Uber Cuba 0126

UBERCUBA

Uber Cuba 0126

Orlando Luis Pardo Lazo

Noviembre 25, 2020

Y pasó lo que tenía que pasar. Tarde o temprano los hombres libres caen abatidos por el odio a la libertad. Tarde o temprano todos caemos bajo el paso imponderable de ese pánico histérico del colectivo.

Lo recogí en la esquina de la 1600 Pennsylvania Avenue y el parquecito de Lafayette, en Washington DC. Junto a la estatua de Andrew Jackson, el séptimo presidente de los Estados Unidos. Otro grande. Otro icono que más temprano que tarde la chusma ilustrada va a venir a tumbar, con camisetas carísimas del Che Guevara y recitando las aleyas musulmanas de Mao.

Había llovido bastante desde Andrew Jackson hasta hoy, viernes 20 de noviembre del 2020. La cuenta de los presidentes norteamericanos iba ya por el número 46. Pero quien se montó en mi taxi no fue el número 46 (quien por cierto estaba de cumpleaños ese día, según la babosería de izquierda con que amanece Twitter en cada uno de nuestros días demócratas).

No. Este era Republicano, a juzgar por la elegancia del sobretodo y los guantes que portaba. Este era el número 45, el penúltimo de los presidentes del mundo libre. Un rubio blanco de gafas negras que todavía ejercía sus funciones ejecutivas cuando abrió la puerta trasera del Uber y se sentó de un tirón, sin usar la mascarialla reglamentaria según las leyes de la compañía californiana.

Era, por fin, el presidente incumbente Donald John Trump, mi amor.

Parecía un niño abatido al que le hubieran quitado su juguete favorito. 

Se parecía a mí, desde que se acabó la Revolución Cubana. 

Se parecía a Orlando Luis Pardo Lazo, desde que salió de La Habana en marzo de 2013 para nunca volverla a ver, mi otro amor.

Trump y La Habana: mis amores perdidos, mis pesadillas de exiliado sin nada más a lo que asirse. 

Esta película parece que está a punto de terminarse.

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