Prófugos de Cudillero

Prófugos de Cudillero

Orlando Luis Pardo Lazo


Para Monita y Manuel,

mis eternos abuelos desconocidos

por parte de padre.

Prófugos de Cudillero,

caídos por azar polizón en un bar de tapas

del downtown siempre en riesgo de tuberculosis

de esa isla infinita llamada Manhattan,

el mismo año en que un cometa cansado y cruel 

iba a acabar con La Tierra

pero increíblemente no la acabó.

Prófugos de Cudillero,

rebotando de vuelta a casa en otra imposible isla de ultramar,

madrastra patria a donde los expatrió de por vida

el uppercut de un inglés intraducible,

la nieve sucia de la gran depresión yanqui

y la nostalgia de aquella Asturias 

asfixiante hasta la adoración.

Prófugos de Cudillero,

dos primos Pardo-Fernández que se amaron analfabetamente

con un amor que no cabía en ningún Diccionario Real,

porque era real y no dependía de la tristeza de las palabras,

pariendo hijos o acaso primos segundos 

en el caserío cubano de Casablanca,

al otro lado de la bahía de esa Marruecos de mentiritas

alguna vez llamada La Habana.

Prófugos de Cudillero,

huyendo de los anatemas y de los mercados,

buscando a España 

hasta en las fonditas de mala muerte del barrio chino,

aferrándose a sus zetas y jotas ya sin resonancia 

en la nación del choteo y lo chabacano,

país sin b largas ni v cortas donde criaron como mejor pudieron 

a tres pobres padres que a su vez criaron como mejor pudieron 

a nietos cubanos que la Revolución de nuevo expatrió,

embarcándolos en tres caricaturas de carabelas

hacia la eterna fuente florida de la soledad.

Prófugos de Cudillero,

con Cuba cariada en una esquina caribe del corazón

y con Asturias agonizando en la senilidad nonagenaria del alma,

primos parias que nunca perdieron de vista a su primera patria

y a los que la miseria jamás les arrebató de sus manos 

el madero miserable de un crucifijo,

ese arcaísmo cubano,

hasta que perecieron en la paz prístina de otra primavera sin cielo,

el mismo año en que el cometa cobarde iba a acabar con La Tierra

pero increíblemente no la acabó.

Prófugos de Cudillero,

ahora me toca a mí la retórica del retorno,

pretender la hipótesis de una patria donde sólo hay perihelios.

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