La revolución congelada, 2014

Este libro aborda la tensa relacion entre la politica y la estetica en la Cuba posterior a 1959. Estudia un conjunto de materiales diversos la doctrina guevarista sobre la guerra de guerrillas y el hombre nuevo; ensayos y cronicas de intelectuales extranjeros que visitaron la isla en los anos sesenta; la novela policial revolucionaria, principal contribucion cubana al realismo socialista, y finalmente la ruina habanera, motivo central de la narrativa y la fotografia del periodo especial como manifestaciones de lo que Alain Badiou ha llamado pasion de lo real, esa paradoja definitoria del novecientos en que la voluntad de trascender la representacion termina produciendo nuevos simulacros.En todos los periodos de la larga era revolucionaria los utopicos sesenta, los sovieticos setenta y ochenta, y finalmente el momento post-comunista que dura ya mas de dos decadas el autor rastrea como esta pasion por lo real desemboca fatalmente en espectaculo revolucionario. Esta paradoja subyace a las dialecticas de la revolucion, en tanto se pasa del pueblo como sujeto de la politica al pueblo como objeto de la politica, del instantaneo evento revolucionario al interminable regimen revolucionario, de la politizacion del arte a la estetizacion de la politica. Situar la Revolucion cubana en el gran contexto historico al que pertenece ese siglo marcado por el deseo radical de superar la separacion del arte y la politica propia de la sociedad burguesa permite echar luz no solo sobre el arte revolucionario en Cuba socialista, sino tambien sobre la revolucion misma como obra de arte. Ella, que pretendia superar, junto con el mercado, el tipo de alienacion que la tradicion marxista ha llamado reificacion o espectaculo, se convierte en mercancia y puesta en escena, especie de artefacto producido y consumido en un circulo vicioso. Por esta cooptacion de la fuerza de las masas en dictadura revolucionaria, la revolucion cubana resulta, como la francesa y la rusa, una revolucion congelada. Pero tambien lo es en un segundo sentido, el que comportan sus paradojicos efectos conservadores, particularmente manifiestos tras la caida del muro de Berlin. Alli donde, forzando el libreto pautado por la propia Union Sovietica, una vez se pretendio construir simultaneamente el socialismo y el comunismo, viejos edificios y carros americanos nos devuelven a los anos anteriores al parteaguas de 1959. Es justo la pasion de lo real, ese radicalismo que en los sesenta se manifesto en la voluntad de abolir por igual el mercado capitalista y la autonomia burguesa del arte, lo que desemboca en la profunda melancolia de unas ruinas artizadas, auraticas, tan fotogenicas como las propias multitudes enardecidas de 1959 y 1960. La ruina habanera no tipifica, entonces, el momento posterior a la revolucion, sino que viene a ser, en otra peripecia dialectica, la revolucion misma. Revolucion no traicionada, sino mas bien congelada, que aun no termina.

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