Un fantasma cubano recorre el Canal de Panamá

Un fantasma cubano recorre el Canal de Panamá

Orlando Luis Pardo Lazo

7 abril, 2015

El fantasma del Chong Gong Gang recorre Panamá, cargado de hipocresía y (La Prensa)
El fantasma del Chong Chon Gang recorre Panamá, cargado de hipocresía y amenazas para los demócratas de América Latina (La Prensa)

Un fantasma recorre la Cumbre de las Américas: el fantasma del Chong Chon Gang.

Ese buque del mal, en el istmo infartado de una América Latina impotente ante el castrismo como medida de todas las cosas, esa carga mortífera bajo un cuarto de millón de sacos de azúcar, ese contrabando de municiones, armas y aviones que se burló del mundo y puso en riesgo la vida de media Panamá hace dos años, esa momia flotante, como epitafio a un Fidel que atizó todas las guerras civiles de la región, esa boya de la barbarie como faro del populismo despótico que nos corroe en tanto ciudadanos, surca ya, como en una pesadilla, de una costa a otra el Canal, mientras los presidentes no tan democráticos como demacrados se darán las manos entre caballeros y lanzarán sus besitos al aire a las damas en el poder.

La arrogancia que mostró el presidente cubano Raúl Castro al ser detectado su contrabando de armas con Corea del Norte, en julio de 2013, es premiada por fin ahora en la propia Panamá. En aquel entonces, el general, que nunca ha sido electo por los cubanos, dijo: “Bah, son armas obsoletas”, y a nadie le importó la vejación al pueblo panameño en el continente . Ni les importó la vergüenza que sentimos los cubanos de honor ante la violación cometida contra nuestros hermanos.

No por gusto, desde el sovietazgo del socialismo caribeño Panamá siempre fue usado por La Habana como cuartel corporativo para el lavado de dinero de la droga por parte del Ministerio del Interior. Que lo digan los cuatro fusilados por la Revolución cubana en el verano de 1989, más los cientos de sobremurientes defenestrados después en Cuba, semanas antes, y durante, la invasión norteamericana a Panamá.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y la prensa que lo ovaciona, vienen, no a reprender a una región que ultima estudiantes y secuestra la libertad de prensa. Todos se babean por captar el selfie soez entre el mulatito de traje civil y el blanconazo de uniforme brutal, hoy enfrascado en una transición dinástica a un castrismo de segunda generación, con el cohecho de una comparsa que empieza con el cardenal católico cubano y termina en la tiranofilia de los magnates del ex-exilio cubanoamericano.

Sólo así se entiende que Rosa María Payá, hija del mártir cubano Oswaldo Payá —amenazado de muerte y luego ejecutado extrajudicialmente por órdenes de Raúl Castro el 22 de julio de 2012—, fuese humillada por agentes anónimos de la Seguridad Nacional de Panamá, en la mismísima puerta del avión, para que así esta joven líder del Movimiento Cristiano Liberación no pudiera ni acceder a la aduana, evidentemente al margen de esta atroz arbitrariedad. Como al margen afirma haber estado la Cancillería de Panamá. Pero, entonces, ¿quién filtró el nombre de Rosa María Payá antes de que llegara su vuelo, y quién ordenó su captura y coacción, como si fuera una delincuente internacional?

La libertad tampoco tendrá mayor prestigio en la Cumbre oficial de élites, donde el castrismo tira y encoge los hilos históricos de la violencia que todos los gobiernitos de la región acatan

Los matones norieguiformes actuaron, al parecer, por órdenes de la Seguridad del Estado cubana. O, de no ser el caso, por el capricho personal de amenazar ilegalmente a una cubana libre, de toquetear con ostentación su ropa íntima, de fotocopiar sus documentos privados, acaso para remitirlos por fax a La Habana; e incluso, para intentar acobardarla con el chantaje de deportarla a la isla donde el castrismo mató a su mejor amigo —Harold Cepero— y a su papá.

Por favor. ¿Miedo después de la muerte? ¡Tendrían que matar a Rosa María Payá también! Y tendrían que matar a más de una generación de jóvenes dentro de la Cuba decrépita, y también en la nación diaspórica que ya se incuba orgullosa y recubanísima en el exterior. Incluido yo.

El apartheid que los milicos cubanos le impusieron a nuestro pueblo, con decenas de miles de cadáveres, y cientos de miles en estampida, década tras década, nunca tuvo ningún prestigio en el continente. Esa es la culpa de la izquierda internacional. De ahí que los cubanos desconfiemos tanto del latinazgo tercermundista aquí y acullá.

Por desgracia, la causa de la libertad tampoco tendrá mayor prestigio en la Cumbre oficial de élites, donde el castrismo tira y encoge los hilos históricos de la violencia que todos los gobiernitos de la región acatan. Ellos sí se cagan diplomáticamente ante el camaján cubano: ellos saben que Castro sí les puede sabotear su fiesta falaz con un volcán bolivariano de consignas y disturbios a ras de calle. Incluido el boicot de foros.

Por eso los agentes secretos de Panamá la emprenden contra los líderes de la sociedad civil cubana. Por eso el comunicado de correcorre, donde burocráticamente le piden perdón a Rosa María Payá, no es verosímil sino patético.

Por favor, panameños post-Chong Chon Gang, pídanse perdón a ustedes mismos primero porque, desde un navío fantasmal de peligrosidad impronunciable —청천강호—, la muerte de la democracia latinoamericana campea por sus respetos, de una punta a otra del Canal.

The Specter of Castro Haunts Panama Summit

Orlando Luis Pardo Lazo

April 8, 2015

El fantasma del Chong Gong Gang recorre Panamá, cargado de hipocresía y (La Prensa)
The ghost of North Korean ship Chong Chon Gang and its deadly message for the region haunts Panama. (La Prensa)

A ghost ship haunts the halls of this week’s Summit of the Americas in Panama: the Chong Chon Gang.

The vessel, seized in the Panama Canal in July 2013, contained a deadly cargo hidden under 250,000 bags of sugar. The contraband ammunition and weapons on board, bound for North Korea, mocked the whole world and put half of Panama’s population at risk.

It also served as an epitaph for the Castro brothers, who have stirred up all civil wars in the region, and served as a lighthouse of populism that has lured many nations and individuals onto the rocks.

The same drifting-but-dangerous tyranny washes upon on Panama’s shores again this week, as the region’s (un)elected officials arrive to promenade in front of the world’s press for the Summit of the Americas.

Raúl Castro’s arrogance after his arms trafficking deal with Pyongyang became public is now rewarded with an invitation to attend the Summit in Panama. The military general and head of state — never elected by the Cubans — merely shrugged at the time, claiming that they were “obsolete weapons,” and few cared about the humiliation of the Panamanian people. No one cared either about the embarrassment we Cubans of integrity felt at the aggression the regime committed against our brothers.

Since the end of the Soviet era, the Caribbean island’s socialist elite have always used used Panama as its financial headquarters to launder drug trafficking money. Let the four military officers executed by firing squad in 1989 be a witness to that, plus the hundreds of people kicked out in Cuba weeks prior and during the US invasion of Panama in the same year.

US President Barack Obama and his cheerleaders in the press corps come to the region not to reprimand countries that shoot students and curtail freedom of speech. Rather, reporters can’t wait to be the first to snap the photo between the civilian leader and the despot in army uniform, even while both their days as leaders are numbered.

Only through observing this atmosphere of state-sponsored omerta can we understand how Rosa María Payá, daughter of Cuban pro-democracy martyr Oswaldo Payá — threatened and then killed on the orders of Raúl Castro on July 22, 2012 — was humiliated by anonymous National Security agents at the very door of her plane on Sunday in Panama City.

Neither Cuba nor Panama’s Foreign Ministry have owned up to the blunder, so who leaked the name of Rosa María before she landed and who ordered her detention and intimidation, as if she were an international fugitive?

Unfortunately, the cause of liberty is unlikely to sound at the official Summit of the elites, where the Castro regime calls the shots and the region’s governments duly obey.

The Panamanian thugs acted, it seems, at the behest of Cuba’s intelligence agency — or perhaps they just enjoyed illegally intimidating a free Cuban, going through her underwear, photocopying her private documents (faxed to Havana for sure), and even threatening to deport her to the island where the Castro regime murdered her father and her best friend, Harold Cepero.

They should have asked themselves: after all she has been through, how could she be afraid? They’d sooner be able to kill Rosa María, and more than a generation of young people at home and exiled abroad who proudly see themselves as Cuban (myself included), than scare us.

The apartheid the Cuban military imposed on our people, leaving thousands dead and expelling hundreds of thousands decade after decade, never had any real prestige in the continent. That’s the international left’s doing. That’s why we Cubans distrust so much the backing of Latin American governments of whatever stripe.

Unfortunately, the cause of liberty is unlikely to sound at the official Summit of the elites, where the Castro regime calls the shots and the region’s governments duly obey. They quake before the Cuban tyrant; the presidents of the Americas  know that Castro can spoil their party with an eruption of Bolivarian diatribe, protests, and diplomatic boycotts.

That’s why secret agents in Panama target Cuban activists, and why the press release in which the Foreign Ministry formally apologizes to Rosa María is not only disingenuous but pathetic.

Panamanians, you should ask forgiveness, from Cubans and the whole region. Having once allowed a ship of war to enter national territory, you’ve once again permitted the forces of destruction and death to befoul Panama’s waters.

Translated by Daniel Duarte. Edited by Laurie Blair.

Leave a Reply