A qué juegan el Departamento de Estado y la Plaza de la Revolución

A qué juegan el Departamento de Estado y la Plaza de la Revolución

Orlando Luis Pardo Lazo

22 junio, 2015

Se espera que en cualquier momento sea inaugurada oficialmente la embajada de Cuba en la capital estadounidense. (Ilvecchioeilmare.blogspot.it)
Se espera que en cualquier momento sea inaugurada oficialmente la embajada de Cuba en la capital estadounidense. (Ilvecchioeilmare.blogspot.it)

Un rumor revolucionario en Washington DC se puede filtrar de la misma manera desde las oficinas congresionales, que desde una ONG castrista (hoy existen decenas de este tipo en la ciudad, sumando cientos durante décadas desde enero de 1959). Es un rumor que ya no deja lugar para las dudas en la capital norteamericana: en efecto, a finales de junio o a principios de julio se inaugurará en el 2630 NW de la Calle 16, la embajada cubana.

Los incontables agentes de seguridad del Estado que laboran en el aún llamado “consulado” cubano, pasaron toda una semana clavando un asta en el jardín de la mansión. Es una residencia robada por el castrismo al tesoro público de la República y al pueblo cubano. En la práctica ese lugar nunca fue un consulado, pues en términos de personal y gestiones siempre fue una de las “embajadas” más importantes en DC.

Al término de la ineficaz operación de colocar el asta, los albañiles de la policía diplomática cantaron el Himno Nacional de Cuba. No sería de extrañar que ese hit musical terminase en el Top 10 de la revista Billboard o el canal MTV. Contrario a lo pronosticado por el presidente Barack Obama el 17 de diciembre de 2014, en lugar del “todos somos americanos”, que se desprendió de su alegato del cambio de política hacia Cuba, la moda corporativa en Estados Unidos, es que ahora “todos somos castristas”, empezando por muchos sectores del exilio cubano.

Al término de la ineficaz operación de colocar el asta, los albañiles de la policía diplomática cantaron el Himno Nacional de Cuba

Roberta Jacobson, la sonriente Secretaria de Estado Adjunta para el Hemisferio Occidental, negoció (entre otros diplo-delincuentes) con los espías cubanos Gustavo Machín y Josefina Vidal: militantes del Ministerio del Interior castrista, cogidos in fraganti, por lo que ambos fueron sacados de los Estados Unidos en 2002 y 2003, respectivamente, por sus conexiones con las redes de espionaje de La Habana, tanto en la academia norteamericana como en el mismísimo Pentágono.

En el bar The Partisan de Washington DC, fueron todos a sellar con alcohol amnésico y selfies de élite el pacto secreto con el castrismo: ningún cubano a favor de la democracia será invitado a la inauguración de la nueva embajada. Para esto el Departamento de Estado de Estados Unidos mantendrá la fecha clandestina hasta la sorpresa final —con impunidad típica de nuestros trópicos—, y la cuadra completa será protegida hasta por el FBI, de ser necesario, para evitar cualquier manifestación contra este New Deal mejor conocido como el «Nuevo Descaro».

Allí, en una taberna de lujo, libando sus coctelitos Cuba Libre y Habana Nueva, merodearon, como moscas de mercado, los legisladores de ambos partidos yanqui. También estuvo la crema y nata del cabildeo procomunista en el Congreso de Estados Unidos, más la recién estrenada coalición “antiembargo” Engage Cuba —léase, pro-dictadura—, encabezados todos por el embajador en jefe de la Sección de Intereses de Cuba en DC, José Ramón Cabañas, quien desde mucho antes del 17 de diciembre anda de proselitismo turístico, desde Pittsburgh hasta Tampa, y de vuelta con escala en Nueva York, implorando inversiones foráneas y créditos financieros, a cambio de mano de obra esclava en la isla, con cero derechos laborales y salarios de miseria medieval.

El magnate cubano Carlos Saladrigas, del comité ejecutivo de Cuba Study Group, y uno de los candidatos presidenciables después del 2018 —cuando se espera que Raúl Castro abandone su trono totalitario en la Isla—, ha definido esta fórmula de la fidelidad fósil con un slogan tan sabio como cínico: “Para Cuba es mejor China que Norcorea”.

Estos son los verdaderos Estados Unidos de América: un país ya a punto de tiranía ejecutiva, cuyos líderes y triunfadores tienden a ser resentidamente anti-estadounidenses, y conspiran —sabiéndolo o no— para que su propio país deje de ser una potencia, e incluso una referencia en el mundo. Es muy posible que lo consigan durante la actual administración.

Estos son los verdaderos Estados Unidos de América: un país ya a punto de tiranía ejecutiva, cuyos líderes y triunfadores tienden a ser resentidamente anti-estadounidenses, y conspiran

La guerra, de los activistas prodemocracia en la Isla y en el Exilio, hoy ya no es solo contra el régimen dinástico y despótico de la Plaza de la Revolución, sino contra el establecimiento indolente, hasta lo indecente, de la Casa Blanca y el Departamento de Estado. Usar el vocablo de «guerra» es lo preciso, porque se trata de una guerra mortal contra la libertad no sólo de los cubanos, sino continental.

Los verdugos con guayaberas de verde olivo «Hecha en La Habana» y sus cómplices de caros trajes «Made in Washington DC», como en la última cena de Revolución en la Granja —la visionaria fábula de George Orwell—, festejan no la última, sino la primera cena del postcastrismo.

Las risitas apóstatas de Roberta Jacobson y Josefina Vidal son de pronto máscaras intercambiables. No hay duda de la transformación ocurrida en sus caras. George Orwell podría haberlo resumido así mismo, pero con medio siglo de anticipación: asombrados, los cubanos pasamos nuestras miradas de cerdos a hombres, y de hombres a cerdos, y nuevamente de cerdos a hombres, pero ya es imposible distinguir quiénes son los unos, y quiénes los otros.

Some Remain More Equal than Others in New US-Cuba Policy

Orlando Luis Pardo Lazo

June 24, 2015

The Cuban government will soon reopen its embassy in the US capital.
The Cuban government will soon reopen its embassy in the US capital. (Il Vecchio e Il M)

A revolutionary rumor in Washington, DC, can be filtered through congressional offices the same way it can from the dozens of Castroist NGOs that exist in the capital. It’s the sort of rumor that leaves no room for doubt: later this month, or in early July, the Cuban embassy in the United States will reopen at 2630 16th Street NW.

Countless state security agents who work at the Cuban “consulate” spent an entire week digging a hole for a flag pole in the mansion’s garden. It’s a residence that the Castroists stole from the republic’s treasury and the Cuban people. In practice, however, there never was a “consulate,” since the building has always functioned as one of the most important embassies in DC.

Once finished with the flag pole, the diplomatic police sang the Cuban national anthem. It wouldn’t surprise me if the song ends up on the Billboard Top 100 or featured on MTV. On December 17, 2014, US President Barack Obama said “we are all Americans” when he announced his policy shift towards Cuba. However, the real corporate trend in the United States is that “we are all Castroists” now, beginning with certain sectors of the Cuban exile community.

Roberta Jacobson, the ever-smiling US Assistant Secretary of State for Western Hemisphere Affairs, has negotiated with Cuban spies Gustavo Machín and Josefina Vidal, among other diplo-criminals. Both men are members of the Cuban Interior Ministry and were caught red-handed and expelled from the United States in 2002 and 2003, respectively, for their links to Havana’s espionage network within academic institutions in the United States and the Pentagon.

They gathered at a DC bar called The Partisan, and over drinks and selfies sealed their secret deal with the Castro regime: no pro-democracy Cuban activists will be invited to the opening of the new embassy. To ensure this, the US State Department will keep the launch date secret, and the FBI will keep a close eye on the entire block. They’ll do all they can to prevent any demonstration against this “New Deal.”

Congressmen from both yanqui parties made their way to the pub like flies at a marketplace. The crème de la crème of the pro-communist lobbyists in the US Congress were joined by representatives of the recently launched anti-embargo (read: pro-dictatorship) coalition Engage Cuba. And at the head of the table sat the chief of the Cuban Special Interests Section in Washington, José Ramón Cabañas, who way before December 17 was traveling the country — from Pittsburgh to Tampa, and back to New York — asking for foreign investment and credit in exchange for the island’s slave labor.

The Cuban magnate Carlos Saladrigas, member of the executive committee of the Cuba Study Group and the man who is expected to succeed Raúl Castro, has summarized his allegiance to the regime with a slogan as wise as it is cynical: “For Cuba, China is better than North Korea.”

This is the real United States of America: a country on the verge of executive tyranny, whose leaders and achievers tend to be resentfully anti-American, conspiring against their own country — whether they know it or not — and harming the nation’s reputation as a superpower and example for the world. They may finally achieve this during the current administration.

For pro-democracy activists both on and off the island, the war is no longer against the dynastic and despotic regime of Revolution Plaza, but against the indifferent and indecent establishment of the White House and State Department.

Like the last supper in George Orwell’s Animal Farm, the executioners in green “Hecho en La Habana” guayaberas and their accomplices in “Made in Washington” suits join together to celebrate their post-Castroism future.

The apostate giggling of Roberta Jacobson and Josefina Vidal are suddenly interchangeable masks. There is no doubting the transformation of their faces. George Orwell could have summarized this as well, but only 50 years before: “The Cubans outside looked from pig to man, and from man to pig, and from pig to man again; but already it was impossible to say which was which.”

Translated by Adam Dubove.

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