Un pequeño paso

Un pequeño paso para la humanidad, un gran salto para el hombre

Orlando Luis Pardo Lazo

SATURDAY, MAY 16, 2020



Yo sé que vas a votar por Alexandria Ocasio-Cortez. Te veré con ironía trabajar para su administración, Luna Isabel, mientras el sesentón sexy yo te cuenta la contranarrativa de las eras remotas de Castro y Trump.

Yo sé que crecerás en un país que, para tu papá y el papá de tu papá, fue un mito, una meta. Un paraíso, un imposible. Y ahora de pronto se ha hecho realidad cotidiana para ti. Ojalá que algo de ese mito, de esa meta, de ese paraíso, de ese imposible, lleguen genéticamente hasta ti. Y no lo pierdas nunca. Es el trauma, pero es también el tesoro de los que vivimos y morimos en tiranía (compréndenos con compasión, Luna Isabel, porque toda vez conocida en carne propia, la tiranía nunca nos abandona).

Yo sé que mi español extremo será como una curiosidad arcaica, y que después, en tu adolescencia, acaso te resulte una cosa cool. Aunque para entonces, cool también sonará a arcaísmo de antaño para tu generación, Luna Isabel, como obsoleta será la palabra arcaísmo misma, porque el lenguaje verbal en el siglo XXI mutó a un argot audiovisual.

Y sé que reencontrarte con la inconcebible Cuba de tus ancestros devendrá tu privilegio y pasión. Yo, tu ancestro, prometo no interferir. O interferir un poquito, pero de lejos, que es la mejor manera de estar lo más cerquita posible de ti (y perdóname el pecado de los tantos diminutivos, diminuta Luna Isabel).

Es la hora de los dinosaurios, Luna Isabel, pero todavía no vamos a desaparecer. La extinción en masa de los cubanos, como el cielo sin traducción de un exilio sin exiliados, tendrá que esperar por ti.

Luis Manuel Otero Alcántara in memoriam

Luis Manuel Otero Alcántara in memoriam

Orlando Luis Pardo Lazo

SUNDAY, MARCH 8, 2020

Luis Manuel Otero Alcántara es un artista cubano, por supuesto, entre otras cosas, porque él mismo ha decidido definirse así. Desde el inicio, esto constituye de facto su más creativa acción de arte performático, no efímero, sino reincidente, al posicionar a su autor conceptualmente en contra del poder-saber de un Estado. En particular, cuando se trata de un Estado totalitario. Y mucho mejor en términos estéticos cuando ese Estado totalitario es amado y acatado por la mayoría de los artistas del mundo libre, quienes legitiman con su complicidad el rótulo de “Revolución” para la Revolución.

Así, estamos ante un escenario exclusivo que un artista provocador tiene el deber de poner en crisis, al precio que sea necesario. Y Luis Manuel Otero Alcántara lo es: un artista y un provocador. Mientras el alto arte cubano continúa acuartelado en las galerías, galeras, groserías y demás bienales del aburrimiento estatal, Luis Manuel Otero Alcántara ha decidido hacerse arrestar 1959 veces por los milicos de verde oliva. Porque su público secreto y selecto es ese y no otros: el oficialado obsoleto del Ministerio del Interior cubano. Porque su lugar no está en los catálogos de vanguardia impresos en tetracromía de importación (y para la exportación), sino en las cárceles contrarrevolucionarias de una nación desaparecida, en medio de la apatía atroz de una ciudadanía sin ciudadanos.

Al respecto, la bandera cubana, usada como mortaja seminal por mí mismo una década atrás, sigue siendo hoy el trapo heroico natural para envolver la bolsa de basura en que Cuba ha convertido a su propio cuerpo, que es, por supuesto, el cuerpo descuartizado del país. Una isla circo, circular, cínica, clínica, donde los luises manueles oteros alcántaras se definen a sí mismos como artistas, como póstumo acto de resistencia local.

Luis Manuel Otero Alcántara es un artista cubano, por supuesto, entre otras cosas, porque, bajo el imperio de la justicia social, como es el caso de la Cuba de Castro, el pueblo en pleno es una obra de arte de un Estado-Papá que lo mismo te da la papa que te da paupau. Léase, que lo mismo te aúpa que te despinga.

El mundo está mirando. Y esa mirada más o menos mediocre-mentirosa-miedosa ocasionalmente puede salvar uno a uno a los siervos del socialismo. Ojalá sea este ahora el caso, y la solidaridad consiga sacar a Luis Manuel Otero Alcántara de su calvario en clave castrista, salvándolo por el momento de la necropolítica de la izquierda insular e internacional. Pero, es esa misma mirada más o menos mediocre-mentirosa-miedosa la que nos condena a los cubanos a continuar uno a uno como siervos del socialismo.

Luis Manuel Otero Alcántara es no sólo una metáfora, sino también una maroma del Mal. Su existencia como cuerpo libre dentro de Cuba es reveladora. En el incinerador de la ideología, su obra cumbre es iluminar. Y, para esta misión emancipadora, en lo personal nunca vi otra alternativa que quemarse.