Imágenes of the día before

Orlando Luis Pardo Lazo – Imágenes del día antes – Español – E-misférica 10.2 Disidencia

Hemispheric Institute

La imagen de la Isla ha sido abusada en nuestro imaginario nacional.

La isla como aislamiento, como abandono continental, como mansedumbre lírica, como lo menos firme de la tierra, como origen y teleología, como corcho insumergible (insufrible), como causa poética y medida de todas las cosas.

Cuba puede ser esto y mucho más, seguramente. Pero Cuba es, ante todo, ilusión. Una enfermedad endémica llamada esperanza. Y, más que ilusión, Cuba podría ser puro instinto.

Podemos violentar la etimología de “instinto” y definirla a partir de “instante”. Lo instantáneo, la instantánea. Lo que no podrá ser releído un momento después y por eso debe ser fijado antes que desaparezca. Lo precario.

Y estamos hablando entonces de fotografías: el más vulgar de los objetos domésticos, el más comercial; el más inmóvil de los géneros, también el más democrático (como con las armas de fuego, tengamos o no licencia, todos podemos salir a la calle y disparar: clic, flash).

Cada fotograma forma parte de un mismo filme, trailer documental de sueños socializados del que nadie tiene prisa en despertar. Sueños medio monstruosos que querían engendrar raciocinio, pero terminaron engendrando racionamiento y cinismo.

Ronquidos a falta de voluntad para sostener nuestra propia voz. Traqueotomías gratuitas con que nos tatúa el sistema de manera voluntaria, tal vez antes de nacer. Respiración artificial del motor roto de mil y una generaciones en posición horizontal: la pose que menos llama la atención de la autoridad. La postura fetal, que todavía es la que más nos cobija (esa otra ilusión de volver al vientre donde el daño social aún no nos toca).

Peatones en paz, tendidos sobre la mugre metropolitana, a riesgo de ser pisoteados por los flujos del deseo y el taconeo urbano del capital. Capitalismo por cuenta propia, mercado minimal cuya geografía es tan incipiente.

Descalzos y decrépitos, a ras de las columnas, como corresponde a una ciudadanía incivil. No se manda un país como se manda un campamento, por supuesto: se manda como si cada paisano fuera en sí mismo un campamento.

De todas formas, al final somos detectados porque La Habana es precisamente la imposibilidad de un espacio interior. Aquí todo es intemperie, todo está a flor de piel, promiscuidad política donde impera lo prohibido, parajes de máxima visibilidad. Vigilancia paternalista y castigo infantil, mientras cambiamos día a día de maquillaje para que nada ni nadie de año en año nos cambie.

Y también un toque de ternura animal. Y otra pizca de humor, como recordatorio de la condición humana extraviada en algún vericueto legal. La Constitución cubana como mordaza, como mortaja, como memorándum de la muerte equitativa por decreto oficial.

En las fotos, lo efímero deviene eterno, la mirada deviene materia, sea por un inspirado golpe de composición o sea por un milagro de la casualidad (o por ambas).

Sea pesadilla o sea pesar humano, sea abandono civil o sea solidaridad.

Pero una instantánea es siempre un clímax de intensidad.

Impromptu casi insostenible por su carácter imprevisto, muchas veces intolerable.

En un clima más bien de desierto como el de Cuba (ideología al rojo vivo de día, de noche masas enfriadas entre la hipocresía y la idiotez), en una atmósfera claustrofóbica, de entusiasmos histéricos y apatía patria (con líneas de fuga hacia un afuera a ciegas, un afuera muchas veces suicida), en un paisaje de grietas que alardean de su grosería, paisaje reducido a páramo donde hasta la represión es aburrida y Dios parece un bostezo, no hay nada más incitante que la intensidad.

Ni nada más imposible.

Sin esa materia prima acelerada, no habría acontecimiento ni creación. La intensidad del instante atrapado eleva lo que sólo fue un acto mudo a sus resonancias simbólicas más inconcebibles.

La intensidad es un vector que va de lo físico a lo metafórico, de la luz a la iluminación, de la terrenalidad al aire. En última instancia, de lo político a lo poético. La intensidad puede incluso ser inventada, y a la postre siempre contiene trazas de la verdad.

Instante, detente: eres tan hermoso… ¿Cuáles son los síntomas de semejante belleza?

Caída, cadalso. Imaginarios emergentes, fuerzas desconocidas en secreta tensión, impulso (que en física se conecta con la masa y la velocidad), lugares comunes a punto de desequilibrio (el instante como anuncio de lo inusual), Cuba como colisión.

Después de décadas de cuerpos en decadencia, borrados por las estadísticas en masa, de pronto Cuba concebida como recuperación. La urgencia de movimiento borra la vocación de eternidad de la imagen. Diafragmas abiertos de par en par, provocadores. Tentación de una luz líquida, chorreante.

Humedad de una historia ya sin histología. Sensualidad antes que censura. Eros, más que héroes. Reflejos, más que retórica. Revelado, más que revolución.

Y medio del caos, lo fragmentario no tanto como solución estética, sino como estrategia en contra de la noción de absoluto. El fragmento como ética privada del individuo: la parte contra el todo, teoría anti-fractal, post-metonimia, las versiones inverosímiles de la verdad, lo incompleto como fragilidad pero también como resistencia ante la tabula rasa que es el legado de todo totalitarismo en fase terminal.

Reescritura de la iconografía oficial. Venganza iconoclasta, largamente pospuesta por el arte en Cuba, y largamente penalizada para sus artistas. El palimpsesto como antítesis del monolitismo propio de cualquier pared. Es, por fin, el descascaro de una tradición que se promocionaba perenne.

La acumulación de capas de significado comienza a perfilar una suerte de arqueología del borrón y cuento nuevo. La gran muralla de La Habana se abre ahora como un gran mural. La amnesia es amable como una locura benevolente que nos devuelve a la infancia. Sospecho que socializamos al estilo de un zombi senil.

En esa nueva narrativa predominan los residuos y el boceto.

En esa nueva no-rrativa predomina la contaminación en su sentido benéfico: la dilución de los grandilocuentes discursos, lo mínimo se disemina a las mil maravillas sin que nadie lo note, mientras que las ruinas pictográficas de nuestra Pompeya apátrida se van tornado cada más más difíciles de decodificar.

Los deshabitantes de la barbarie, sílaba a sílaba, aún podemos reconocer cierta sensación de sentido, pero en la práctica hemos olvidado cómo leer: los vocablos y frases hoy nos dan la impresión de haber sido vaciados de contenido, de ser desconchados de una lengua obsoleta, a ratos obscena. La Habana como lengua muerta, marciana, latín al límite.

Paradójicamente, esa analfabetosis en Cuba es nuestra única garantía de acceder al futuro.

No entender, nos protege de participar, por ejemplo, de los despotismos ridículos de la propaganda. De los verticalismos y exabruptos del poder.

No entender, también, es un acto supremo de insubordinación, de subvertir las señales del consenso, de ser en definitiva, sujetos al margen de toda lógica y toda gobernabilidad. Abandonar la cansada costumbre de interpretar puede ser el impredecible primer pasito hacia nuestra libertad.

Más que de un vocabulario, dependemos de un vocabulárido. Aridez de la repetición, patrones argumentales que se reiteran hasta la náusea.

Violencia verbal invisible, no tanto a través de la ofensa pública como del secretismo que provoca pánico y terror.

Son esos detalles sobreentendidos los que amenazan y atenazan el alma cubana, más allá del mito de la insularidad y sus exilios de excepción. Más que de un vocabulario, pendemos de un voCUBAlario.

Hasta el amor y el deseo parten de esos equívocos sintácticos. Privilegios acumulados, fobia al otro. No sólo fobia al diferente, sino fobia al idéntico. Homofobia en su sentido universal: miedo al otro, pulsión de aniquilar.

A veces uno está tentado a aceptar que el lenguaje existe porque la comunicación es imposible. No hay mensaje que consiga ya vencer la fuerza de la gravedad, todo tiende a precipitar. El piso prima por encima de los ideales.

No hay ideología que a estas alturas no luzca un poco idiota.

El paraíso por suerte se perdió, no tan desierto como desertado.

Quedaron las marcas perimetrales, los límites rígidos por ser ya tan escleróticos, los barrotes que definieron la magnitud de la encerrona: el panóptico como ortopedia para que el intelecto no insista en existir.

Quedará la misericordia, que fue maltratada por la mirada, la urgencia de un gesto de salvación que restaure el prestigio de la ingenuidad.

Recortería de siluetas, sombras cubanescas sobre el telón claustrofóbico del horizonte.

Camisa de fuerza, desmemoria que obliga que lo póstumo prevalezca sobre lo probable, donde un pasado perfecto impide la incertidumbre de toda futuridad. Tiempo coagulado, acronológico. La arquitectura entendida como arqueología.

Mapas, geometría elemental, itinerario recurrente como los sueños que no nos atrevemos a dejar de soñar. Teoría del laberinto.

El arte de la espera. Coda audiovisual de quienes han perdido la esperanza de una nueva señal. Contraluces a contracorriente. La imagen de la Isla es inagotable en nuestro imaginario nacional. La isla que resucita de sus propias cenizas, como Ave Fénix o mejor un Alef, objeto mágico de la multiplicidad, donde todos los tiempos aún son posibles, esquizofrénicamente a la misma vez. La reacción espontánea contra décadas de paranoia podría estar escondida ahí: perder el rostro, ser otros en otra parte, no pertenecer, renunciar a una gramática nacional que convocó a nadie y para el bien de nadie. Sustraernos a nosotros mismos justo en el día antes: si la transición será solo tramoya de teatro, los cubanos hoy eligen no protagonizarla el día después.

Orlando Luis Pardo Lazo – Images of the Day Before – English – E-misférica 10.2 Dissidence

Hemispheric Institute

Images of the Day Before

Orlando Luis Pardo Lazo

The image of the island has been abused in our national imagination.

The island as isolation, as continental abandonment, as lyrical gentleness, as the least firm of the earth, as origin and teleology, as unsinkable (unbearable) cork, as poetic cause of the measure of all things.

Cuba can be this and much more, surely. But Cuba is, above all, illusion. An endemic disease called hope. And, more than illusion, Cuba could be pure instinct.

We can violate the etymology of “instinct” and define it starting from “instant.” The instantaneous, the snapshot. What can not be re-read a moment later and therefore must be fixed before it disappears. The precarious.

And we are talking, then, about photographs: the most common of household objects, the most commercial, the most immobile of genres, also the most democratic (like with firearms, whether we have a license or not, we can all go out and shoot: click, flash).

Each frame is a part of the same film, a documentary trailer of socialized dreams that nobody is in a hurry to wake up from. Half monstrous dreams meant to engender reasoning, but they ended up engendering rationing and cynicism.

Involuntary snoring to sustain our own voice. Free tracheotomies with which the system tattoos us voluntarily, perhaps before birth. Artificial respiration of the broken motor of a thousand and one horizontally positioned generations: the pose that attracts the least attention from authority. The fetal posture, which is still what most protects us (that other illusion of returning to the womb where the social damage still hasn’t touched us).

Pedestrians in peace, lying on the metropolitan dirt, at risk of being trampled by the flows of desire and urban footwork of the capital. Self-capitalism, a minimal market whose geography is so incipient.

Barefoot and decrepit, against the columns, as befits an uncivil citizenship. A country cannot be commanded like an encampment, of course: it’s as if every countryman were in his own encampment. Anyway, in the end we are discovered because Havana is exactly the impossibility of an interior space. Everything is open, everything exposed, political promiscuity where the forbidden rules, sites of maximum visibility. Paternalistic surveillance childish punishment, while we change our make-up every day so that no one or nothing changes us from year to year.

And also a touch of animal tenderness. And another bit of humor, as a reminder of the human condition misplaced in some legal loophole. The Cuban Constitution as a gag, a shroud, a memorandum of the equitable death by official decree. In the photos, the ephemeral becomes eternal, glance becomes matter, either by an inspired stroke of composition or by a miracle of chance (or by both).

Be it a nightmare or be it human sorrow, be it civil abandonment or be it solidarity. But a snapshot is always a climax of intensity. Impromptu, almost unbearable for its unexpected character, often intolerable.

In a desert climate like that of Cuba (red hot ideology by day, by night masses chilled between hypocrisy and idiocy), in a claustrophobic atmosphere, of hysterical enthusiasms and national apathy (with blind lines of flight to an outside, an outside often suicidal), in a landscape of cracks that boast of their rudeness, a landscape reduced to a wasteland where even repression is boring and God seems a yawn, there is nothing more inviting than intensity. Nor anything more impossible.

Without this accelerated raw material, there would be no event nor creation. The intensity of the caught instant lifts what was just a mute act to its most inconceivable symbolic resonances. The intensity is a vector that goes from the physical to the metaphorical, from light to illumination, from earth to air. Ultimately, from the political to the poetic. The intensity can even be invented, and in the end always contains traces of truth.

Instant, stop: you are so beautiful… What are the symptoms of such beauty?

The fall, the scaffold. Emerging make-believe, unknown forces in secret tension, momentum (which in physics is connected with mass and velocity), commonplaces on the point of disequilibrium (the instant as an announcement of the unusual), Cuba as collision.

After decades of decaying bodies, erased by mass statistics, suddenly Cuba is conceived as recovery. The urgency of motion erases the vocation of eternity of the image. Diaphragms wide open, provocative. Temptation of a liquid light, dripping. Humidity of a story already without histology. Sensuality confronting censorship. Eros, rather than heroes. Reflections, more than rhetoric. Revelation, rather than revolution.

And amid the chaos, the fragmentary not so much as an aesthetic solution, but as a strategy against the notion of  absolute. The fragment as private ethic of the individual: the part against the total, anti-fractal theory, post-metonymy, implausible versions of the truth, the incomplete as fragility but also as resistance to the tabula rasa that is the legacy of all totalitarianism at its terminal phase. Rewriting of official iconography. Iconoclastic revenge, long overdue for art in Cuba, and long penalized for its artists. The palimpsest as the antithesis of the very monolithism of any wall. It is, in the end, the discarding of a tradition that was announced to us as perennial.

The accumulation of layers of meaning begins to outline a kind of archeology of wiping the slate and starting new. The great wall of Havana is now open like a large mural. Amnesia is friendly like a benevolent madness that takes us back to childhood. I suspect we socialize in the style of a senile zombie.

In this new narrative the residues and sketches predominate. In this new no-narrative contamination in its beneficial sense predominates: the dilution of the grandiloquent speeches, the minimal disseminating deeply without anyone noticing it, while the pictographic ruins of our stateless Pompeii will become ever more difficult to decode.

Inhabitants of barbarism, syllable by syllable, we can still recognize a certain sense of meaning, but in practice we have forgotten how to read: today the words and phrases give us the impression of having been emptied of content, of being chiseled from an obsolete language, sometimes obscene. Havana as a dead language, a Martian tongue, a kind of Latin argot taken to its very limits. Paradoxically, this illiteracy in Cuba is our only guarantee of access to the future. Not understanding protects us from participating, for example, of the ridiculous despotisms of the propaganda. Of the verticality and outbursts of power. Not understanding, too, is a supreme act of insubordination, of subverting the signals of  consensus, to be ultimately, subjects beyond all logic and all governability.

Abandoning the tired habit of interpretation can be the unpredictable first step towards freedom. More than a vocabulary, we depend on a vocabul-arid. Dryness of repetition, patterns of argument that are repeated ad nauseam. Invisible verbal violence, not so much through public offence as through the secrecy that provokes panic and terror. It’s those innuendos that threaten and grip the Cuban soul, beyond the myth of insularity and its exception exiles. More than a vocabulary, we hang by a voCUBAlary.

Even love and desire are based on these synthetic ambuguities, accumulated privileges, phobia of the other. Not only phobia of the different but phobia of the identical. Homophobia, in its universal sense:fear of the other, the drive to annihilate.

Sometimes one is tempted to accept that language exists because communication is impossible. There is no message now that could overcome the force of gravity, everything tends to precipitate. The ground prevails here above the ideals. There is no ideology which at these times doesn’t look a bit idiotic. Paradise, fortunately, is lost, not so much deserted as defected. Perimeter marks were left, rigid limits for being already so sclerotic, the bars that define the magnitude of the trap: the panopticon as orthopedics so that the intellect does not insist on existing as such.

Mercy will be left, which was mistreated by the glance, the urgency of a gesture of salvation that restores the prestige of naivety. Cutting of silhouettes, Cubanesque shadows on the claustrophobic backdrop of the horizon. Straitjackets, forgetfulness that obliges the posthumous to prevail over the probable, where a perfect past prevents the uncertainty of all futurity. Time coagulated, achronological. Architecture understood as archeology.

Maps, elementary geometry, recurring itinerary like the dreams we don’t dare to stop dreaming. Theory of the labyrinth. The art of waiting. Audiovisual coda of those who have lost hope for a new signal. Counterlight to countercurrent. The image of the Island is inexhaustible in our national imagination. The island that rises from its own ashes, like a Phoenix or maybe a malephic Aleph, magic object of the multiplicity, where all the times are still possible, schizophrenic at the same time. The spontaneous reaction against decades of paranoia could be hidden over there: to lose one’s face, to be others in another place, not belonging, giving up a national grammar that called no one and for the good of no one. We elude ourselves right on the day before: if the transition will be just a theatrical trick, then we Cubans today choose not to play on the day after.


Radio y TV Martí, 2016


Radio Televisión Martí

Follow Radio Televisión Martí and others on SoundCloud.Create a SoundCloud accountSign in

El bloguero y fotógrafo cubano Orlando Luis Pardo Lazo se acerca a 1800 Online para presentar su nuevo libro “Del clarín escuchad el silencio…”.

Release date: 14 June 2016

Radio Televisión Martí

Follow Radio Televisión Martí and others on SoundCloud.

Sesiona en París la asamblea Anual de la Red Internacional de Ciudades Refugio, organización que acoge a escritores que en sus países, como Cuba, han sido perseguidos por motivos políticos, censurados o amenazados de muerte. Al evento asistió Orlando Luis Pardo Lazo.

Release date: 31 March 2016

Editions Fra, Prague, March 2016


Éditions Fra

Follow Éditions Fra and others on SoundCloud.

autorská čtení v Café Fra, Praha
úterý 17. března 2016, 19.30 h.
Orlando Luis Pardo Lazo (Kuba)

audio a foto: Jitka Hanušová
www.flickr.com/gp/fraflickr/NNY160

Autorská čtení v Café Fra: dramaturgie a produkce Petr Borkovec (tel. 724827499), fotografie a audio Jitka Hanušová, pořádá Fra s pod­porou Ministerstva kultury ČR, Magistrátu hlavního města Prahy, MČ Praha 2, paní Hany Michalikové, partneři Literature Across Fron­tiers (s podporou Programu Kultura EU), Polský institut v Praze, Literárne infor­mačné centrum, A2, spolupráce iliteratura.cz, Listy, Slovenský institut, Literární aka­demie Josefa Škvoreckého, Totem, revue Souvislosti, literarnyklub.sk a Kruh.

Poetry reading fra Orlando Luis Pardo Lazo by Éditions Fra is licensed under a  Creative Commons License.