Año Cero: el evangelio de los enlaces rotos

Año Cero: el evangelio de los enlaces rotos

Mujercitos Magazine

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Orlando Luis Pardo Lazo

1La pandemia trajo consigo conceptos, cadáveres y, como corresponde, conceptos cadáveres. 2Perdí amigos del alma; gané maneras de mirar. 3En ambos casos, una debacle: la intuición inconsolable de un cubano sin Cuba que, de súbito, cae en la cuenta de estar habitando en un tiempo arcano, ajeno, atroz. 4Anacrónico.

5Uno de esos amigos que murió me regaló un concepto cadáver. 6Hacía frío esa noche. 7Las navidades estaban a punto de extinción en el hemisferio occidental. 8Discutíamos por chat sobre el título de la novela que yo debía de haber escrito hacía rato, según él. 9Enlaces rotos, ese era su concepto. 10Pero el mejor escritor vivo de Cuba debe ejercitar una y solo una virtud viril: no dejar escrito ni pinga. 11La vida y la literatura son antípodas antitéticas, de estéticas excluyentes.

12La tristeza no me dejaba dar un teclazo, por lo demás. 13Yo ya había escrito lo que yo iba a escribir, que no era un texto, por supuesto, sino una actitud. 14Inventarse toda una generación de escritores caníbales. 15Nombrarla Generación Año Cero y colocarla a la cañona en el centro del canon cubensis16Después, los críticos literarios me la robaron, con sus comemierdurías democratizantes de convertir al ghetto en nación. 17¿Qué más novela queréis ahora de mí, lectores de poca fe, si he sacrificado por vosotros el bodrio barbárico de mi vocación? 18Cubanos al pie de la horca: os he amado; estad alertas. 19Y, por favor, iros misericordiosamente al carajo.

20Tener sexo se había convertido en el único antídoto efectivo, efímero, contra mi propia excritura21Que escriban Wendy Guerra y Leonardo Padura. 22Que publique la Editora Política del PCC. 23Fuera de Cuba, se acababa el 2020 y la Era Trump pertenecía a la prehistoria, a los archivos clausurados del paleocapitalismo.

24Mi amigo y yo teníamos infartada en el corazón la esperanza de otros cuatro años sin justicia social. 25Íbamos a extrañar al fascismo en los Estados Unidos, única fuente de libertad en medio del fundamentalismo de la corrección política y el lenguaje inclusivo. 26Del asco pasamos al vértigo; del vértigo a la náusea; de la náusea a la resistencia; de la resistencia a la rendición. 27La verdadera continuidad del castrismo era aquí, no allá. 28Nos sentíamos como lo que éramos: dos desaparecidos por partida doble. 29Primero, a patadas analógicas, en la Isla de la Ilustración. 30Y ahora, en aquella noche gélida de nuestro mutuo wi-fi, la utopía por fin nos daba alcance en pleno exilio cubano, gracias a un golpecito de Estado postal.

31Mi amigo me dejó un mensaje de voz: “quiero leer Enlaces rotos antes de morirme”.

32A la mañana siguiente, había muerto. 33Un hombre abandonado en el hospicio neoyorkino que le cubría su inseguro asocial de marielito con disability.

34Quiero creer que no fue el coronavirus la causa. 35La masificación de la muerte es una obscenidad, con sus estadísticas tan exhaustivas como estériles, que vacían de sentido a la más pletórica de las biografías. 36Preferiría pensar que murió de lo que mueren los cubanos sin Cuba: de irrealidad histórica, de la imposibilidad de distanciarse de su impropia cubanía, de inmanencia insular. 37Cubansummatum est.

38Ahora tengo un motivo menos para escribir Enlaces rotos, pues mi amigo muerto nunca la va a leer. 39Mi novela conceptual ha abortado amablemente en cadáver. 40Como esta columna a medias para la maldad mediática de Mujercitos Magazine.

41Así y todo, la sección o disección Enlaces rotos tendrá que tender un puente entre los contemporáneos que quedamos. 42Un látigo, pero con cascacastros en la punta. 43A falta de proletariado, habrá que epatar a las viudas de la Revolución Cubana: de no ser mucho pedir, violarlas. 44Nada tiende a nada; todo ha colapsado con todo. 45A estas alturas de la historieta patria, la fidelidad felizmente nos fagocitó. 46La ideología ha inhumado al individuo. 47La bobería beatíficamente nos brutaliza. 48Y, tras seis décadas de Edipo Rey en La Habana, con la internet caímos de culo en un Edipo Rev de sesenta y dos mil milenios.

49Días antes de su testamento oral, mi amigo me había contado un sueño que tuvo en aquel hospicio. 50Perdónenme, ya sé que entre cubanos sin Cuba es un lugar común soñar con José Martí. 51Desde la guajirá antiimperialista de Alfonso Hernández Catá, hasta la mamada apostólica de Zoé Valdés.

http://www.lajiribilla.co.cu/2009/n422_06/elcuento.html

52Pero a mi amigo también se le apareció el hombre de La Edad de Oro53Y le decía en el sueño que no se muriera todavía, que no fuera como esa niña que estaba enamorada de la luna y no la podían sacar al jardín cuando había luna en el cielo, porque le tendía los bracitos como si la quisiera coger, y se desmayaba de la desesperación porque la luna no venía. 54Y Martí le hacía entonces a mi amigo un “topi-topi” en la frente, cabeza con cabeza, así, con esa palabra, “topi-topi”. 55Como si fueran dos bebés traviesas recién nacidas, en lugar de dos cubanoamericanos crucificados en una cama desconocida: dos criaturas sin casa, cada cual con su respectiva peste a cadáver intergeneracional.

56Desde entonces, perdónenme de nuevo, llevo media pandemia y dos dosis de Pfizer intentando no soñar con el singaíto espectro de José Martí. 57La ternura es la antesala del terror. 58Antes, en Cuba, lo único que le pedía a Dios es que yo quería sobrevivir al cadáver de Fidel Castro. 59Ahora, después de Cuba, en este genocidio a cuentagotas llamado el siglo XXI (anagrama artero del XIX), lo único que le pido a Dios, un poco al estilo del Apóstol, es que Fidel Castro aún no muera.

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