El Nuevo Herald, Septiembre 2015

‘Boring Home’: Cuentos simbólicos de La Habana

Olga Connor

ESPECIAL / EL NUEVO HERALD

4 DE SEPTIEMBRE DE 2015

El mundo barroco ha vuelto a La Habana, con una prosa deslumbrante por lo inesperada, en el libro Boring Home, de Orlando Luis Pardo Lazo. El título es un homenaje a un autor de culto que se suicidó, Guillermo Rosales, cuya novelita Boarding Home ganó el premio Letras de Oro 1987 en Miami y el premio del amor entre sus seguidores.

Boring Home es un libro de cuentos, que también resultó ganador, de un premio, el de Novela de Gaveta Franz Kafka, en Praga, en el 2009. Al publicarse en Cuba de manera clandestina, Pardo Lazo sufrió persecución y censura, en parte por ser el bloguero que fundó Lunes de post – revolución. En principio, él es bioquímico de carrera, y fotógrafo y periodista de profesión, que trata el vocabulario español como si fuera una suerte de conjunto de principios determinantes de la vida humana. Esto se puede ver en su cuento al final Tábula hiperiódica de los elementos, una especie de diagrama para la comprensión de sus fórmulas.

Su visión científica le ha llevado a la consideración lingüística, la que plantea que las palabras al nombrar son una estructura simbólica que ejerce un poder especial sobre la naturaleza humana. No hay posibilidad de contar la anécdota o describir al personaje sin primeramente comprender que todo se registra con ese vocabulario, el cual cambia al ser escrito, por fuerza de su permanencia indefinida.

Por eso es esencial mirar esa Tábula o tabla, para darse cuenta del sistema filosófico de Pardo Lazo en todos sus cuentos. Como un nuevo Quevedo, el escritor conceptualiza, comenzando con su obsesión en todo el libro, La Habana, el número uno de la tabla. Luego el número dos es Héroes. Porque con ese cuento del heroísmo nos han tenido a todos los cubanos “mangados”, es decir, confundidos y atrapados en una ilusión delirante.

Después está para él la literatura, y el béisbol para los demás, deporte nacional, en una jerarquía de conceptos que en forma dialéctica han ido conformando la vida cubana. Usando ese parámetro del cuento que le da cierre al libro podemos jugar en cada cuento con las correspondencias. Él nos ha puesto frente a un sistema que se parece al del ajedrez, con infinitas posibilidades en cada una de sus narraciones. El autor está apostando frente al lector, con su álter ego, Orlando, que dice desde el primer momento en Decálogo del año cero: “Estoy perfectamente sano, pero día a día La Habana me enferma más”. Para darse cuenta de este juego delirante hay que ver lo que sigue. “Ipatria lo tomó del brazo y lo haló. O empujó. O ambas palabras. Y así escaparon del sol cubano”. En Cuba halar o empujar pueden ser lo mismo. Es un nuevo “vo-cu-ba-la-rio”.

La máscara se encierra en cada aspecto del lenguaje. Es lo primero en que se centró la Revolución Cubana al cambiar los símbolos, por ejemplo, Plaza Cívica se llamó de la Revolución, le pertenecía al gobierno, no al pueblo. El personaje Orlando le dice a Ipatria “Así se llama esta nueva crisis: Habanada –y le dio pequeño beso en los labios–. Gracias mi amor, por ayudarme a nombrar”. Esa percepción del autor, de que en Cuba todo se renombró para poder cambiar el pensamiento y los hábitos, el carácter entero de los cubanos, es lo que hace de este libro una joya de basamento vital para los que quieran en el futuro entender lo que nos pasó, lo que sucedió.

Todo cuento tradicional lleva encerrada una ironía básica para crear el nudo y el desenlace inesperado. Pero aquí cada párrafo, cada oración puede capitalizar el sentido irónico del acto de contar o describir el entorno. Por ejemplo, en esta frase: “Hacía un sol de perros, de jauría”; o “luz delirante y dura como fotones de cuarzo irreal”. Y también el nombre de su amada, Ipatria, que quiere decir la negación de la Patria. Su sentir de su patria chica –La Habana actual– es adolorido, sufriente, que cala hondo a quien la reconoce en toda su inmensidad. Cada lector puede escoger aquí un cuento favorito. Están llenos de esa humanidad desgarrada que nos describe a todos.

Carlos Alberto Montaner al presentarlo en el Festival Vista dijo que había dos clases de narradores, los que se centraban en la anécdota y los que preferían adentrarse en el carácter del personaje, considerando a Pardo Lazo de esta última estirpe. En el cuento Campos de girasoles para siempre, que como se sabe remeda otro título famoso, de los Beatles, “Strawberry Fields Forever”, se ve esta realidad de sentimientos íntimos desbordados en el lenguaje.

Estos relatos son tesoros de la literatura cubana actual. Hay que aprender con Orlando, el narrador, el personaje, a deslumbrarse y también a sufrir con esa atmósfera que él crea de La Habana de Cuba: la de antes, la de hoy, la de siempre.

olconnor@bellsouth.net

‘Boring Home’, por Orlando Luis Pardo Lazo, (presentación de Yoani Sánchez, prólogo de Albinson Linares, Libros El Nacional, Venezuela, 2013). Escribir a orlandoluispardolazo@gmail.com para adquirir el libro.

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Orlando Luis Pardo Lazo. ARCHIVO EL NUEVO HERALD

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