Porno para Baby

Opinión

Porno para Baby

¿Caben en la blogosfera cubana tanto los delirios disidentes de Gorki Águila como la ‘iconofilia en jefe’ del reguetonero Lores?

Orlando Luis Pardo Lazo, La Habana | 16/07/2009

En el mejor de los casos, la blogosfera cubana simula una enciclopedia de falacias que roza el analfabetismo ilustrado. En el peor, supura puro fascismo de Recycle Bin.

Nuestra noción de nación futura ya está 100% virtualmente representada allí, en la world wide wuba. La comentariada cubana refleja las mismas taras y atrocidades de la tradición nacional, el mismo espíritu policíaco a la hora de leer sin humor, la misma falta de elegancia preburguesa primero y posproletaria después, el mismo lenguaje cársico de una intolerancia casi ininteligible, los mismos ataques ad hominen (el cubano es el lobo del cubano): en resumen, el chancleteo semiótico de un pueblo protopresidiario que se aburre a pan y circo frente al monitor.

El caso de Baby Lores y su reguetón sobre Fidel Castro, colgado en YouTube, es sólo nuestro último escandalito virtual.

Es como si no quisiéramos desmarcarnos de nuestra Historia en el reino libre del ciberespacio. Los actos de repudio en tiempos de Revolución, los asesinatos extrajudiciales durante la República, los campos de concentración coloniales (entre otras heces exquisitas): es como si esa tara tétrica debiera ser replicada ahora en el espejo o espejismo de la internet. Un fatalismo.cu, un flatulento fatum sin forum.

El caos de Baby Lores no importa. Se trata sólo de un indicio de nuestra mutua iniquidad, un síntoma significativo de nuestro know-how (el aullido como fenotipo del poder). En tanto intelectual de límites, me da grima tanta pobreza expresiva.

Cuando el piquete punk Porno Para Ricardo despotrica contra El Comandante en un tema homónimo, a nadie se le ocurre pensar que se trata de una cancioncita diáfana y no de un oscuro complot. Es un chiste, aunque les haya costado muy caro a sus autores (en arte, la represión no cuenta). Es un gesto radical que hace cortocircuito entre lo cómico y lo macabro, pero interpretado por músicos y no por políticos profesionales.

Como toda música, tiene menos de protesta que de carnaval. Uno puede incluso cabecear al ritmo de El Comandante de Porno Para Ricardo, pero no se trata en absoluto de una sesión del Parlamento cubano en transición. Nuestro Edipo Rev no debería cegarnos tanto.

Cuando Baby Lores compone su show audiovisual comandantesco recibe, por un lado, una tunda de ofensas personales de pésima calaña, y, por el otro, la sesuda censura oficial. Y otra vez a nadie se le ocurre pensar que las opiniones de un autor pueden mutar de tema en tema, sin perjuicio de su credibilidad. No se trata de un demagogo ni de un predicador, sino justamente de eso: un show-man, una máquina de significados, un ente eminentemente excéntrico en tanto creador. La Ética podrá ser útil así en la calle como en la academia, pero aplicarla a rajatabla a la Estética se llama Inquisición.

Los anónimos, un jaque a la autoridad del autor

Creo que Cuba carece de un sentido cultural para el espectáculo. Nuestro escepticismo nos torna cínicos al punto de lo criminal. Somos fundamentalistas desde la teoría hasta el cabaret. Esto nos convierte ipso facto en pacatos desfachatados, en ascetas hedonistas, en hipócritas verosímiles, en represivísimos libertinos. No denosto, apenas describo. No me quejo, sólo acoto. No hay rabia, acaso razón.

Yo mismo he sufrido en texto propio las advertencias predelictivas de semejante lectura fiscal. Cuba confunde ex profeso texto con contexto, acto ficticio en primera persona con auto testimonial bajo palabra, libertad artística con mala fe de interpretación penal. Me pregunto si no será contraproducente la moda de permitir esa Blitzkrieg de comentarios cubanos. Esa (mala) suerte de anonimocracia constituye un jaque al descubierto a la autoridad del autor. Como en las nacioncitas arrasadas por el crimen organizado, puede que en Cuba cada vez sea menos recomendable firmar una obra (limítrofe o no).

La blogosfera cubana debía ser más esférica y menos cubana. Millones de huecos alternativos entrelazados (por primera vez tocan a infinitos por persona: no hay libreta web de racionamiento), pero independientes. Incontables catástrofes contadas desde cualquier recodo del planeta: un parque temático Cubaworld donde quepan tanto los delirios disidentes de Porno Para Ricardo como la Iconofilia en Jefe de Baby Lores: la www debiera abolir nuestra lógica provinciana de vigilancia y castigo.

Nada de mega-movilizaciones ni super-encuestas. Nada de monolitismo colectivista y todo de elitismo privado. En última instancia, nada de democracia: la blogosfera cubana, por contraste con el plano social, se merece menos “demos” y más “creatividad”.

Sospecho que difícilmente tal sea nuestro escenario. La Ley de los Máximos Hits manda. Nuestros lectores ya no desean la molestia de ningún autor. Después de tanto monólogo maniqueísta hiperpolitizado, hoy todos quieren escucharse a sí mismos. De manera que el Otro es sólo una justificación para autorreafirmarnos. Ni siquiera se lee para negar, sino para ningunear. Así, cliqueamos de página en página y cloqueamos los comentarios a nombre de nuestro dios El Lugar Común. A semejante énfasis perverso en la nada cubana se le denomina, supongo, Identidad Nacional.

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