Uber Cuba 0041

UBERCUBA

Uber Cuba 0041

Orlando Luis Pardo Lazo

Febrero 12, 2019

Soñé que iba en un taxi Uber por las calles de La Habana. Como siempre que sueño con Cuba, me despierto con dolor de cabeza y llorando. Y con ganas de mear.

Fui al baño. Todo me daba vueltas. Tenía un ataque de pánico, que se somatizaba como un ataque de vértigo. Y frío, mucho frío. Temblaba hasta los tuétanos. Estaba haciendo un tremendo inviernito en Saint Louis.

Pensé que tenía fiebre. Pensé que iba a vomitar bilis y vino verde. Pensé en lo fácil que sería morirme así como así, en plena Norteamérica, y que ni uno solo de los cubanos se enteraran hasta muchos días después, por los titulares fake de la prensa plana. Pensé que esto era la soledad. Y que acaso esto debía de ser también un poco ahora la felicidad, porque no por gusto en Cuba me aterraba morir una muerte entre conocidos de toda la vida.

Morir en anonimato es sinónimo libertad. Quien no tiene nombre, no puede sufrir.

Oriné larga y largamente a la luz de la luna, que se colaba por el vidrio gélido de mi bañito de alquiler. 500 dólares al mes. En el exilio nunca he visto una cucaracha, pensé. Tampoco una hormiga. Eso, aunque parezca no tener mucho sentido, forma parte de la tristeza de soñarse en un taxi Uber por las calles de mi primera ciudad: aquella Habana aséptica, descucarachada, inhormigable. 500 dólares es el precio del ecocidio. ¡Viva el aburrimiento, abajo la biosfera!

Miré la hora en mi celular. Las cuatro y pico de la mañana. Y ya casi era día. Qué extraño es todo en este mundo de afuera, pensé. ¿Desde cuándo no veía un reloj despertador de cuerda, de los metálicos, hecho en la CCCP? Vivir fuera de Cuba es estar atrapados en una burbuja de transparencia y cansancio extremo, donde hasta usar el lenguaje nos exhausta, por tratarse de un lenguaje sin conexión ninguna con lo real: una lengua muerta que no significa nada, más allá de su significado vacío, vaciado. Un argot amable, pero que ya no nos emociona en absoluto, un blablablá de los otros, por los otros, y para los otros, donde nosotros los cubanos ya no pintamos nada. Seres transparentes. Fantasmas de una Fidelidad fósil.

Volví a mi cama. Traté de dormir un rato más. Me dolían los pulmones de tanto toser, por el frío. 500 dólares y una calefaccioncita central de mierda. Me dolían las caderas, supongo que por la mala posición en la cama. En realidad, un canapé. Me dolía el cuello, por el desgaste de los discos desquiciados de mi columna vertebral. Me dolía dormirme y tener que volver a soñar que iba en un taxi Uber por las calles de La Habana.

Ciclos. El tiempo es un retrovirus. La memoria del amor muerto hace ahora imposible la experiencia viva de lo que es el amor. Esto se está acabando, compañeras y compañeros. Hasta la próxima caricatura. Algo menos que soñar.

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