Casi Casey

Última foto de Calvert Casey en CUBA

Pia McHabana, Lev Bialik, Najla Ulitsa

MONDAY, MAY 18, 2009

El texto paga. The text pays. Le texte paie.

El texto pega. Y fuerte. En pleno rostro.

Ristras de casi letras, casi sílabas, casi sentencias, casi lápidas.

Casi Casey, en su casi casa Cuba, cartacuba de los tétricos tesoros, a la que destinó esperanzas de salvación durante más de un quinquenio, asomado a su balcón de Luz y Oficios.

Después no pudo zafarse de la visión abalconada y buscó otra vista en Gèsu e Maria, en otro balcón de Roma. Cadalso.

Una Roma roma, por supuesto. Post-neorrealista. Pésima y pasolínica. Una mueca de casi Cuba.

¿Por quién se matan los escritores casi cubanos? ¿Por cuál de ellos doblan las campanas de la catedral cuarenta años después? ¿O será que se desdoblan, con una cara o cruz oculta en el bolsillo y otra alma corriendo hacia la luz?

Hacia Luz y Oficios: el ritornello, el eterno retorno de nadie al ningún sitio a donde nunca perteneció.

Memorias de una isla, memorias de un decapitado, memorias del subdesarrollo, memorias de un norteamericanito que se suicidó antes del siglo.

Ahora que en diminutos flashes guardamos los dioses rotos de San Isidro y mata, que Dios perdona, las únicas notas porno que se permite la isla desde la violación de las monjas de la primera Lucía…, ahora que La Siempreviva y La Gaceta reacomodan tu casi cadáver retocado, pintarrajeado, con la nariz empolvada para nuevas fotos…, acaba de podrirte, Calvert Casey, entre los peces muertos de la bahía, bajo los cráteres y las raíces salidas como garfios del fondo del mar de tu casi matria.

Mátanos, mátanos, mátanos…

Mártires, marías y maricones…

(Y entonces aparece en el cajón de una momia escritural poscubana la última foto donde apenas se te reconoce, casi piñeriano en un banco caquéctico junto a dicen que Olga Andreu, los dos ya a punto de parodiar sus mutuos suicidios de sábado.)

Jesú Marí de la Roma retórica, retruécana: reza por nosotros, pescadores pecadores.

El texto peca, pesca incautos, engatusa como una Vasumitra provinciana de la calle Paula (no el no. 1, sino el dígito del burdel).

Caminando por Oficios, desempleados en otro fin de semana de barbitúricos bárbaros, hemos extrañado la homofobia de escolares sencillos de los sesenta.

Hoy todo es una jodida Jornada Mundial y decorados de días decrépitos. Casi no nos merecemos a Casey.

Cuarenta años tampoco son suficiente calvario para su casi calavera, que descansa en el cementerio de veraneo de Roma, ciudad cerrada.

Lanzados desde el balcón trasero de un edificio del Vedado, de cara a la Avenida de los Ex-Presidentes; sumidos, sueño adentro, amodorrados sobre un lecho de pensión, de prisión, catre romano, después de haber hecho marchar a la casera, que no te encontrará hasta el lunes, presumiblemente pútrido, apátrido… ¿Hay alguna diferencia sustancial?

La jungla de la pesadilla tropical es la misma, la miasma. Qué delicada y deliciosamente sumergido en ti, te encontramos, al fin feliz dentro del cuerpo de otro, en una sucesión de ventanas, windows avant la lettre, de balcones que miran al patio interior, al patíbulo intestino, de las catacumbas romanas, abajo de tu luneta-balcony una farmacia de farmacología asesina de período especial (tú mismo un pharmakos expulsado del paraíso policiaco), y al frente las cloacas que penetran deeper and deeper en los muelles (de los lechos y leches) habaneros otra vez… ¿Hay alguna diferencia abismal?

As I get deeper and deeper into the jungle, I am endlessly attracted, embraced, and rejected by the myriad shapes, the tentacular beings of the uncharted forest, the tiny monstrous flowers, the endless process of creation and destruction, the thousand karmic wheels no one could have suspected down here, repeating themselves millions of times along the long descent.

I could write endlessly about my passage through the semilunar folds, the opalescent light where the strangest creatures, half-animal, half-vegetal, open and close, degenerate and regenerate, disembowel in mass suicides only to swap fragments and reunite, seconds later. That part of my trip takes years, so strong is the fascination of the sickly glare, which takes on a subtly different shade under each fold.

I let myself be embraced by the billion creatures swarming through me, crowding in the thick juice through which I swim in silence. I choose one at random, perhaps the most attractive, perhaps the most horrid one, and let myself be engulfed and swallowed like a corpuscle being devoured by a white cell. What infinite quietude, what peace then…

How come I had never thought of this? This is happiness. There is no other word. In the depth of the innermost fold I have found it. This cancels and obliterates years of exhausting and useless search. I am happy. At last!

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