La Jornada, Marzo 2021


Cultura

 2021-03-07 09:20

La propaganda como fenómeno de masas. El pequeño libro rojo y otras historias / La Semanal

Mao. Andy Warhol, 1972.
'El Che', de Alberto Korda.

La propaganda, recurso inagotable que los medios masivos de comunicación modernos han llevado a su máxima expresión, desde mediados del siglo pasado convirtió a Mao, ‘el Che’ y Einstein, entre otros, en símbolos de una época y, con ello, en referentes culturales instantáneamente reconocibles en todo el planeta. En este ensayo se habla con respaldo histórico de ese poderoso proceso del que, a querer o no, todos somos objeto.

I. La década de 1960

La década de 1960 fue de protestas y revoluciones; fue de marchas contra la guerra, ocurrió el primer alunizaje y nació una nueva música liderada por The Beatles. La transformación era inminente y en ninguna parte resultaba más obvio que en la China moderna, con el estallido de la Revolución cultural en agosto de 1966. Pero en 1964, Citas del presidente Mao Tse-tung, llamado el Libro rojo o Pequeño libro rojo –una serie de citas recopiladas de las conferencias y escritos de Mao que ayudarían a guiar a sus compatriotas–, impactaría a la sociedad. Era pequeño para caber dentro del bolsillo de una camisa y conservarlo cerca del corazón, recuerda el librero anticuario Justin g. Schiller en el ensayo “1964: El pequeño libro rojo”.

II. Warhol y Žižek frente a Mao

Uno de los diversos desenlaces de esta historia implica la llegada de Andy Warhol (Pittsburgh, 1928-Nueva York, 1987) a China. En 1982 Warhol tuvo la oportunidad de visitar Pekín y contemplar el célebre retrato de Mao Tse-tung (Shaoshan, Hunan, 1893-Pekín, 1976) que se cierne sobre la Plaza de Tiananmen. En una fotografía tomada por uno de sus acompañantes, Warhol posa entre una multitud de chinos a las afueras de la Ciudad Prohibida. Sus brazos están rectos a los lados, sus dedos se mueven inquietos y el rostro de Mao cuelga detrás de él, borroso pero aún presidiendo. Lo narra Julian Gewirtz –investigador en la Universidad de Oxford– en The Atlantic.

Otro desenlace reside en el análisis de la Revolución cultural china realizado por Slavoj Žižek (Liubliana, 1949) en Mao. Sobre la práctica y la contradicción (traducción de Alfredo Brotons Muñoz, Akal, Madrid, 2010): “Hay, pues, más allá de todas las burlas baratas y analogías superficiales, una profunda homología estructural entre la permanente autorrevolución maoísta, la permanente lucha contra la osificación de las estructuras estatales y la dinámica inherente del capitalismo.”

III. El Libro rojo y el pop político

Mao Tse-tung, máximo dirigente del Partido Comunista de China (pcch), llegó al poder en 1949, año en que proclamó la República Popular China. Fue líder del país hasta su muerte en 1976.

El tercer libro más divulgado de la historia, tras el Corán y la Biblia; esencial para comprender el pasado, el presente y el futuro del país asiático; caracterizado por su tamaño y color, Citas del presidente Mao Tse-tung, conocido como el Libro rojo, es obra del ministro de Defensa y jefe de las fuerzas armadas chinas, Lin Piao. El volumen, publicado en 1964, recoge citas y discursos pronunciados por Mao Tse-tung. El editor Ramón Akal González recuerda que se convertiría en un libro de enseñanza ideológica.

Lin Piao escribió un respaldo, en caligrafía, exhortando a la gente a “estudiar los escritos del presidente Mao, seguir sus enseñanzas y actuar de acuerdo con sus instrucciones”. Promocionar el Pequeño libro rojo contribuyó a su brillo y prestigio, y en 1969 fue nombrado sucesor de Mao. Cuando se reveló, en septiembre de 1971, que la familia de Lin Piao había planeado el asesinato de Mao, su avión fue derribado sobre Mongolia y se le ordenó a la gente que arrancara la página de respaldo del vicepresidente Lin “para erradicar su nombre de la historia moderna”. Actualmente los ejemplares intactos –que incluyen la página de respaldo de Lin– son invaluables entre los coleccionistas. El Libro rojo es portátil: de apenas 12 centímetros de alto, está encuadernado en vinilo rojo; cabe en la palma de la mano. La versión definitiva contiene 427 citas distribuidas en treinta y tres capítulos.

El librero anticuario Justin G. Schiller –destacado especialista en literatura infantil, ilustraciones originales y la Revolución cultural– escribió en The New Antiquarian que, aunque el libro estaba originalmente destinado a una lectura inspiradora, se hizo tan popular que, en un plazo de dos años, se decidió que todos los ciudadanos chinos deberían tener una copia para leer, memorizar y seguir. A finales de 1967 se estimó que se habían impreso 700 millones de copias. El libro se tradujo a más de cincuenta idiomas y, a finales del siglo xx, se cree que se habían impreso más de 5 mil millones de copias.

Simultáneamente, el arte de propaganda creado durante la Revolución cultural china ha sido un tema ampliamente estudiado. En la tesis From Propaganda to Pop Culture: How Maoist Propaganda Transformed Into a Global Art Commodity (Harvard University, Cambridge, 2019) [De la propaganda a la cultura pop. Cómo la propaganda maoísta se transformó en una mercancía de arte global], el investigador Andrew O’Keeffe analiza la evolución artística del arte de propaganda de Mao Tse-Tung, cómo los propagandistas chinos saturaron al público extranjero con iconografía maoísta y cómo la apropiación de esos símbolos transformó las obras de la propaganda en arte pop.

El Partido Comunista de China carecía de relaciones diplomáticas significativas en el extranjero, pero emprendió una campaña de propaganda internacional con el objetivo de promover a Mao como líder simbólico del proletariado mundial, afirma O’Keeffe. Sin alianzas influyentes, los propagandistas chinos eludieron los canales diplomáticos tradicionales y saturaron a las audiencias de todo el mundo con propaganda en forma de transmisiones de radio, revistas, folletos, pinturas y libros con citas de Mao. La distribución china de la propaganda maoísta fue tan extensa que las imágenes se volvieron significativas a nivel global. Además, la apropiación de los símbolos maoístas por parte de grupos extranjeros llevó a una transformación artística específica de las causas de los grupos de izquierda internacionales.

Finalmente, la propaganda alcanzó un punto crítico de reconocimiento mundial y penetró en el ámbito de la iconografía de la cultura pop. Simultáneamente ocurría la liberalización de China. Marcó el comienzo de una nueva era en la que los símbolos de la propaganda maoísta se convirtieron en artículos y bienes en el mercado mundial del arte. Artistas de todo el mundo han explorado los iconos maoístas, que aparecen regularmente en subastas y en exposiciones en todo el mundo.

Los grupos izquierdistas internacionales que simpatizaban con el mensaje de Mao crearon su propio tipo de propaganda y, por lo tanto, actuaron como extensiones involuntarias del departamento de propaganda chino. Como ejemplo inicial, el Partido Comunista Francés (pcf) de principios de la década de 1960 es un modelo interesante de cómo las publicaciones al estilo del pcch influyeron en un movimiento maoísta dentro de Europa. Como el partido político occidental más receptivo al mensaje de Mao, una facción dentro del pcf se desplazó hacia el liderazgo simbólico de China, después de una creciente privación de derechos con las políticas de la urss durante la división chino-soviética. Como método para distribuir estas ideas entre el público francés, entre 1968 y 1972 se imprimió La Cause de Peuple [La causa del pueblo]. Esta revista tenía mucho en común con su contraparte china, Peking Review, asevera O’Keeffe.

El investigador de Harvard recuerda que la política de países como Uruguay, Colombia, Panamá, Venezuela y Perú fueron temas comunes dentro de Peking Review. Como una forma de dirigirse a las audiencias latinoamericanas, las publicaciones a menudo incluían artículos con titulares como “Las fuerzas revolucionarias latinoamericanas crecen bajo la iluminación del pensamiento de Mao Tse-Tung.” Los escritos de Mao todavía se venden en las librerías de anticuarios de Brasil, México y Chile.

Andrew O’Keeffe presta atención a los movimientos contraculturales dentro de Estados Unidos. El Partido Pantera Negra adoptó las enseñanzas e imágenes de Mao en su propia ideología durante la década de 1960. Después de regresar de una visita a China en 1971, el fundador del Partido Pantera Negra, Huey Newton, proclamó que China era la verdadera tierra de la libertad y creía que Mao era el líder de las naciones en vías de desarrollo de todo el mundo.

IV. Punto de inflexión

Hubo un punto de inflexión en la propaganda, afirma el investigador de Harvard. Como resultado de casi una década de alcance internacional a través de una implacable y amplia campaña de propaganda, el simbolismo de la Revolución cultural, especialmente la imagen de Mao, alcanzó una masa crítica e irrumpió en la cultura occidental dominante. Coincidiendo con la histórica visita del presidente Richard Nixon a China en 1972, Andy Warhol produjo sus primeros grabados de Mao. Estos grabados eventualmente se convirtieron en algunas de sus obras más famosas. Marcaron un momento transformador en la historia de la propaganda de la Revolución cultural. El impacto de ambos eventos en la perspectiva occidental de China marcó, dice O’Keeffe, un cambio en las normas diplomáticas y culturales.

O’Keeffe aclara que, como en los casos del retrato de Marilyn Monroe o el cuadro de las latas de sopa Campbell, Warhol creía que la imagen de Mao había alcanzado un estatus tan generalizado y reconocible que encajaba perfectamente con su concepto. Estas imágenes de Mao se habían convertido en un hilo conductor que unía a muchos grupos a través de un entendimiento compartido. La propaganda del pcch ya no era simplemente emblemática de China, sino que era una iconografía comunitaria reconocida por una audiencia global. Por la influencia de una campaña de propaganda, el pcch había creado uno de los retratos más reconocidos del planeta. Al explotar esta iconicidad, Warhol separó la imagen del hombre del “estado casi sobrenatural” que había alcanzado Mao. La imagen de Mao fue absorbida por “el éter de la iconografía de la cultura pop para ser consumida por el grupo demográfico exacto contra el que predicaba la revolución.” Warhol –concluye O’Keeffe– logró ser el primer artista de alto perfil en desafiar el estatus mítico de Mao a través del arte.

V. El Che en el mundo contemporáneo

El Che es omnipresente en el mundo contemporáneo, sugiere el periodista Jon Lee Anderson en bomb Magazine: “viajando por todo el mundo seguía tropezando con el Che. En Birmania encontré a estudiantes que habían huido de Rangún y trataban de convertirse en guerrilleros. Estaban escondidos en la jungla con cualquier libro que pudieran tener en sus manos: todo, desde la constitución yugoslava hasta textos de Abraham Lincoln, Mao y el Che. En Afganistán, algunos miembros de la facción Jamiat-I-Islami admiraban al Che. En Salvador, conocí a una joven guerrillera que tenía diecisiete años. Ella estaba en el campo, en el frente, y sus padres, que también eran guerrilleros, eran clandestinos en la ciudad. Me habló de las cartas que le escribió su padre a través de su sistema de mensajería en las que le recordaba que fuera como el Che.”

VI. El Che de Korda

El escritor y fotógrafo cubano Orlando Luis Pardo Lazo narró en Smithsonian Magazine la historia detrás de la foto del Che tomada por Alberto Korda (La Habana, 1928-París, 2001). El fotógrafo capturó por casualidad la imagen icónica del revolucionario. Alberto Díaz Gutiérrez –quien se cambió el nombre a Korda– fue el exfotógrafo de moda que le dio la inmortalidad de la cultura pop a Ernesto Guevara de la Serna (Rosario, 1928-La Higuera, Bolivia, 1967).

“La foto se convirtió en una de las imágenes más reproducidas de la historia, rivalizando con las de Mona Lisa y Marilyn Monroe con sus faldas volando. Era el Che como deidad, y se volvió viral. De Bolivia al Congo, de Vietnam a Sudáfrica, de la urss a Estados Unidos, el Che de Korda se convirtió en el apóstol del anticapitalismo y en el icono definitivo para los activistas sociales pacíficos en todas partes, a pesar de que el propio Che había predicado el odio como una herramienta para el gobierno”, cuenta Pardo Lazo.

El escritor evoca la memorabilia y exclama: “¡Cómo circulaba su taza!” De las barricadas estudiantiles de París en 1968 a la portada del álbum American Life, de Madonna. A los carteles psicodélicos de Jim Fitzpatrick. A las gafas de sol de Jean-Paul Gaultier. Desde cajas de puros hasta condones, desde Che Christ hasta Che del orgullo gay, de dormitorio a dormitorio y de campo de refugiados a campo de refugiados. A la fachada del Ministerio del Interior en la Plaza de la Revolución de La Habana.

Pardo Lazo afirma: “Una vez que fue un símbolo de una sociedad que luchaba por la abolición definitiva del dinero (durante la década de 1960 se lanzaron al menos tres experimentos comunales en el campo cubano para lograr este objetivo), el Che de Korda ahora se ha convertido en su propia forma de moneda capitalista: un souvenir, pin, cartel o camiseta turística. Cuando The Rolling Stones actuaron en la Ciudad Deportiva de La Habana (provocativamente en un Viernes Santo), el Che de Korda dio la bienvenida a ‘sus majestades satánicas’ en su forma heroica habitual, con excepción de la lengua que sobresalía de su boca: el icono de The Rolling Stones, grande, gorda y más roja que nunca.” El Che de Korda ha tomado innumerables formas. Hoy en día se puede ver al Che fumando marihuana en Ámsterdam o usando orejas de Mickey Mouse en Londres.

El Che de Korda fue publicado por casualidad. La foto comenzó como un rechazo, una imagen informativa que un periódico cubano no publicó. Se utilizó para decorar el estudio de Korda. El viernes 4 de marzo de 1960, un barco explotó en el puerto de La Habana, matando a más de un centenar de trabajadores e hiriendo a muchos más, incluidos transeúntes que se apresuraron a ofrecer ayuda. Era el buque La Coubre, cargado con toneladas de armas compradas en Bélgica por el gobierno cubano y transportadas secretamente al Caribe. Korda fue asignado para cubrir los funerales del día siguiente en el Cementerio de Colón, cuenta Pardo Lazo. Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir se encontraban entre los invitados de honor. Cerca de ellos estaba el Che.

Alberto Korda recordaría su “mágico clic del obturador del Che”: “Al pie de un podio decorado de luto, tenía mi ojo en el visor de mi vieja cámara Leica. Me estaba enfocando en Fidel y las personas que lo rodeaban. De repente, a través de la lente de 90 mm, el Che emergió por encima de mí. Me sorprendió su mirada. Por puro reflejo, disparé dos veces, horizontal y verticalmente.”

VII. Feltrinelli en La Habana

Un par de meses antes de la muerte del Che, el empresario y editor italiano Giangiacomo Feltrinelli llamó a la puerta de Korda en La Habana. Llegó a Cuba directamente desde Bolivia y le entregó a Korda una carta de Haydée Santamaría, entonces presidenta de Casa de las Américas, un grupo de expertos culturales que estaba ayudando a exportar la ideología de la Revolución cubana, solicitando que le proporcionara a Feltrinelli una buena imagen del Che. Korda –sostiene Pardo Lazo– señaló la pared de su estudio, donde aún colgaba el cuadro que pasó por Revolución, periódico que ya no existía. “Ésta es mi mejor foto del Che”, dijo. Feltrinelli pidió dos copias y al día siguiente Korda hizo dos impresiones.

Heredero de una de las familias más ricas de Italia, Feltrinelli había dedicado su considerable energía a causas radicales de izquierda. Con el cadáver del Che en Bolivia, comenzó a vender millones de carteles que usaban la foto de Korda pero no mencionaban al fotógrafo cubano. Cuando Fidel Castro le entregó una copia del diario del Che de la selva boliviana, Feltrinelli lo publicó con la foto sin firmar de Korda en la portada.

Según su hijo, Carlo, Feltrinelli bautizó la obra maestra de Korda “Che in the Sky With Jacket”, un homenaje a “Lucy in the Sky With Diamonds”.

En 1972, Giangiacomo Feltrinelli, el hombre que ayudó a sacar de contrabando la novela Doctor Zhivago, de Boris Pasternak, fuera de la Unión Soviética en los años 1950, fue encontrado muerto cerca de Milán, aparentemente asesinado por sus propios explosivos, junto a una línea eléctrica de alto voltaje que posiblemente intentaba sabotear. Las sospechas de suicidio y asesinato todavía rodean su muerte. Los soviéticos nunca lo perdonaron por ayudar a Pasternak, como tampoco perdonaron al Che por ser un admirador de Mao, cuyas aspiraciones globales estaban en conflicto con las suyas.

Justo antes de su muerte –recuerda Pardo Lazo–, Korda presentó y prevaleció en algunas demandas legales y finalmente el Tribunal Superior de Londres confirmó sus derechos de autor. Luego pudo detener el uso de su imagen del Che en los anuncios de vodka Smirnoff, argumentando que consideraba tal explotación comercial como un insulto al legado del guerrillero heroico. Korda insistió a la prensa que ni él ni su héroe bebieron alcohol. Recibió 50 mil dólares del asentamiento, que donó al Estado cubano para comprar medicamentos para niños en el mercado internacional.

El Che de Korda fue absorbido por la cultura pop, pero para muchos todavía simboliza al guerrillero “eternamente encabronado y doliente.”

VIII. Einstein pop y pacifista

En un texto incluido en los nbc News Archives, “The culture of Einstein” [“La cultura de Einstein”], el periodista estadunidense Alex Johnson estudió el impacto de Albert Einstein (Ulm, 1879-Princeton, 1955) en el mundo: fue tan inmenso que cualquier evaluación debe ir más allá de las ciencias para abarcar las múltiples formas en que cambió la cultura.

“La imagen estándar de Einstein es la del genio que cayó del cielo o que camina por la calle y, de repente, se siente abrumado por una brillante idea”, dijo Robert Schulmann, exdirector del Einstein Papers Project y coeditor de sus artículos recopilados. Recibió una formación clásica, dice Johnson, habiendo obtenido su doctorado en la Escuela Politécnica Federal de Suiza. En 1909 estaba en camino a la cima del mundo académico. Schulmann dijo: “Einstein trabajó durante diez años en lo que se convirtió, en 1905, en la teoría de la relatividad especial. Es decir, probablemente tuvo la brillante intuición de la simultaneidad a las seis semanas de publicarlo, como él mismo dice.”

La estima que Einstein ganó en la ciencia significó que cuando hablaba del mundo en general, la gente escuchaba. Einstein comenzó a expresarse en contra de la guerra y la violencia antes de la primera guerra mundial, pero después de que los experimentos durante un eclipse solar demostraron la relatividad general en 1919 (“La teoría de Einstein triunfa”, decía un subtítulo de la historia en The New York Times), se convirtió en una estrella de la noche a la mañana.

Einstein fue una sensación mediática. Los titulares de primera plana lo siguieron por todo Estados Unidos cuando llegó de gira en 1921, y sus pronunciamientos sobre la paz lo convirtieron en la “conciencia del mundo.” Una vez que se vio obligado a abandonar Alemania durante el ascenso de Hitler, Einstein emergió como un símbolo principal del pacifismo en el siglo xx. Pero el compromiso de Einstein con el pacifismo nunca fue absoluto, como se pensaba públicamente. En 1939, seis meses después del descubrimiento de la fisión del uranio, comenzó a trabajar en una carta instando al presidente Franklin d. Roosevelt a construir la bomba atómica, por temor a que Alemania llegara primero. Años más tarde calificó la súplica como “un gran error en mi vida” y dijo en una carta al presidente Harry s. Truman: “No sé con qué armas se peleará la Tercera Guerra Mundial, pero la iv Guerra Mundial se peleará con palos y piedras.”

La fotografía de Albert Einstein sacando la lengua, publicada en 1951, capturada por el reportero Arthur Sasse, de 15.8 por 14.5 centímetros, lleva en su reverso una estampa de su publicación en la prensa, con “International News Photos” como crédito. Einstein respondió así cuando le pidieron su foto en la celebración de su setenta y dos cumpleaños en Princeton. Se volvió una de las fotografías más icónicas del mundo y una de las más reproducidas e imitadas.

El alcance de Albert Einstein se extendió mucho más allá de la ciencia y el pacifismo. En diciembre de 1999, la revista Time lo proclamó “Persona del siglo”.




 AUTOR

Alejandro García Abreu

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