Luna de Reykjavík

MONDAY, FEBRUARY 13, 2017

Doble, decrépita, indecente, iridiscente.

Magnífica e insignificante.

La luna loca de Reykjavík.

No me hagan cuentos los poetas.

Yo la he visto. Tú, no.

Ni se hagan poemas los cuentistas.

Nadie la ha visto. Tampoco tú.

Arrodillada en una catedral católica con santos de lava.

Rezando por los muertos que van a nacer.

Mamando leche de géiser,

nata de glaciar,

calostro de las auroras boreales.

Detrás de nubes basálticas.

Delante ni siquiera de Dios.

Luna atea, juguetico de ático.

Luna una.

Desafinando el órgano monstruoso de Hallgrímskirkja.

Pataleando en los laguitos con cisnes incestuosos de Tjarnargata.

Palabras tan monstruosas como la música coral de Islandia.

Paisajes de la Tierra, antes o después de la Tierra.

En un país donde nunca es ahora.

Tiempo cíclico, cínico, clínico.

Toda isla es un reloj roto, pero todavía con cuerda.

Reloj reumático, retórico.

Luna tic tac, delirante y didáctica.

Luna orate, de remate.

Luna uña.

No me hagan cuentos los poetas.

Yo vengo de una isla; tú, no.

Ni se hagan poemas los cuentistas.

De esa Islandia que nadie ha visto; tampoco yo.

Islotes indistinguibles.

Isomería de puta tierna en una lengua lunar, lunártica.

Madre mala y misericordiosa.

Páramos bajo una intemperie total, totalitárida.

Tiranos de utilería septentrional.

Paraíso de un proletariado vikingo, virtuoso y vil.

Luna política, íntima.

Yo la he visto. Tú, también.

Satélite diurno, luz al límite.

Ilimitada.

Magma magnánimo y miserable.

La luna lúcida de Reykjavík.

Noches en que Cuba no existió (13): OLPL

Hoy, viernes 16 de Abril, Orlando Luis Pardo Lazo lee a Orlando Luis Pardo Lazo. Un podcast insomne de una hora de duración, para conectar la medianoche que muere con la madrugada que resucita.

A pura voz, con la palabra de Orlando Luis Pardo Lazo tomando en préstamo la palabra perdida e imperdible de los escritores de una Isla que soñó una Revolución y despertó en una pesadilla.

Letras para despertar a los cubanos sin Cuba, mientras convocamos el sueño y agradecemos la vigilia, desde la ausencia presente y la cercana lejanía que compartirmos, en confianza de noctámbulos, solos tú y yo.

A solas, pero acompañados por la memoria de nuestra Isla imaginaria, de donde la Utopía fue lo primero que se exilió.