singular cause: to bring down the tyranny of Cuba, once and for all. It’s time that the people of Cuba take their voice back. They have suffered for it, they are dying in the streets for it, slaughtered by their own government for it. It is our job to amplify their messages and fight alongside them; educate the world into action — peacefully. 

The regime will play its game. But it is an old game and we know it all too well. Let’s play it better. Let’s show the world the regime’s cards, the decks they’ve stacked, the dominoes they’ve locked.

I have a new dream now. In which we are all— the generations torn apart —  standing and embracing on the soil of a free Cuba.

We are all connected.

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