¿Debe Estados Unidos devolverle Puerto Rico a los cubanos?

¿Debe Estados Unidos devolverle Puerto Rico a los cubanos?

Orlando Luis Pardo Lazo

5 octubre, 2015

Castro dio una lección de injerencia y cinismo en la ONU la semana pasada.
Castro dio una lección de injerencia y cinismo en la ONU la semana pasada. (El Economista)

El lunes 28 de septiembre el general cubano Raúl Castro dio en la ONU una lección de injerencia internacional. Dicen que terminó emocionado, al borde de las lágrimas entre los aplausos. Y no era para menos. Ese tic de neurasténico exalcohólico está más que justificado, pues se trata del triunfo de la indecencia como política de Estado. Y se trata también de un triunfo de los verdugos de verde oliva contra la ONU, en tanto foro ya sin ninguna legitimidad (como la OEA).

El dictador del clan Castro en Cuba, que heredó ese alto puesto de su hermano Fidel en julio de 2006, y que en febrero de 2018 le cederá ese poder a su hijo Alejandro, no pudo ser más sincero en la ONU. Como siempre, la Revolución cubana, desde 1959, ha hablado claro en solo una cosa: el mundo tiene que plegarse a la sagrada voluntad de La Habana, por las buenas o por la violencia. Por conveniencia, complicidad, o por puros cojones.

Antes de lagrimear, el general vitalicio cubano ratificó el pacto impúdico del castrismo con la tiranía chavista en Venezuela, con el régimen violador de las libertades ciudadanas de Rafael Correa en Ecuador, y con los demás populismos despóticos del continente, incluida la corruptísima Dilma Rousseff en Brasil, así como la maldad que desgobierna Argentina a costa de cadáveres familiares y de oponentes: el régimen de Cristina Kirchner, aliada de la carrera nuclear iraní y hoy otra vez pataleando para extender esa ruina sobre varias islitas prósperas del Atlántico sur.

Antes de lagrimear, Raúl Castro acusó a la Unión Europea de extender la presencia de la OTAN para contener a la Rusia imperialista de Vladimir Putin, y de paso declaró al Viejo Continente culpable de las oleadas migratorias desde el Medio Oriente y África Norte. También pidió indemnizaciones para el Caribe negro, por la trata de esclavos siglos atrás (al menos en esto sí tiene décadas de experiencia la gerontocracia cubana: los Castros siempre fueron muy generosos a la hora de dilapidar el dinero ajeno).

La falta de respeto mayor ocurrió en contra de los hermanos de Puerto Rico, a quien Raúl Castro ofendió, considerándolos no un pueblo libre, sino sometido a la dominación colonial. Es el colmo del cinismo.

Tal como el castrismo es mucho más fuerte en Puerto Rico que en Cuba, asimismo, la mayoría del pueblo cubano envidia las libertades fundamentales de los boricuas, que pueden viajar libremente por todo el mundo y regresar sin permiso de entrada o “proceso de repatriación” o caer presos en su propio país. Y, por supuesto, los boricuas pueden asociarse libremente, elegir a sus dirigentes, y hasta plebiscitar el estatus de la nación, donde por cierto el “independentismo” sigue siendo la opción menos votada: la peor opción de cara a la libertad. Como en Escocia, como en Cataluña.

Ya quisiera Cuba haber sido por un minuto un municipio de Puerto Rico, Raúl Castro. Entérese de una vez y esfuércese un poquitín más

En palabras del político puertorriqueño Maurice Ferré, quien fuera durante mucho tiempo el alcalde de Miami, “Cuba es una nación soberana en donde sus ciudadanos internamente no tienen libertades individuales”. Es decir, nuestra soberanía está secuestrada. Mientras que con Puerto Rico ocurre un poco al revés, pues la concesión de la soberanía nacional allí no ha eliminado para nada los derechos fundamentales ni la dignidad del ser humano.

¿Tiene acaso el general octogenario cubano sus propios planes para un Puerto Rico arrancado a la democracia norteamericana? ¿Con qué moral se refiere en términos tan arrogantes sobre una nación capaz de remover polígonos militares yanquis de su territorio —como ocurrió en Vieques—, mientras que en Cuba el pueblo jamás se ha movilizado para protestar en contra del limbo legal de la base naval de EE.UU. en Guantánamo?

¿Deja Raúl Castro que los cubanos residentes y ciudadanos en Estados Unidos —y en el resto del mundo— puedan vivir permanentemente en su propio país? La respuesta es no; los puertorriqueños siempre han podido.

¿Deja Raúl Castro que los cubanos de la Isla inviertan en la economía nacional? La respuesta es «no»; los puertorriqueños siempre han podido (en la nacional y donde les de la gana). ¿Cuántos partidos políticos son legales en Cuba, además del monopolio de los comunistas? ¿Cuántos medios masivos de difusión no son estatales en Cuba (es decir, no son propiedad privada del Estado)? ¿Cuántas escuelas cubanas no responden a la ideología del odio contra el disenso y la diferencia? ¿Se conectan los cubanos en Cuba al internet desde sus móviles y sus hogares?

Y, sobre todo, general Raúl Castro que nunca has participado en ninguna batalla: tan pronto como el castrismo pueda imponerse en un Puerto Rico “independiente” de los Estados Unidos de América, ¿cuánto tardarán los boricuas en ser una sociedad radicalmente polarizada, irrevocablemente totalitaria, económicamente irrecuperable y civilmente cadáver?

Por favor, epígono del Comandante en Jefe Fidel (sin carisma pero igual de criminal): los cubanos aún somos esclavos de un régimen retrógrado que sigue vendiendo como revolucionario un capitalismo centralizado, concedido. No pudimos liberarnos por nosotros mismos: fueron demasiadas décadas de fascismo izquierdista con la firma de los matones Castro.

Concedido, perdimos para siempre a nuestro país. Su casta castrense ganó. Felicítense mutuamente antes de fallecer uno a uno, con honores sobre una cómoda cama y con la unción extrema del cardenal católico (castrólico), concedido.

Pero no es necesario ensañarse en la ONU insultando a nuestra inteligencia inercial y la sagacidad de los boricuas. Ya quisiera Cuba haber sido por un minuto un municipio de Puerto Rico, Raúl Castro. Entérese de una vez y esfuércese un poquitín más, porque de esclavos a comemierdas todavía nos falta como pueblo un tremendo tramo.

Cubans Freer than Puerto Ricans? Castro Must Think We’re Idiots

Orlando Luis Pardo Lazo

October 9, 2015

On September 28, Raúl Castro gave a lesson in foreign intervention at the UN General Assembly. They say he ended his speech on the verge of tears, overwhelmed by the applause. That was to be expected.

The show the former alcoholic put on symbolized the triumph of indecency as public policy, as well as the victory for the olive-green executioners at the United Nations, another useless international forum, similar to the Organization of American States, lacking any legitimacy.

The Cuban dictator, who inherited the post from his brother Fidel in July 2006, and will pass it on to his son Alejandro in February 2018, couldn’t have been more frank. Since 1959, the Cuban revolutionaries have been clear about one thing: everyone must give in to Havana’s divine will, by hook or by crook.

Before tearing up, the general reaffirmed the obscene pact between the Castros and Chavista tyranny in Venezuela, Rafael Correa’s oppressive regime in Ecuador, and the rest of the region’s authoritarian populist governments, including Brazil’s exceedingly corrupt Dilma Rousseff.

Let’s not forget the evil Cristina Kirchner has perpetrated in Argentina, an ally of Iran’s nuclear arms race, who hopes to extend her brand of ruin to several prosperous islands in the southern Atlantic ocean.

Raúl Castro also accused the European Union of extending NATO’s presence to contain Vladimir Putin’s imperialist Russia. While he was at it, he then blamed Europe for the increase in mass migration in the Middle East and North Africa. He also demanded compensation for black Caribbeans, victims of slave trafficking, centuries ago. At least in this case the Cuban dictators do actually have decades of experience. The Castros were always very generous when it came to squandering other people’s wealth.

Nevertheless, Raúl Castro’s most egregious insults were reserved for Puerto Ricas, whom he called slaves to US “colonial rule.” This was the height of his cynicism.

In the same way that Castroism is much stronger in Puerto Rico than it is in Cuba, the majority of Cubans envy Puerto Ricans’ freedoms. For example, Puerto Ricans can travel freely across the world without an entry permit, a “repatriation process,” or landing in jail in their own country.

Of course, boricuas have the freedom to associate freely, elect their leaders, and can even hold a plebiscite on the nation’s legal status. Independence in Puerto Rico remains the least popular view, since it would be the worst option for those on the island who care about liberty — a situation similar to that of Scotland and Catalonia.

Maurice Ferré, a Puerto Rican politico and former longtime mayor of Miami, once said that “Cuba is a sovereign nation where citizens don’t have individual liberties.” In other words, our sovereignty has been hijacked. Meanwhile, in Puerto Rico, it seems to be the other way around. National sovereignty there has not done away with fundamental rights or human dignity.

Does the Cuban general have his own plans for a Puerto Rico separated from US democracy? How can he speak so arrogantly about a nation capable of removing Yankee military outposts from its territory, while in Cuba, the people have never come together to protest the legal limbo of Guantanamo?

Does Raúl Castro allow Cubans who are residents or citizens of the United States, or any other country, to reside permanently in their home country of Cuba? Of course not. On the other hand, Puerto Ricans have always been able to live in Puerto Rico.

Does Raúl Castro allow Cubans residing on the island to invest in the national economy? Once again, the answer is “no.” Meanwhile, Puerto Ricans have always been able to invest in their own country or wherever else they please.

How many political parties enjoy legal status in Cuba? How many media outlets are not state owned? How many Cuban schools teach something other than communism, the ideology of hate towards difference and dissent? Are Cubans able to use the internet freely, from their mobile devices or their homes?

Let’s ask “General” Castro — who, by the way, has never participated in any battle in his life — how soon after the communist regime gets its claws into an “independent” Puerto Rico will boricuas end up completely polarized, economically ruined, and left with a totalitarian society?

Come on, Raúl. As Fidel’s successor, what you lack in charisma, you certainly make up for in evil. I will concede that Cubans are still slaves to a backward regime that tries to pass off a centralized, crony-capitalist system as revolutionary. Granted, we have not been able to free ourselves after so many decades of leftist fascism imposed by thugs.

I will concede that we have lost our country forever. Your Castro elite have won. You should hurry up and celebrate before you die in your comfortable bed with the blessing of the Catholic Cardinal.

But insulting our intelligence before the United Nations is just unnecessarily cruel. What Cubans wouldn’t give to be part of Puerto Rico for even a minute, Raúl. Make the tiniest bit of effort to understand this, General Castro: Cubans may be an enslaved people, but we’re not idiots.

Translated by Vanessa Arita.

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