El Primer Archivo Literario de la Seguridad Del Estado Cubana

El Primer Archivo Literario de la Seguridad Del Estado Cubana

Orlando Luis Pardo Lazo    /  April 29, 2015

Jorge Enrique Lage es el más político de la familia Lage cubana. Y esto es muchísimo decir, pues su tío Carlos Lage fue durante años el primer viceministro del omnipotente —y despótico— Consejo de Estado: “el tercer hombre de Cuba en el poder”, se le llamaba a ras de pueblo, después de —por supuesto— los paleopolíticos Fidel y Raúl.

A Carlos Lage lo han convertido hoy en el último de los ciudadanos cubanos, pues fue defenestrado de su alto cargo en 2009, cuando lo estigmatizaron con un video de su intimidad, aunque nunca lo acusaron de nada oficialmente, pero igual no puede moverse de su casa sin reportar su posición y ni siquiera podría conceder una simple entrevista a la prensa. Los cubanos llaman a estas sanciones kafkianas el “Plan Payama”.

Sin embargo, la venganza del legado Lage nos llega ahora de la mano —y la genialidad post-genérica y acaso post-generacional— de su sobrino menor: Jorge Enrique Lage, quien acaba de publicar en la editorial Hypermedia un cuadernito de apuntes llamado casi indolentemente Archivo.

Por primera vez, en semi-cien años de socialismo a la caribeña, un autor dentro de Cuba nos adentra, con sorna pop pero con solemne seriedad de significados, en el mundo de los misterios del Ministerio del Interior, por esos pasillos y personajes del color del silencio, desmontando así los procedimientos ficticios y funerarios de un aparato tan represivo como retórico, una máquina mortal de crear escenarios conspirativos, un complot de Castros adentro y a la vez cerrado a cal y Castro.

Es Archivo. Un libro cubano que no se deja definir, un objeto de letras-lage que dialoga con lo indefinible cubano. Es también un sustituto de culto del archivo de expedientes que la Seguridad del Estado castrista ha tenido tiempo de sobra para hacer trizas y después incinerar, pues no cometerán el mismo error de la Stasi o la KGB: hasta la memoria en la isla ha de ser mentira. Y es, además, una injerencia literaria en el imaginario político, por lo que el sobrino de su tío tarde o temprano tendrá que pagarla ante los que detentan en poder en mi antiguo país: Cuba (he decidido cambiar de nacionalidad después de leer Archivo; ahora me declaro ciudadano de la patria apátrida de Jorge Enrique Lage y su voCUBAlario).

¿Qué cuentan las decenas de apuntes de esta especie de diario sin días? No sé. Y el propio autor declara ignorarlo. Él escribe a pedacitos porque no hay otra manera de ejecutar este ejercicio extremo. Asistimos entonces, como en toda historia según Ricardo Piglia, al relato de un viaje o un crimen y, en este caso, al de un viaje criminal. Un paseo paranoico por donde se parapetan las palancas perversas de esa cosa que en Cuba todavía es llamada La Revolución (en Cuba y en la academia norteamericana, seamos justos con los academiactivistas de esta izquierda infantil).

Los personajes de este libro son tú y él; el resto son esas funciones tan eficaces como efímeras de la ficción. Leer es asociar esquirlas de la realidad; asociarlas es desleír esa misma realidad. Y con este Archivo lúcido y lúdico, local y locuaz, los cubanos contamos por fin con una literatura del siglo XXI, quién sabe si con algunos rasgos enrarecidos del siglo XXII. Como bonus-track, gracias a Jorge Enrique Lage también nos escapamos del provincianismo patético del campo literario cubano, de ese pánico al poder de los Castros que nos empala como intelectuales por donde es peor, empujándonos de lo mediocre a lo mezquino a lo miserable.

Si crees que alguna vez tú has leído algo de Cuba, ya estás mal en tanto lector. Lo que conoces hasta ahora ha sido sólo el pasado póstumo de Cuba. La literatura cubana comienza hoy, con este golpe de efecto a Fidel en persona, al narrar al Caballo en Amazon, lo que lo hace impublicable de por vida en el alguna vez llamado “primer territorio libre de América”.

Atrévete a abrir este Archivo por cualquier página y estarás accediendo al futuro fósil al que apuntan las patadas de nuestro presente precario. Comparte este archivo de un Lage que cruza tus propios límites y la Seguridad del Estado muy pronto te lo agradecerá.

Cuban State Security’s First Literary Archive

Orlando Luis Pardo Lazo and translated by Alex Higson  /  April 29, 2015

Jorge Enrique Lage’s Archivo draws readers into the mysterious world of Cuba’s Ministry of Information with sarcasm and gravity.

Jorge Enrique Lage is the most political member of Cuba’s Lage family. That in itself is no mean feat as for years his uncle, Carlos Lage, was First Deputy Minister of the omnipotent — and despotic — Council of State. The people in the street knew him as “Cuba’s third most powerful man,” after the dinosaur politicians Fidel and Raúl, of course.

After a video disgraced him and resulted in his ousting from power, Carlos Lage has become the lowest of Cuban citizens. Although he has never officially been charged with anything, he is unable to leave his house without letting the authorities know where he is going, and he has been unable to give even a short press interview. The Cuban people call these Kafkaesque sanctions the “Pajamas Plan.”

However, the Lage legacy is now being defended thanks to the post-generic and perhaps post-generational brilliance of Carlos Lage’s youngest nephew, Jorge Enrique Lage. The young Lage has just had a book of his notes published by Hypermedia, titled almost lazily Archivo (Archive).

For the first time in half a century of Caribbean socialism, an author within Cuba has drawn us into the mysterious world of the Ministry of the Interior with both pop sarcasm and solemn gravity in his message. He leads us through those corridors and characters colored with silence, thus dismantling the fictitious and funerary process of a system that is as repressive as it is rhetorical, a mortal machine that creates conspiratorial scenarios, a Castro plot within it, locked up tight.

This is Archivo: a Cuban book that will not be defined, an object of Lage-scripts in dialogue with Cuba’s undefined. It is also a cultured substitute for the records that I bet the Castroist State Security has had ample time to shred and incinerate. They will not make the same mistake as the Stasi or the KGB: even the island’s memories will be a lie. The book is also a form of literary meddling in the political imagination; those who cling to power in my former country will sooner or later make this uncle’s nephew pay for it. (After having read Archivo I have decided to change my nationality; I now declare myself a citizen of the stateless homeland of Jorge Enrique Lage and his voCUBAlary.)

So what do the dozens of notes in this sort of diary without days mean? I do not know. And the author himself claims not to know either. He writes in small chunks because there is no other way to execute this extreme exercise. And so we hear, as, according to Ricardo Piglia, we have throughout history, the story of a journey or a crime. In this case, the book is about a criminal journey. It is a paranoid parade that shelters the perverse puppeteers of that thing that is still known in Cuba and in North American academic circles – to be fair to the academic-activists of the childish left — as the Revolution in Cuba.

The characters in this book are you and him; the rest are those efficient and ephemeral roles of fiction. To read the book is to put together the shards of reality; to put them together is to dissolve that same reality. And in this lucid and ludic, local and loquacious Archivo, we Cubans finally have a 21st-century literature (and who knows, perhaps even some traces of the 22nd century). Thanks to Jorge Enrique Lage we have a bonus of escaping from the pathetic provincialism of the Cuban literary field, and from the fear of the Castros’, impaling us where it hurts most: as intellectuals, pushing us from mediocrity and meanness to misery.

If you think you have ever read anything about Cuba, you are still lacking as a reader. What you have come across so far is merely Cuba’s posthumous past. Cuban literature begins today, with the grand entrance of Fidel in person, trying to narrate The Horse, making the book forever unpublishable in the nation once known as the “first free land in America.”

Dare to open Archivo at any page and you will be accessing the fossilized future that our precarious present kicks us towards. Share this Lage archive that crosses your own limits, and State Security will very soon thank you for it.

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